MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01D6FFD2.BFF41DB0" Este documento es una página web de un solo archivo, también conocido como "archivo de almacenamiento web". Si está viendo este mensaje, su explorador o editor no admite archivos de almacenamiento web. Descargue un explorador que admita este tipo de archivos. ------=_NextPart_01D6FFD2.BFF41DB0 Content-Location: file:///C:/268256B4/art4.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="utf-8"
Artículo científico / =
Research paper
Perc=
epción del
feminismo en mujeres y hombres de la ciudad de Cuenca, Ecuador
Percep=
tion of
feminism in women and men in the city of Cuenca, Ecuador
Cristin=
a Sacaquirin-Rivadeneira
Facultad de Psicología, Universidad de Cuenca. Cu=
enca,
Ecuador.
*Autor para correspondencia: cris_95@live.com
Fec=
ha de recepción:
18 de septiembre de 2020 - Fecha de aceptación: 2 de noviembre de 2020
RES=
UMEN
El presente estudio explora las percepciones frente al feminismo tan=
to
de mujeres y de hombres residentes en la ciudad de Cuenca, Ecuador, mediant=
e la
participación en grupos focales. En total se conformaron cinco grupos foca=
les
con 25 participantes (hombres y mujeres) en edades comprendidas entre los 1=
8 y
60 años. Los datos fueron analizados mediante el programa Atlas.ti
utilizando técnicas de codificación inductiva. De las narrativas recopila=
das en
este estudio se concluyó que, el feminismo se percibe desde una esfera
colectiva e individual y, si bien ha logrado posicionar su lucha en torno al
reconocimiento de los derechos de las mujeres, también se evidencian a su
alrededor connotaciones y estereotipos de carácter negativo que se perciben
influenciadas por diversos factores que responden a un contexto sociocultur=
al
específico. No obstante, se reivindicó el objetivo feminista en busca de =
la
igualdad de derechos en las estructuras y prácticas sociales y se resaltó=
la
necesidad del movimiento en la reeducación de las relaciones sociales de
dominación y opresión tanto en el ámbito familiar como en el ámbito
institucional.
Pal=
abras
clave: Feminismo, percepción, estereotipos, género.
ABSTRACT
This study ex=
plores
the perceptions of feminism both by women and men in the city of Cuenca in
Ecuador through participation in focus groups. In total, five focus groups =
were
formed with 25 participants between the ages of 18 and 60 years. The data w=
ere
analyzed using the Atlas.ti program using induc=
tive
coding techniques. From the narratives compiled in this study, it is conclu=
ded
that feminism is perceived from a collective and individual sphere and, alt=
hough
it has managed to position its struggle around the recognition of women's
rights, negative connotations and stereotypes are also evident around it th=
at
are influenced by various factors that respond to a specific sociocultural
context. However, the feminist objective that seeks equal rights in social
structures and practices was vindicated and the need for the movement in the
reeducation of social relations of domination and oppression both in the fa=
mily
sphere and in the institutional sphere was highlighted.
Keywords: Feminism, perception,
stereotypes, gender.
1.&n= bsp; INTRODUCCIÓN<= o:p>
Según Katzenstein (1987), el feminismo logra visualizar que=
las
mujeres constituyen un grupo oprimido en comparación con los hombres. Se
reconoce que esta condición estaría influenciada por procesos de desigual=
dad
estructural más que por acciones o circunstancias individuales (Martin, 19=
90).
Por lo tanto, el feminismo busca la transformación de las relaciones socia=
les
basadas en la asimetría y la opresión tanto en la esfera pública como pr=
ivada
(García & Valdivieso, 2005), que lleven a alcanzar la liberación de l=
a mujer
como del hombre (Gamba, 2007). Y para que esta visión ocurra el cambio tie=
ne
que ser social, político, económico y cultural (Mueller, 1987).
Un aspecto que=
ha
tomado relevancia al momento de hablar de feminismo radica en la intersecci=
onalidad
(Valentine, 2007). Esta hace referencia a que cada individuo (en este caso,=
la
mujer) se circunscribe, en base a diferentes categorías sociales (p.ej., r=
aza),
dentro de estructuras más amplias y complejas de desigualdad (Collins, 200=
0), variando
en relevancia y notoriedad en los diferentes contextos sociales (Hopkins,
2017). Se ha enfatizado que el feminismo no constituye un dogma o una ideol=
ogía
(Jaggar, 1983). Por el contrario, se ha ido
configurando en distintos movimientos sociales que, a partir de su interven=
ción
temporal concreta se sitúan en permanente confrontación y diálogo con la
realidad social, además de su propia evolución interna (Montero, 2006).
Con respecto a=
esta
diversificación, se debe vislumbrar (más allá de sus diferencias) que es=
tos
feminismos se enmarcan en un mismo objetivo. El movimiento de feministas
liberales busca la igualdad de oportunidades y acceso al mercado laboral. P=
or
su parte, el feminismo radical establece que la opresión de la mujer es la=
raíz
que configura las formas de opresión y de dominación (patriarcado). El
feminismo socialista argumenta que la liberación de la mujer sólo se logr=
ará a
partir de las transformaciones de las relaciones sociales y de las fuerzas
productivas, incluyendo la actividad laboral que las mujeres realizan en el
hogar (cf. Friedman et al., 1987). Por último, los movimientos
ecológicos se debaten, por una parte, entre revalorizar la heterodesignación
histórica de la mujer y, por el contrario, otros critican y rechazan el es=
encialismo
en esta concepción que resulta androcéntrica y heter=
opatriarcal
(Anzoátegui, 2019).
En torno a la
filiación, aceptación o rechazo de las diferentes propuestas feministas, =
la
teoría de la identidad social resalta que las personas están más dispues=
tas a
identificarse con un grupo si este es evaluado positivamente (Breen & <=
span
class=3DSpellE>Karpinski, 2008). Por su parte, =
Hemmings
(2012) argumenta que a través de la disonancia afectiva (discrepancia entr=
e la
narración propia vs. la realidad social) se podría (o no) desarrollar un
sentido de empatía (presente en mujeres y hombres) y la voluntad de partic=
ipar
colectivamente del movimiento feminista.
Cuando una per=
sona o
un grupo de personas se hacen llamar feministas, esta etiqueta, refleja en =
la
sociedad la presencia de estereotipos negativos y positivos con diferentes
implicaciones (Dyer & Hurd, 2016). En la literatura se hace referencia =
al
continuo feminista para describir las distintas articulaciones que tienen l=
ugar
al asumir el feminismo a nivel personal, estas incluyen: (a) personas que se
identifican como feministas (soy feminista), (b) aquellas que se identifican
como feministas pero explicitan un grado de desacuerdo (soy feminista, pero=
),
(c) a personas que no se identifican con el movimiento pero poseen actitude=
s feministas
(no soy feminista, pero), y (d) a quienes no se identifican como feministas=
y
tampoco están de acuerdo con los objetivos feministas (no soy feminista; <=
span
class=3DSpellE>Jolles, 2012; Butler, 2013).
No obstante, e=
n la
actualidad, ante lo que parece percibirse como una multiplicidad de discurs=
os
con implicaciones teóricas (p.ej., ¿qué es feminismo? vs. ¿qué no es
feminismo?), más la distorsión de la información en los medios de comuni=
cación,
en las redes y la intolerancia social en nuestro contexto (p.ej., Díaz, 08=
de
marzo de 2018; Muñoz, 15 de mayo de 2018), el feminismo continúa enfrenta=
ndo la
misma reticencia paradójica y estigmatización (Hoski=
n
et al., 2017). Los movimientos feministas se enfrentan al reto de cÃ=
³mo
comunicar y sostener la reivindicación de los derechos asentada en una
legitimidad real y no formal (Gifford, 2011), a=
demás
de preservar lo que ya se ha logrado (Valdivieso et al., 2012).
Sin embargo, p=
ara
lograr esa igualdad son relevantes las políticas de Estado y su aplicació=
n real
con criterios de efectividad. En nuestro país, actualmente, estas se estab=
lecen
bajo las premisas del Plan Nacional para el Desarrollo “Toda una Vida”
(Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo, 2017), enmarcado en l=
os
compromisos internacionales de desarrollo global y en sus objetivos de
Desarrollo Sostenible (Agenda 2030; Organización de las Naciones Unidas [O=
NU],
2015). Dentro de estos planteamientos se propone alcanzar la igualdad de gÃ=
©nero
y la garantía plena de los derechos de las mujeres en todas sus áreas.
En este sentid=
o, es
necesario problematizar el papel del Estado como supuesto garante de los
derechos de las mujeres. Es evidente el abismo entre las propuestas
legislativas y un cambio real (cf. Pardo, 2019). Un claro ejemplo de la
ineficacia del Estado ecuatoriano, en un paso más para materializar esa
igualdad, supone el veto total al Código Orgánico de Salud (COS; Asamblea
Nacional de la República del Ecuador, 2020), en donde se abordaban temas de
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y su atención integral.
A partir de es=
te
trasfondo y considerando las limitaciones metodológicas de investigaciones
relacionadas, este estudio tuvo como objetivo el explorar las percepciones
frente al feminismo tanto de mujeres y de hombres residentes en la ciudad de
Cuenca - Ecuador. Lo que nos ha llevado a preguntarnos, ¿cómo perciben el
feminismo las mujeres y los hombres en nuestro contexto?
2.&n=
bsp;
METODOLOGÍA
Se utilizó un=
enfoque
cualitativo transversal, mediante el uso de grupos focales como técnica de
recopilación de información. Esta permitió la exploración de los constr=
uctos
socioculturales que se configuran como una visión frente a un tema especí=
fico
(Carey & Asbury, 2012) y el análisis inductivo e interpretación a par=
tir
del discurso y la conducta observable de los participantes (Taylor & Bodgan, 1992). Además, se consideró la perspectiva =
de
género en el análisis de los datos descriptivos obtenidos (López et a=
l.,
2011).
El proceso se =
apoyó
metodológicamente en los siguientes planteamientos: (a) la investigación =
es
inductiva y no se comprueban hipótesis o teorías, (b) se asume una perspe=
ctiva
holística del escenario y de las personas, (c) las investigadoras son sens=
ibles
a los efectos que puedan causar en los participantes, sin embargo, predomin=
a la
objetividad para no interferir en el discurso de los participantes, (d) no =
se
busca la verdad sino la autenticidad, (e) se da un espec=
ial
énfasis a la validez en la investigación y (f) se destaca el aspecto huma=
no de
la vida social y se acepta el error en el juicio humano (García, Alvira &a=
mp;
Alonso, 2015).
=
2.1. =
Zona de estudio
La selección de los participantes se realizó med=
iante
un muestreo por conveniencia, intencional, en donde se seleccionan casos
característicos de la población, limitando la muestra sólo a estos, y se
procura que sea representativa de acuerdo con los objetivos del estudio (Scharager & Reyes, 2001). En esta investigación,=
la
representatividad se logró mediante la heterogeneidad de la muestra, al el=
egir
personas de diversas áreas profesionales, académicas y sectores sociales,
además de buscar números equitativos para la variable sexo. Para ello, el
equipo de investigación sugirió nombres de participantes a los que se les
consultaría su deseo de participar y personas que no estuviesen vinculadas
profesionalmente a la Universidad de Cuenca (con excepción del grupo de
expertas), con las condiciones especificadas en criterios de inclusión.
Se consideraron los siguientes criterios de inclus=
ión
para los participantes: (a) hombres y mujeres de nacionalidad ecuatoriana
residentes en la ciudad de Cuenca y, (b) que se encontraran en los siguient=
es
rangos de edad, de 18 y 19 años y de 20 a 60 años. Para la conformación =
de los
grupos focales se consideraron los siguientes criterios: (a) se decidió qu=
e los
grupos fueran homogéneos en base al sexo (mujeres y hombres, por separado),
pero heterogéneos en cuanto a diversidad de actividades laborales o acadé=
micas
y que no se conociesen entre sí con el fin de facilitar el intercambio de =
ideas
y evitar que se realicen suposiciones o prejuicios (Díaz, 2005) y, (b) cada
grupo focal estuvo conformado por cuatro a seis participantes (Onwuegbuzie et al., 2011).
En total se conformaron cinco grupos focales con 25
participantes. El primer grupo focal (con el que se realizó el pilotaje) e=
stuvo
conformado por cinco mujeres consideradas expertas en el tema, las mismas
fueron contactadas por ser profesionales dedicadas al trabajo en temas de
género de diferentes instituciones universitarias, así como activistas de
grupos feministas de la cuidad. El segundo y tercer grupo focal estuvo
conformado por cinco mujeres y cinco hombres (en cada grupo) de 18 y 19
=
2.2. =
Instrumentos, procedimiento y
análisis de datos
Se diseñó una guía de grupo focal con preguntas
semiestructuradas tomando como base las categorías teóricas identificadas=
en la
revisión bibliográfica. Se incluyeron: (a) la definición de feminismo, (=
b)
estereotipos en torno a las personas feministas, (c) connotación social fr=
ente
al feminismo, (d) actitudes y pensamientos incompatibles con el feminismo y=
(e)
la postura personal frente al feminismo. Esta guía fue discutida y aprobada
dentro del equipo de investigación y posteriormente validada mediante una
prueba piloto realizada con el grupo de expertas, de esta experiencia se
realizaron ajustes a la entrevista original.
Para el registro de la información no verbal y el
grado de consenso/desacuerdo, se elaboró una matriz en Word (Onwuegbuzie et al., 2011), la misma fue revisa=
da y
aprobada por el equipo de investigación.
La conformación de los grupos focales siguió las=
estrategias
de reclutamiento de Beck et al. (2004) de tres pasos: (a) se enfatiz=
ó el
interés en las opiniones de cada participante, los mismos fueron convocado=
s con
la consigna de discutir acerca de los distintos movimientos sociales; (b) la
invitación se realizó de forma repetitiva, a través de llamadas o mensaj=
es
telefónicos, se coordinó previamente el horario, el lugar y se obtuvo la
confirmación de su participación y (c) al final de cada grupo focal (moda=
lidad
física), las personas fueron
incentivadas por su participación mediante la ent=
rega
de un refrigerio.
Los grupos focales se realizaron en dos modalidades
debido a la crisis sanitaria mundial causada por el covid-19, lo que dificu=
ltó
el encuentro físico. Tres grupos focales fueron realizados de forma presen=
cial
en el mes de febrero y dos se realizaron de forma virtual en los meses de a=
bril
y mayo (mediante el software Zoom). Previo al in=
icio
de cada grupo focal, para las dos modalidades, se procedió a explicar el
objetivo y los procedimientos del estudio. Los participantes otorgaron su
consentimiento para participar de forma voluntaria a través de la firma del
consentimiento informado, mismo que fue previamente aprobado por el Comité=
de
Bioética en Investigación en el Área de la Salud de la Universidad de Cu=
enca
(COBIAS - UC) - Ecuador (código 2019-0140EO-I). Además, a través de este
documento se indicó que el proyecto garantiza el anonimato y el manejo de =
los
datos bajo criterios éticos y deontológicos.
En cuanto a la conducción de las sesiones de los
grupos focales, participamos las dos investigadoras en calidad de moderador=
as.
Se contó con la asistencia de cuatro ayudantes de investigación (estudian=
tes de
últimos ciclos de la carrera de psicología; dos mujeres y dos hombres) pa=
ra el
registro de notas. La duración máxima de las entrevistas fue de aproximad=
amente
1h27mins.
Todas las entrevistas fueron grabadas en audio y
transcritas para su posterior análisis mediante el programa Atlas.ti.
Todos los nombres utilizados en este artículo son seudónimos para garanti=
zar el
anonimato. Los datos se analizaron utilizando técnicas de codificación
inductiva (Braun & Clarke, 2006). El análisis siguió el siguiente pro=
ceso:
(a) se leyó toda la información hasta tener una idea general de lo expres=
ado
por los participantes, (b) se extrajeron las unidades de significado y a su=
vez
los temas básicos y se agruparon por códigos y (c) se crearon matrices de=
temas
extraídos, los mismos que están respaldados por sus respectivas citas
textuales.
3.&n=
bsp;
RESULTADOS Y
DISCUSIÓN
En total, nueve temas fueron identificados, mismos=
que
se presentan a continuación.
3.1 &nb=
sp;
El feminismo como una construcci=
ón
colectiva
Las construcciones teóricas en torno al feminismo=
se
realizaron desde dos dimensiones. Por un lado, la mayoría de participantes
lo asumieron desde el ámbito colectivo: “es un movimiento social que pid=
e el
reconocimiento de los derechos de las mujeres que tradicionalmente estaban
prohibidos para ellas” (Carmen, 19 años).
En estas narraciones, se reconoció un elemento
transgeneracional. Se interpretó como una lucha con trascendencia y repres=
entación
histórica liderada por mujeres: “fueron construyendo entre generaciones y
generaciones para tratar de menorar la desigualdad” (Juan, 19 años). En
Ecuador, los movimientos feministas (declarados y no declarados) surgen a
principios del siglo XX asumiendo luchas libertarias. Las y los participant=
es
recalcaron la búsqueda en la igualdad de derechos: “poder hacer y ser to=
mada en
cuenta en muchos aspectos sociales, políticos, educativos, etcétera” (H=
ugo, 18
años), como una forma de reivindicación.
Dentro de este relato de igualdad, algunos
participantes hombres hicieron alusión a las capacidades de la mujer: “[=
el
feminismo] busca dar a conocer que las mujeres son capaces en muchas cosas =
más”
(Antonio, 19 años). En un ejemplo dado, Juan (19 años) menciona:
[las mujeres] pueden tal vez dibujar mejor que un hombre, tal vez pu=
eden
construir mejor que un hombre, tal vez pueden ser mecánicas o ser de algú=
n tipo
de obraje que, por lo general, piensan que los hombres son mejores o se ver=
ían
mejor.
Algunas de estas narraciones se enmarcaron en una
argumentación esencialista asociada a la capacidad de la mujer como dadora=
de
vida:
La mujer es mal llamada el sexo débil porque si es que ellas fueran=
el
sexo débil, ellas no tuvieran los hijos, partiendo desde ahí [risas] (Alberto, 39 años).
La mujer como tal es dadora de vida, es un ser bastante especial, de=
por
sí ya es fuerte (Víctor, 25 años).
Si hubiese un dios o lo que sea yo creo que sería mujer [risas] por=
que
no hay una explicación para tanta sensibilidad o belleza que hay en la
naturaleza (Miguel, 23 años).
Al respecto, Martínez (1992) plantea que, cuando
existe una narrativa de carácter esencialista sobre qué es ser mujer
(cualidades y atributos femeninos), esta parece contribuir con la preservac=
ión
de las diferencias de género. En nuestro contexto, la maternidad es un val=
or
cultural que destaca las expectativas sobre las mujeres relacionadas con
construcciones machistas, como el marianismo (Castillo et al., 2010).
Concepto que se encuentra implícito en el sistema de creencias de las y los
adolescentes cuencanos (Pinos et al., 2016).
3.2 &nb=
sp;
El feminismo como una construcci=
ón
individual
Desde una segunda narrativa, únicamente algunas
participantes mujeres concibieron una dimensión individual. Se refirieron =
al
hecho de asumir conscientemente y de reestructurar, desde su espacio person=
al,
las estructuras jerárquicas de dominación basadas en el género, en las c=
uales
se ve inmersa la mujer.
Es un proceso de cambio interno de las mujeres, que es de cuestionar=
nos
este orden patriarcal en el que hemos crecido, en el que hemos vivido y en =
el
que se fundamentan nuestras relaciones y desde ahí, irlo cuestionando, ir
modificando (Cecilia, 22 años).
Rosa (24 años) compartió esta percepción y expr=
esó:
Es un despertar para las mujeres, porque quizás practicábamos y pr=
acticamos
muchas normas machistas, muchos roles que nos han sido impuestos y que ni
siquiera nos hemos dado en cuenta.
Respecto al hecho de ser consciente, Riquer (1992)
plantea que cada mujer posee algún grado de conciencia que se traduce en
autoconocimiento, el conocimiento de los otros y del mundo social en el que=
se
encuentra inmersa y, al desarrollar un nivel de conciencia en estos espacio=
s la
mujer existe, adquiere un sentido de yo soy (se reconoce) y a la vez supone=
un
cuestionamiento de ¿qué es ser mujer en esta sociedad?
Acompañada a esta toma de consciencia, se evidenc=
ió un
componente afectivo que se concibe como: “muy ligada al amor propio, al como mujer empodérate, al ámate, al que estás b=
uenísima
viéndote en un espejo [autoestima]” (Carlota, 26 años). Las participant=
es lo
interpretaron como un proceso de amor propio, de resignificación y de sana=
ción
relacionado a su vez, con el sentido de sororidad, tanto hacia las personas=
que
forman parte del movimiento y hacia las que no, independientemente del sexo=
y,
que al mismo tiempo transciende las diferentes posturas que se puedan susci=
tar.
Ser un aliado de cualquier persona, no importa el género y, de algu=
na
manera esta sororidad que podemos tener con las demás personas para
visibilizar, no para ocultar, no para mezquinar, no alejar, sino más bien =
este
sentir bonito de construir en conjunto (=
Rosa,
24 años).
Para Lagarde (2012), el sentido de sororidad sitú=
a a
la mujer en una búsqueda de relaciones de carácter positivo, de establecer
alianzas existenciales y de representación política; desde un cuerpo a ot=
ro,
desde una subjetividad a otra, con todas esas (otras) mujeres con el fin de
emprender acciones concretas para la eliminación de todas las formas de
opresión.
Sin embargo, Cecilia (22 años) menciona:
Es muy complejo ser sorora con la otra p=
ersona
que te han enseñado toda la vida a odiarle, a tener competencia, a sentir
envidia, a tenerle celos.
La sororidad lleva implícito un nivel de compleji=
dad
que guarda relación con el proceso de ser consciente. Las relaciones entre
mujeres han estado y continúan estando condicionadas por una serie de
estructuras patriarcales que promueven la rivalidad.
Estas construcciones teóricas, coinciden con los
planteamientos reportados por Reger (2012), en =
donde
el feminismo se asumió como una resistencia individual y, como una acción
colectiva. En efecto, en esta relación individuo – colectivo tiene lugar=
una
importante vinculación que invita a una transformación sociocultural y a =
su
vez, personal, que se traduce en una doble acción (Martínez, 1992).
3.3 &nb=
sp;
Tipos de feminismos
Muy pocos participantes hicieron alusión a los ti=
pos
de feminismo. Se mencionó el feminismo socialista, el feminismo liberal y =
el
feminismo radical. En torno a estos tipos de feminismo no se evidenció un =
manejo
teórico, lo cual resultaba esperable, puesto que los participantes no son
expertos.
…hay un feminismo socialista
(Adriana, 18 años).
…este feminismo radical y este feminismo liberal de algunas muj=
eres
(Rosa, 24 años).
La interseccionalidad supone un aspecto central que
contribuye a la comprensión de la multiplicidad de movimientos. Estas
diferencias radican principalmente en las agendas políticas (que deben imp=
licar
solidaridades múltiples, más allá de interposición). Por ejemplo, movim=
ientos
feministas indígenas abordan prioritariamente temas de desplazamiento
territorial, conservación de los recursos naturales y la educación
intercultural, mientras que, para otros movimientos feministas un aspecto
central de su agenda política podría suponer el derecho al aborto (Varea,
2019). Estos objetivos responden a un contexto cultural específico y a sus
necesidades reales.
Además, al feminismo radical se lo relacionó con=
una
tendencia extremista: “el feminismo radical ha hecho que se vea como nega=
tivo”
(Manuela, 23 años). Algunas participantes mujeres resaltaron la importanci=
a de
comprender la radicalidad y no limitarse únicamente a emitir un juicio de =
valor
sin antes conocerlo. Desde un marco conceptual, el objetivo de las feminist=
as
radicales se fundamenta en descubrir y modificar la raíz de la opresión d=
e las
mujeres (cf. Friedman et al., 1987).
Hay muchas cosas radicales que no se pueden entender y que yo tampoc=
o lo
entendía. Y de ahí comencé a leer porque yo decía siempre tiene que hab=
er un
por qué. Siempre hay un por qué de las cosas, una no lo hace por loca.
Entonces, comencé a investigar y a leer un poco, te vas empapando [enteran=
do]
de algunas cosas y vas cambiando también esta perspectiva [percepción de =
la
radicalidad]. (Carlota, 26 años).
En torno a la percepción de extremismo, aparte de
relacionarlo con el feminismo radical, se interpretó en términos generale=
s: “yo
si tiendo mucho a pensar en que hay, no un feminismo correcto, pero sí un
feminismo verdadero” (Elena, 27 años). Al respecto, Alberto (39 año=
s)
mencionó: “el momento en que eso [feminismo] se fanatiza, automática=
mente
viene el caos, como tal, porque no se respetan normas, ni reglas, ni nada, =
sino
se quiere llegar a imponer el punto a como dé lugar”.
Un ejemplo de esta concepción de extremismo radic=
a en
el término hembrismo, que supone la discriminación sexual hacia el hombre=
, y
que se ha llegado a asociar de forma errónea y directa con el feminismo: â=
€œhay
esta forma de decir que el feminismo es malo porque le están confundiendo =
con
el hembrismo” (Laura, 19 años).
3.4 &nb=
sp;
Aspectos incompatibles con el
feminismo
Durante las discusiones sobre las actitudes y
pensamientos que se percibieron como incompatibles con el feminismo se
mencionaron las siguientes: el patriarcado (que contempla el machismo y la
violencia), el capitalismo y una actitud de superioridad y de defensividad =
de
la mujer.
Se inter=
pretó
que el patriarcado es una estructura dominante que configura las relaciones=
de
desigualdad en base al género: “un sistema donde el hombre es el que =
manda,
el hombre es el que elige, el que da las decisiones” (Carlos, 18 año=
s). Al
mismo tiempo, ejerce presión en contra de los objetivos del movimiento
feminista “porque quiere limitarlo por todos lados” (Rosa, 24 aÃ=
±os). Y
en efecto, tiende a invisibilizar las resistencias feministas.
Dentro del patriarcado, se mencionó: “el
pensamiento machista” (Fernando, 21 años), que se asumió como un co=
njunto
de actitudes y creencias que se sostienen en base a la percepción errónea=
de
superioridad del hombre y, por ende, la desvalorización de la mujer. Se
percibió que las conductas y pensamientos machistas están presentes tanto=
en
hombres como en mujeres:
El hombre no es el enemigo, es el hombre con conductas machistas que=
no
quiere verlas, porque el hombre con conductas machistas que está en proces=
o de
verlas y de identificarlas y de cambiarlas, ¡qué bien!, porque nosotras s=
omos mujeres
también machistas, en proceso de cambiar
(Cecilia, 22 años).
Igualmente, se mencionó la violencia ejercida hac=
ia
mujeres y hombres. Sin embargo, se enfatizó la vulnerabilidad del hombre. =
Se
interpretó que, en nuestra sociedad no se visibiliza y no se brinda atenci=
ón a
estos casos: “vivimos en una sociedad donde la mujer es la víctima y =
el
hombre no” (Carlos, 18 años), “sólo se busca por un lado y no =
se ve que
también se invisibiliza mucho la violencia de las mujeres hacia los hombre=
s o
de hombres con hombres” (Manuela, 23 años). Al respecto, Hoskin et al. (2017) reportó percepciones sim=
ilares,
los participantes concebían que el feminismo aborda exclusivamente las
necesidades de las mujeres e ignora los problemas de los hombres, al tiempo=
que
eleva las preocupaciones de las mujeres sobre los hombres.
Sin embargo, no todas compartieron esa percepción,
Rosa (24 años) manifestó:
Yo no considero que sea esta invisibilización<=
/span>
de la violencia contra los hombres, sino más bien la violencia siempre ha
estado, es algo constante y siempre las personas tratamos de normalizar esta
violencia sea para hombres o mujeres, sea para quién sea de alguna manera =
se ha
normalizado.
La violencia es estructural y su análisis se fija
tanto en los cuerpos de las mujeres como feminidades normadas y en los homb=
res
como masculinidades subordinadas y hegemónicas (Viteri, Ceja, & Yépez,
2017). La interseccionalidad busca alejarse del legado de género que esencializa a mujeres y hombres, y encontrar nuevas f=
ormas
de comprender las vulnerabilidades de los sujetos (Viteri et al., 20=
17).
Un ejemplo claro lo señala Paulson (2013) quien
evidencia que los hombres pobres tienen más posibilidades de morir
violentamente.
Por su parte, el patriarcado y el capitalismo
configuran una óptica de doble subordinación. Este último se distinguió=
como un
sistema político que articula, fortalece y perpetúa las relaciones de
desigualdad y busca un beneficio económico al apoyarse de la causa feminis=
ta: “toma
a la mujer y la separa (…) se transforma en un mercado, hablando del come=
rcio,
entonces pierde su esencia [el feminismo]” (Adriana, 18 años).
Según Federici (2013), el capitalismo es un modelo
alienante que ha producido la invisibilización=
de los
trabajos que asumen la reproducción de la vida, a través de la división =
sexual
del trabajo. Aún predomina la visión de que la mujer (por naturaleza) se =
ve en
la obligación de responsabilizarse del espacio privado (doméstico) que ha=
sido
concebido para ella, se acepta que asuma nuevos roles, pero sin dejar de la=
do los
que tienen que ver con la reproducción de la vida (Gr=
oner,
Muñoz & Angulo, 2016). En el Ecuador, aunque se ha reconocido polític=
amente
en la Constitución de la República (2008) el cuidado, poco ha significado=
para
una mejor redistribución e implicación de los hombres (Castro-García, 20=
17).
En torno a la imbricación entre las relaciones
sociales de reproducción y las relaciones patriarcales de género en el
capitalismo, se han desarrollado distintas vertientes teóricas feministas
explicativas (cf. Esquenazi, 2020).
Por último, se encontró que una actitud de
superioridad y de defensiva de una mujer se percibieron como contrarias al
feminismo en el sentido de que, si se busca la igualdad, la mujer no debe
considerarse superior al hombre. Y, se distinguió que la mujer tiende a
rechazar la ayuda del otro y la desvaloriza adoptando una postura de
defensividad:
Por ejemplo, el hombre quiere ser cordial y le qui=
ere
abrir la puerta y ella [la mujer] dice “no, yo sí puedo”. Pero =
hay veces
que tienen una actitud un tanto agresiva de “¡qué crees que yo no te=
ngo la
capacidad de abrir una puerta!”. (Laura, 19 años).
3.5 &nb=
sp;
¿Quiénes pueden participar del
movimiento?
Al percibir quiénes pueden formar parte o no del
movimiento, las opiniones se diferenciaron en torno a dos posturas. Hay qui=
enes
concibieron que es un movimiento con representación únicamente de mujeres=
: “es
un grupo social sólo de mujeres” (Lucía, 19 años). Además, al ref=
erirse a
su participación, señalaron la importancia de la interseccionalidad, conc=
epto
que se encontraba implícito en verbalizaciones como:
Es un movimiento diverso (Juan, 19 años).
Aborda muchas culturas (Antonio, 19 años).
Cada una es en su diferencia y en su diversidad, feminista (Cecilia, 22 años).
Y, por otra parte, hubo participantes que lo
consideraron como un movimiento abierto en el que pueden participar tanto
mujeres, hombres y población LGBTI. Con respecto a la implicación de los
hombres en el movimiento, se planteó que, al igual que las mujeres, es
necesario un cuestionamiento del orden patriarcal, además de su situación=
de
privilegio. Esta hace referencia a las ventajas disponibles para grupos
particulares en función de los aspectos normativos de la identidad (Rothenberg, 2005).
En la actualidad, ya no es sólo la lucha de mujeres, sino unidos con
hombres que ya son más pensantes, ya no tienen ese pensamiento de que ello=
s son
superiores o de que todo gira alrededor de ellos (=
Hugo,
18 años).
…población LGBTI, que también son feministas
(Matilde, 26 años).
En un estudio relacionado, se reportó que cuando =
los
participantes percibían que el feminismo era sólo para mujeres, estaba pr=
esente
o ausente la intención de excluir a otros grupos e identidades sociales y,=
por
el contrario, cuando se percibía como grupo abierto se aludía a la
interseccionalidad (Hoskin et al., 2017)=
. En
efecto, el feminismo debe ser interseccional pa=
ra
tener una relevancia, propósito e impacto (Carbado et
al., 2013).
3.6 &nb=
sp;
La identificación feminista
La identidad feminista aparece como un vasto
caleidoscopio de posibles discursos y entendimientos (Munar, 2017). Dentro =
del
continuo feminista se encontraron personas que no se identificaron como
feministas, pero apoyaban su agenda (p.ej., aborto). Ello se traduce, en su
diario vivir, en actitudes y acciones feministas.
Yo, por ejemplo, no me considero feminista. Yo considero que debo de
tener los derechos de los seres humanos y punto. Pero, por ejemplo, una vez=
en
casa con mi familia salió [el tema] que estoy en favor del aborto y me dij=
eron
“pero si tienes un hijo” [y] digo, pero es que yo tuve mi hijo, yo deci=
dí tener
mi hijo, yo supe en qué circunstancias tuve mi hijo y ya (Elena, 27 años).
Por otro lado, estaban las mujeres que se
identificaron como feministas en proceso de construcción o, a pesar de no =
poseer
todo el conocimiento. Esta categoría no se contempla dentro del continuo
feminista (soy feminista, aunque): “yo siempre digo, estoy en proceso =
de ser
feminista” (Carlota, 26 años); “me considero feminista a pesar =
de que no
tenga todo el conocimiento del mundo porque creo que es algo más intrínse=
co”
(Cecilia, 22 años).
El rol del conocimiento en la predicción de la
participación del feminismo no está claro y aún menos en nuestro contexto
(educación formal vs. no formal). Guest (2016)
plantea que el ingreso a la educación superior posibilita la participació=
n del
activismo y el desarrollar (o no) una conciencia feminista. Sin embargo, el=
lo
no supone una única forma. En este punto, tiene cabida la necesidad de
cuestionar el modelo epistémico (hegemónico) de la educación formal y pr=
opiciar
un diálogo intercultural. En nuestro contexto, un ejemplo claro de militan=
cia
feminista (más allá de la academia) son las diversas líderes indígenas.=
Además, en torno a la identificación feminista,
algunas participantes subrayaron que independientemente de auto catalogarse=
o
no como feminista, son feministas todas aquellas personas que desde sus
espacios personales emprenden acciones (p.ej., educar a los hijos) para cam=
biar
las estructuras de opresión.
Es igual de feminista mi abuela que se quedó viuda hace más de 20 =
años,
que tomó decisiones muy diferentes a las decisiones para su época y que e=
s una
mujer que busca su solvencia, muy fuerte, al igual que la mujer que decide
estar en su casa (Cecilia, 22 años).
Es importante resaltar que la identificación femi=
nista
se ha examinado principalmente como un movimiento de identidad asociada a la
pertenencia a un movimiento social feminista (Bobel,
2010). Las personas que se reconocen como feministas tienen mayor probabili=
dad
de reconocer situaciones de sexismo y mayor participación en acciones
colectivas (Munar, 2017). Sin embargo, los discursos reactivos frente al
feminismo y los estereotipos negativos constituyen narrativas relacionales =
que
limitan la voluntad de autoidentificación y a su vez, está influenciado p=
or las
experiencias personales dentro de las relaciones sociales (Dyer & Hurd,
2016).
3.7 &nb=
sp;
Estereotipos negativos y positiv=
os
del feminismo
Al abordar la percepción de los estereotipos, en =
un
primer momento, hubo participantes que asumieron que no es posible hablar de
características específicas asociadas a las personas feministas, a pesar =
de ser
consencientes de que socialmente estos estereotipos están presentes: “yo
considero también que no hay como tal una característica que defina a las
personas que son feministas” (Matilde, 26 años). Sin embargo, confor=
me
avanzaban en sus narraciones se pudo evidenciar una división muy marcada en
torno a dos polos, negativo y positivo, de cómo se percibe a las personas
feministas, específicamente se hizo alusión a las mujeres.
La percepción de estereotipos negativos fue la que
predominó en las y los participantes. Estas percepciones se configuraron en
torno al aspecto físico, a las actitudes, a estados emocionales, a la
orientación sexual y a la postura religiosa. En nuestro contexto hablar de=
una
persona feminista supone referirse a: “personas que están locas o
simplemente que están equivocadas en lo que demandan” (Luis, 19 año=
s), “las
tildan de histéricas” (Antonio, 19 años), “una feminazi”=
(Alberto,
39 años), “exageradas” (Carlota, 26 años), “son: ‘esas mujeres=
marimachas
que no quieren trabajar’, que son ‘las mujeres que de verdad no tienen =
nada que
hacer en sus casas y que por eso que están gritando en las calles” (=
Rosa,
24 años), “les han dicho que son lesbianas porque se juntan con mujer=
es”
(Elena, 27 años), “se nos ha impuesto a las mujeres feministas que â€=
˜tienes
que ser atea’, porque es el estereotipo de feminista” (Cecilia, 22 =
años), “les
dicen abortistas, que extremas, radicales y algunos insultos también”
(Manuela, 23 años), “llevan muchos complejos y mucho dolor y no busca=
n la
igualdad” (Elena, 27 años), “piensan que son sólo mujeres desn=
udas que
salen a la calle a luchar por sus derechos” (Miguel, 23 años), “no
muchas mujeres lo viven a profundidad sino la mayoría sólo está en eso p=
ara
hacer daño o buscar como disturbios” (Fernanda, 19 años).
En otros estudios se ha encontrado que la palabra
feminista conlleva connotaciones como: “odiar a los hombres”, â€=
œmilitante”,
“obstinada”, “enojada”, “antimasculino”, â=
€œagresiva”,
“lesbiana”, “anti-madre”,=
“poco
atractiva física y sexualmente” y “extremistas radicales”=
(Bashir et al, 2013; Breen & Karpinski,
2008; Rudman & Fairchild, 2007). Específic=
amente,
el estigma en torno a la orientación sexual (lesbianismo) puede causar
reticencia a identificarse como feministas, en algunas mujeres heterosexual=
es
(Moore & Sthati, 2019). Asimismo, las mujer=
es con
ideales feministas podrían distanciarse del movimiento si perciben que su
entorno posee estereotipos negativos o discursos aversivos violentos (Ramse=
y et
al., 2007).
Por su parte, la percepción de estereotipos posit=
ivos
tuvo lugar en base a características físicas, actitudinales, valores mora=
les y
características a nivel cognitivo. Estas visiones fueron predominantes en =
las
participantes mujeres: “ser fuerte, sería una mujer empoderada”=
(Lucía,
19 años), “un altruismo” (Adriana, 18 años), “una mujer q=
ue se
respeta” (Elena, 27 años), “engloba el liderazgo, las ganas de =
luchar
por las personas que están calladas (…), no tener vergüenza de salir a =
las
calles a gritar, exigir derechos” (Matilde, 26 años), “una mujer
independiente, una mujer que no necesite de otras circunstancias, alguien
valiente” (Víctor, 25 años), “aquella que lucha por sus derech=
os o ve
que sus derechos no sean vulnerados” (Miguel, 23 años), “ese
cuestionamiento, de tal vez darse cuenta de un montón de cosas” (Cec=
ilia,
22 años), “pacífica” (Carlos, 18).
Al respecto, Roy et al. (2007) encontraron
resultados similares, los términos positivos más utilizados fueron: “independientes”,
“competentes”, “inteligentes”, “conocedorasâ=
€�, “fuertes”
y “asertivas”. Parece ser que estos estereotipos podrían influe=
nciar
aumentando el compromiso en la militancia (Moore & Sthati,
2019).
3.8 &nb=
sp;
Percepción de factores influyen=
tes
en la connotación negativa del feminismo
Las representaciones del feminismo son significati=
vas
tanto para la identidad feminista individual como para la percepción públ=
ica
(Siegel, 2007). En nuestro contexto, se percibió que el feminismo tiene una
valoración predominantemente negativa. Entre los factores influyentes, se =
hizo
referencia a la educación familiar e institucional tradicional, el contexto
social, la religión, la falta de empatía, la desinformación y las redes
sociales, el miedo al movimiento y la existencia de un pensamiento dicotóm=
ico (distorsión
cognitiva).
La familia fue vista como un espacio en donde tiene
lugar la enseñanza consciente o inconsciente de los estereotipos de géner=
o y
que se van replicando de manera transgeneracional. Como menciona Miguel (23
años): “desde mi hogar yo me puedo dar cuenta que incluso mis familia=
res, en
este caso personas ya de edad, abuelitas o tías abuelas, todavía tienen e=
se
chip [mentalidad] machista, incluso ellas”. Se recalcó la rigidez de
pensamiento de las personas adultas, que han crecido con esos patrones
cognitivos y que se asumen como verdades absolutas (distorsión cognitiva):=
“no
podemos cambiar la ideología de las personas adultas” (Adriana, 18 a=
ños).
Al respecto, Alberto (39 años), percibió que el =
papel
predominante en la educación lo asume la mujer, aludiendo a su papel de ma=
dre y
cuidadora (postura esencialista):
Muchas veces, en esta sociedad, la misma mujer es la que se encarga =
de
fomentar el machismo en las casas. Desde el punto de vista de que “no, el=
niño
no puede lavar los platos”; “no, el niño no debe llorar” o “no, el=
niño esto o
la niña por acá y el niño por allá”. Entonces, se van criando esas fo=
rmas de
pensamiento desde niños y nos van criando con esa mentalidad [machista].
Estos hallazgos coinciden con los reportados por P=
inos
et al. (2016), quienes evidenciaron que las y los adolescentes cuenc=
anos
perciben que los estereotipos de género se transmiten a través de la educ=
ación
familiar y por la sociedad, y la mayor responsabilidad recae sobre la madre=
.
Por su parte, muy ligado al rol de la familia en la
educación, las y los participantes mencionaron también el papel de las
instituciones educativas. Se interpretó que existe un discurso contradicto=
rio,
por un lado, las instituciones educativas promulgan la igualdad, y por otro=
, continúan
ejerciendo y promoviendo los estereotipos de género. En un ejemplo dado, E=
lena
(27 años) expresa:
Mi hijo está en una guardería, el uniforme es gris para hombres y
mujeres, pero los hombres tienen azul y las mujeres tienen rosado. Entonces=
, yo
cuando me fui a comprar [me preguntaron] “¿para hombre o para mujer?” =
[y] dije:
¿no será el mismo uniforme? [me respondieron] “No, el de las mujeres ti=
ene
encaje y es rosado”.
Se puede hablar de que en la misma educación que se tiene, sobre to=
do
aquí en Cuenca, nos implantan mucho eso [estereotipos de género]. Nos imp=
lantan
que “las niñas deben ser calladas”, que “las niñas deben ser guarda=
das”,
“cierra tus piernas”, que “no debemos andar hasta ciertas horas”, q=
ue “no
debemos usar cierto tipo de ropa”, si es que por ahí se nos ocurre usar =
algo un
poco provocativo que se nos acerque alguien y que nos diga algo, “es nues=
tra
culpa”, que “nosotras debemos en si estar a las órdenes, que sé yo, d=
el papá”,
“hacer más caso al novio”, “no tener la opción de seguir adelanteâ€=
� (Laura, 19 años).
La educación que recibimos desde la infancia por
diversos canales pueden ser espacios de transformación, pero también de
adoctrinamiento, reproducción y legitimación de procesos de socializació=
n de
género hegemónicos y, su importancia radica en deconstruir las categorías
dominantes de lo masculino y femenino (Martínez & Ramírez, 2017). Los
estereotipos de género son imaginarios culturales que están muy arraigado=
s en
nuestra sociedad.
Del mismo modo, el contexto social se percibió co=
mo
conservador, tradicional y moralmente correcto. Nuestra cultura nos impone
ciertos estándares que se deben cumplir: “por ejemplo, una mujer no p=
uede
ser fea como dijeron, no tiene permitido ser fea porque obviamente va a ser
excluida, pero el hombre puede ser músico, puede ser escritor porque es fe=
íto,
pero tiene otras cualidades” (Víctor, 25 años).
Dentro del contexto social, también se abordó el=
tema
de la sexualización de la mujer:
Los hombres somos más instintivos e incluso vemos, yo lo hablo desd=
e mi
punto de vista no sé los hombres que estamos aquí, una modelo [chasquido =
de
dedos] y lo primero que se nos prende es el instinto, ni siquiera decir “=
que
guapa que está” o [ver] que ropa está usando, [chasquido de dedos] es el
instinto lo primero que se nos viene. ¿Y eso por qué? lamentablemente en
nuestra sociedad la mujer ha sido sexualizada, ha pasado a ser un objeto (Miguel, 23 años).
Además, hubo participantes que señalaron el pape=
l de
la religión. Se percibió que esta promueve los roles de género y promulg=
a un
estereotipo de la mujer perfecta: “se propone aquí un marianismo, este
estereotipo de una mujer ideal que debe estar bajo los pies del hombre,
prácticamente. No debe quejarse ante ninguna situación, aceptar todas las=
cosas”
(Laura, 19 años).
Según la religión, yo no estoy en contra de la religión, de hecho=
, si
soy católica, pero se dice una expresión de que “la mujer salió de la =
costilla
del hombre”. Entonces, a veces, llega a ser un tipo de analogía errónea=
, en el
aspecto de decir que “la mujer se debe sumir ante el hombre porque litera=
lmente
ella salió de él” (Adriana, 18 años).
En efecto, en nuestro país esta influencia es
evidente, Viteri (2020) recoge una cronología de las acciones de oposición
(p.ej., la campaña “con mis hijos no te metas”) emprendidas por=
actores
religiosos conservadores y que se inscriben en el ámbito público y sobre =
las
políticas de Estado con respecto a los derechos de las mujeres (especialme=
nte,
sexuales y reproductivos).
Igualmente, la falta de empatía es un factor que =
cobró
relevancia. Algunas participantes interpretaron que las personas no están
dispuestas a realizar un ejercicio de empatía para comprender qué es lo q=
ue
está pasando en la actualidad y por qué las mujeres deciden alzar sus voc=
es,
salir a las manifestaciones y reclamar sus derechos: “no se sensibiliz=
an
ante las causas” (Rosa, 24 años).
De manera análoga, se mencionó la desinformació=
n.
Existe un nivel de ignorancia frente a lo que es el feminismo y sus objetiv=
os:
“muchas de las personas ignoran de verdad las luchas, de verdad lo que=
está
pasando” (Rosa, 24 años). Relacionado a este factor, las redes socia=
les
contribuyen a que se propaguen discursos distorsionados. No promueven el
desarrollo del pensamiento crítico, ya que algunas personas se limitarían
únicamente a replicarlo: “es mucha ignorancia a nivel de todos los te=
mas, no
únicamente en el feminismo porque creo que en nuestra sociedad y nuestra
generación sobre todo debate con meme, debate con Facebook” (Cecilia=
, 22
años); “justamente ven un meme, lo asocian y generalizan” (Elen=
a, 27
años).
En conjunto, las redes sociales (p.ej., Facebook;
Moore & Stathi, 2019) son tecnologías onli=
ne que
proporcionan la habilidad para la construcción e interacción comunitaria =
(Boyd
& Ellison, 2007) que permite a las personas interactuar, crear, compart=
ir y
consumir contenido online. No obstante, cuando las discusiones que aparecen=
en
estos medios son en base a los estereotipos de género, son a menudo,
controlados o patologizados (Locke et al., 2018). Con respecto a la
configuración de los memes, los investigadores identifican temas de privil=
egio
tecnológico donde la élite masculina domina a la mujer arquetípica pasiv=
a y
sexualizada (Locke et al., 2018).
Por otro lado, se percibió que cuando las personas
asumen una postura, esta suele ser rígida y dicotómica (correcto vs.
incorrecto) y la misma no les permitiría analizar otros puntos de vista:
A la gente no le gusta pensar, ese es el problema, no le gusta
cuestionarse las cosas, quiere las cosas ya hechas, como que esto es blanco=
y
negro, pero entre blanco y negro hay un sinfín de tonalidades de gris (Miguel, 23 años).
Finalmente, algunas participantes mujeres se
refirieron al miedo de ver a mujeres reunidas emprendiendo acciones en busc=
a de
la igualdad, como factor influyente: “les da miedo que se reúnan, lo =
digo
así supongo y lo analizo que da miedo que se reúnan mujeres que digan ¡b=
ueno ya
basta!, ¡se tiene que hacer algo!” (Carlota, 26 años).
3.9 &nb=
sp;
Percepción de factores influyen=
tes
en la connotación positiva del feminismo
En la valoración positiva se encontró que los fa=
ctores
influyentes son principalmente la educación familiar, la aceptación y el
activismo. Con respecto a la educación familiar, se observó que tiene una
implicación tanto en la valoración negativa como positiva. Los participan=
tes
resaltaron la importancia de ir modificando la forma en cómo se educa
(pedagogía feminista y paradigmas emancipadores) con respecto a los roles =
de
género y con ello, la reproducción de las desigualdades.
Yo creo que entre la educación y la familia es muy importante y se =
han
venido dando cambios muy grandes porque esto se ve reflejado en que ya no es
tanto el machismo en los hombres, sino que se ha reducido en un gran porcen=
taje (Hugo, 18 años).
…educar a mi hijo, tratar de reeducar a mi familia, a mi medio, a =
mi
ambiente (Elena, 27 años).
La aceptación hacia el movimiento se interpretó =
como
un indicador de valoración positiva en términos de necesidad: “chév=
ere que
haya un grupo de personas que hacen eso porque la verdad si es que no hubie=
ra o
si es que no existiera, no se verían cambios tampoco. Yo siento que es
necesario que estén” (Matilde, 26). Por su parte, se percibió que es
importante la implicación directa en el movimiento: “para realmente t=
ener
una buena postura, un buen pensamiento, una buena perspectiva acerca del
movimiento, se debería ser parte de él y más que todo como se maneja el
movimiento” (Lucía, 19 años).
=
4. =
CONCLUSIONES
Algunos de los resultados aquí
expuestos coinciden con los elementos teóricos encontrados en estudios pre=
vios
llevados a cabo en otros contextos sobre la percepción del feminismo. Sin
embargo, la investigación referente al tema en la ciudad de Cuenca es esca=
sa y,
por lo mismo, estos resultados contribuyen a comprender la complejidad
existente y las características implicadas en la percepción de este const=
ructo
en el contexto socio-cultural en donde se llevó=
a cabo
el estudio.
De los relatos de las y los
participantes se puede concluir que las percepciones en torno al feminismo =
se configuraron
desde dos esferas relacionadas; una colectiva y otra individual. A partir d=
e la
concepción colectiva, el feminismo es asumió como un movimiento social qu=
e de
forma transgeneracional ha buscado el reconocimiento de los derechos de las
mujeres. Sin embargo, están presentes en los participantes hombres discurs=
os de
carácter esencialista en torno a la mujer, que son el reflejo de una cultu=
ra
Latinoamericana machista. Desde la perspectiva individual, se percibió el
feminismo como el grado de conciencia que se asume para encontrar un sentid=
o a
la posición de la mujer en la sociedad. A su vez, esta se asoció con el s=
entido
de amor propio, la autoestima y la sororidad, haciendo hincapié en la nece=
sidad
de reestructurar las relaciones de rivalidad entre las mujeres impuestas po=
r el
patriarcado.
En cuanto al conocimiento de los
tipos de feminismo, las y los participantes percibieron su diversificación=
como
resultado de la interseccionalidad. Hicieron únicamente alusión al femini=
smo
socialista, liberal y radical. A este último lo relacionaron con el carác=
ter
extremista desde una connotación negativa. Como actitudes y pensamientos
incompatibles con el feminismo se mencionaron el patriarcado, el machismo, =
el
capitalismo, la violencia y una actitud de superioridad y una postura defen=
siva
de la mujer.
Con respecto a quienes pueden
participar de los movimientos feministas se presentaron dos posturas. Por u=
na
parte, se expresó que únicamente las mujeres pueden participar del movimi=
ento
haciendo nuevamente alusión a la interseccionalidad y, por otra parte, se
mencionó que es un movimiento abierto a la participación de mujeres, homb=
res y
población LGBTI, que asuman un cuestionamiento de las estructuras de domin=
ación
en la sociedad en las cuales se ven inmersas.
La identificación feminista tuvo
lugar únicamente por parte de pocas participantes mujeres. La misma estuvo
influenciada por la percepción de estereotipos negativos que fue predomina=
nte
en las y los participantes. Estos estereotipos se configuraron en torno al =
aspecto
físico, a las actitudes, a estados emocionales, a la orientación sexual y=
a la
postura religiosa. Por otro lado, también tuvo lugar la percepción de
estereotipos positivos que se fundamentaron en base a características a ni=
vel
cognitivo, físico, actitudinales y a valores morales.
En la percepción de los factores
influyentes en la connotación negativa del feminismo, en nuestra sociedad,=
se
mencionaron principalmente: la educación familiar, la educación instituci=
onal,
el contexto social y la religión, la falta de empatía, la desinformación=
y las
redes sociales, el miedo al movimiento y la existencia de un pensamiento
dicotómico (distorsión cognitiva). Por el contrario, los factores que par=
ecen
contribuir a una percepción positiva son la educación familiar (doble acc=
ión),
la aceptación del movimiento y el activismo.
Este es un tema coyuntural a niv=
el
nacional y si bien se han dado avances para despolarizar el rol de la mujer=
en
la sociedad, aún se conservan estereotipos marcados en relación con el ro=
l de
la mujer. Se enfatizó la necesidad de educar en temas de género e igualda=
d de
derechos tanto en el ámbito familiar como institucional con el fin de
desarraigar el aprendizaje de las relaciones sociales basadas en la dominac=
ión
y la opresión. El feminismo, en este proceso, asume un papel importante y
necesario puesto que sus planteamientos rompen con estas formas relacionales
disruptivas y su comprensión estaría adherida a esta reeducación.
AGRADECIMIENTOS
Este estudio fue posible gracias a la financiació=
n de
la Dirección de Investigación de la Universidad de Cuenca (Ecuador), dent=
ro del
XVIII Concurso Universitario de Proyectos de Investigación Fondos Semilla y
Consolidación (Número de financiación: 204000 07 2144).
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