1. INTRODUCCIÓN

 

En el Ecuador, desde el año 2016, el teletrabajo es una modalidad laboral formalmente reconocida y regulada (Ministerio de Trabajo [MT], 2016). Esta consiste en la prestación de servicios de carácter no presencial en jornadas ordinarias y especiales, en donde las actividades se realizan fuera de las instalaciones del empleador, haciendo uso de las tecnologías de la información y comunicación (MT, 2016). Hasta finales del año 2019, de las 3.1 millones de personas que se encontraban empleadas, 15,000 realizaban teletrabajo (Zapata, 2019). Pero, durante la emergencia sanitaria causada por el COVID-19, el MT (2020) reportó que en el sector público había 286,401 teletrabajadores y en el sector privado 148,902.

En consecuencia, ha cobrado relevancia el análisis del incremento de las brechas de género en esta modalidad laboral (Giuzio & Cancela, 2021). El teletrabajo tiende a reforzar los roles de género tradicionales que atribuyen de forma exclusiva a las mujeres la realización del trabajo no remunerado (tareas del hogar y de cuidado) (García, 2017). Y como tal, la ejecución de estas se considera una ocupación esencializada que no merece explícitamente un reconocimiento, con lo cual aumentan las inequidades (Gonzáles & Cuenca, 2020). A nivel local, se conoce que las mujeres reflejan una mayor carga en el trabajo no remunerado con una diferencia de 22.40 horas promedio semanal en comparación con la dedicación de los hombres (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos [INEC], 2012).

De manera que, las circunstancias en las que se produce el teletrabajo ante la crisis sanitaria se han estudiado en diferentes contextos. Estudios realizados en España (Benlloch & Aguado, 2020; Gonzáles & Cuenca, 2020; Valenzuela-García, 2020) revelan que las mujeres que más sufren en el confinamiento son las que tienen responsabilidades de cuidado, además de tener que privilegiar el teletrabajo de sus parejas (Giniger, 2020). Por su parte, el Instituto de Estudios Fiscales del Reino Unido reveló que las madres tienen más probabilidades de haber renunciado, perdido o haber sido despedidas de su trabajo durante la cuarentena, en comparación con los padres (Andrew et al., 2020). Es decir, son las madres quienes dedican menos tiempo al teletrabajo y más al trabajo no remunerado, lo cual ocasiona interferencias entre sí (Gonzáles & Cuenca, 2020; Zhou et al., 2020).

Un estudio realizado en México reportó hallazgos similares dejando entrever la desigualdad de género que afecta a las mujeres al tener que cumplir una multiplicidad de roles (Saldívar-Garduño & Ramírez-Gómez, 2020). Asimismo, los resultados de una encuesta realizada en varios países de Iberoamérica exponen que la implementación del teletrabajo de forma masiva durante el confinamiento ha tendido a acentuar las desigualdades de género previamente existentes, tanto en la esfera laboral como familiar, siendo las más afectadas las mujeres, especialmente las que son madres de niños/as en edad escolar (Di Pasquale et al., 2021). Además, se ha advertido que la sobrecarga en la realización de estas tareas puede generar graves afectaciones en la salud mental de las mujeres (Zalazar, 2020).

Estas dificultades en torno al teletrabajo y al trabajo no remunerado tienen el componente añadido de la violencia de género en el contexto de confinamiento, en donde las mujeres se ven obligadas a convivir con sus agresores (Gonzáles & Cuenca, 2020). De acuerdo con Vara (2020) es vital abordar la violencia de género debido a su aumento en las tasas reportadas. Para ilustrar, según la Revista Forbes, que recopila datos sobre el aumento de la violencia en América Latina, expone que en México la violencia aumentó en un 120% y en Argentina un 40% (Naum, 2020).

A nivel nacional, desde el 12 de marzo al 11 de abril de 2020 se recibieron y coordinaron 6,819 alertas por violencia de género. Respecto al mismo período en el año 2019, se sostiene que hay una disminución del 37.2% (Servicio Integrado de Seguridad ECU 911, 2020). No obstante, ello no supuso una disminución de la violencia de género en nuestro contexto. Al contrario, reflejó la inoperancia del Estado ecuatoriano para comprender las necesidades de las mujeres en situación de violencia durante el confinamiento (p. ej., dificultad para acceder a los canales de denuncia al estar confinadas con sus agresores las 24h) y las limitaciones en las condiciones materiales de los sistemas de atención Estatales (Espinoza-Carvajal, 2020). Es decir, incrementaron los casos de violencia de género frente a otros tipos de violencia (Defensoría del pueblo, 2020).

De acuerdo al modelo ecológico propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS; 2004) se presentan varios factores de riesgo que actúan conjuntamente en la configuración de la violencia. Algunos factores predisponentes son la violencia en la infancia, el aislamiento social y el bajo nivel educativo (Vives-Cases et al., 2009). Las niñas/os y adolescentes están más expuestas a abusos sexuales y violaciones, ya que la mayoría de los agresores sexuales pertenecen a un entorno cercano o familiar (Vara, 2020). El confinamiento y las dificultades en el acceso a los canales de denuncia ha otorgado a los victimarios los medios para ejercer más control sobre las víctimas (Souza et al., 2020).

En definitiva, la pandemia por COVID-19 ha representado una amenaza para las mujeres en varios aspectos. Prueba de ello son los múltiples estudios sobre el tema, ya sea en países desarrollados o en vías de desarrollo (p.ej., Akel et al., 2021; Fawole, Okedare, & Reed, 2021; Mahmood et al., 2021; Sorenson, Sinko, & Berk, 2021; Usta, Murr, & El-Jarrah, 2021). En este sentido, es necesario investigar más sobre los mismos desde un enfoque de género. Este estudio tuvo como objetivo reportar las dificultades de un grupo de personas (hombres y mujeres) al realizar teletrabajo, el trabajo no remunerado y la violencia de género en el Ecuador.

 

 

  1. MÉTODO

 

Esta investigación utilizó un enfoque cuantitativo, de corte transversal al haber recabado los datos en un determinado momento. El alcance del estudio fue de tipo exploratorio y descriptivo (Hernández, Fernández, & Baptista, 2014), se buscó perfilar las variables de estudio desde un enfoque de género (Giuzio & Cancela, 2021).

 

2.1. Población y muestra

A partir de la última información disponible hasta la fecha (mayo) sobre la cantidad de personas que teletrabajan en Ecuador referida por Zapata (2019) y dado que no existía un censo reciente que posibilitara datos actualizados del registro estatal, se consideró como universo a 253,247 teletrabajadores. Utilizando una fórmula de muestra aleatoria simple con un margen de error del 5% y un nivel de confianza del 95%, el número ideal de sujetos para el estudio fue de al menos 384 personas. En consecuencia, el muestreo utilizado fue no probabilístico, de participantes voluntarios, logrando recolectar una muestra de 533 participantes.

 

2.2.      Instrumentos

Se diseñó una encuesta en línea a partir de resultados preliminares de investigaciones relacionadas efectuadas en otros países y de la revisión de las condiciones en el contexto ecuatoriano referente al teletrabajo. Aunque las encuestas en línea tienen varias ventajas, también existen limitantes a ser consideradas; entre las que destacan el problema de la subrepresentación de grupos que no tienen acceso a internet y la representatividad de la población al ser los participantes quienes eligen si participar o no (Tourangeau, Conrad, & Couper, 2013).

La encuesta constó de dos apartados. En la primera sección se recabaron datos sociodemográficos como edad, género, lugar de residencia, nivel educativo, estado civil, situación laboral y número de hijos. En la segunda se abordó información referente a las siguientes variables: el teletrabajo, el trabajo no remunerado (las tareas del hogar y de cuidado) y la violencia de género. La encuesta constó de 38 preguntas (opción múltiple y respuestas tipo Likert) con una duración aproximada de 10 minutos. Dado que la encuesta, en su mayoría, utilizó ítems de carácter nominal, se reportó únicamente el nivel de fiabilidad para la sección de teletrabajo, cuya escala de respuesta tipo Likert fue común (a=0.73).

 

.3. Procedimiento

La muestra fue recolectada en el transcurso de dos semanas (21 de mayo - 4 de junio de 2020). Se extendió una invitación para participar a diferentes organizaciones públicas y privadas de Ecuador, en donde los empleados realizaban teletrabajo. Además, se contrataron servicios publicitarios en la red social Facebook para acceder a diferentes lugares y poblaciones del país. En la introducción de la encuesta hubo una explicación del objetivo de la investigación, así como una clara declaración de que la participación sería voluntaria y una afirmación de que los datos se utilizarían bajo pautas éticas de confidencialidad. El único criterio de inclusión de los participantes fue estar realizando teletrabajo.

 

.4. Análisis de los datos

Dado el alcance exploratorio y descriptivo de este trabajo, presentamos los resultados utilizando tablas de frecuencia, estadísticas de tendencia central y dispersión. Para el análisis bivariado, se utilizó la prueba de independencia de chi-cuadrado.

 

 

3.      RESULTADOS

 

Los resultados de la encuesta aplicada se presentan en función de las variables de estudio y la caracterización en función del género. De los 533 participantes, el 71.5% pertenece al género femenino y el 28.5% al género masculino, en edades comprendidas entre 19 y 65 años, con una media de 41.98 años y una DT de 9.27. En la Tabla 1 se expone la caracterización específica de los participantes.

Con respecto al teletrabajo y las condiciones en las que se produjo, antes de la pandemia, los y las participantes percibieron que trabajaban un promedio de 8 horas al día, después de la pandemia trabajaban en promedio 9.68 horas (ver Fig. 1). Las mujeres declararon que no son más productivas cuando teletrabajan, en comparación con los hombres (78.9% vs. 21.1%; χ² [gl] = 16.849 [4]; p<.01). Respecto al no poder trabajar sin interrupciones, las mujeres manifestaron estar "totalmente de acuerdo", frente a los hombres (86,7% vs. 13.3%; χ² [gl] = 19.572 [4]; p=<.01). También fueron las mujeres quienes estuvieron “totalmente de acuerdo” con respecto a no poder separar las responsabilidades del hogar con el teletrabajo, a diferencia de los hombres (86% vs. 14%; χ² [gl] = 16.501 [4]; p=<.01). El no tener los conocimientos técnicos suficientes para ser productivo trabajando desde casa, las mujeres expresaron estar "totalmente de acuerdo", en contraposición con los hombres (84.2% vs