15.8%; χ² [gl] = 14.315 [4]; p=<.01). Por su parte, los hombres declararon proporcionar “totalmente” todos sus ingresos al hogar (53.9% frente a 49.9%; χ² [gl] = 17.688 [3]; p<.01). Las frecuencias fueron estadísticamente significativas en todas las variables mencionadas. Sobre las dificultades de no contar con los medios tecnológicos para ser productivo desde el hogar, no se encontraron diferencias significativas entre los dos grupos (χ² [gl] = 2.8093 [4]; p=.590). Ver la Tabla 2.

La Tabla 3 expone los resultados encontrados en torno a la percepción de colaboración en las tareas del hogar, el cuidado de los hijos, la implicación de la pareja y el nivel de reconocimiento en las mismas. La participación en las tareas del hogar fue “total” de las mujeres, frente a los hombres (55.4% vs. 35.5%; χ² [gl] = 18.73 [3]; p<.01). Los hombres reportaron que ayudan “más o menos” con las tareas de los niños, mientras que las mujeres se involucran “totalmente” (44.9% vs. 47.1%; χ² [gl] = 9.55 [3]; p=.023). En cuanto a la percepción de la implicación de la pareja en las tareas de cuidado y del hogar, las mujeres percibieron que su pareja se implica “en gran parte”, a diferencia de la percepción de los hombres (31.7% vs. 34.9%; χ² [gl] =39.65 [4]; p<.01). Con respecto al nivel de percepción frente al reconocimiento de la colaboración, una mayor proporción de mujeres informó que "a veces" son reconocidas (34.9% frente a 29.6%; χ² [gl] = 21.75 [4]; p<.01). Las diferencias en las frecuencias fueron estadísticamente significativas en todas las variables.

 

Figura 1. Percepción de horas laborales antes y durante la pandemia.

Chart, histogram

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En la Tabla 4 se reportan los niveles de violencia percibidos antes y durante la pandemia. Las mujeres informaron haber sufrido más violencia antes de la pandemia, en comparación con los hombres (5.92% frente a 16.7%). Las frecuencias fueron estadísticamente significativas (χ² [gl] = 10.875[1]; p<.001). Por su parte, durante la pandemia, las frecuencias reportadas de violencia por parte de los dos grupos no fueron estadísticamente significativas (χ² [gl] = 1.913 [1]; p<.05). En la Tabla 5 se exponen los tipos de violencia reportados antes de la pandemia, siendo la violencia psicológica la más frecuente (11.1%).

 

4.      DISCUSIÓN

 

El objetivo de este estudio fue arrojar luz sobre la realización del teletrabajo, el trabajo no remunerado y la violencia de género en una muestra de participantes voluntarios (hombres y mujeres) del Ecuador. Para ello, se realizó una encuesta en línea que se promovió a nivel nacional a través de la red social y mediante convenios con diversas instituciones. La encuesta fue exploratoria y no anhelaba representatividad estadística, por lo cual estos resultados deben considerarse como preliminares y no generalizables (Díaz, 2011).

En cuanto a las horas dedicadas al teletrabajo antes y durante el confinamiento, hay un incremento de aproximadamente una hora y media. Este cambio podría ser el resultado de la disolución de las fronteras entre el tiempo y el espacio (lugar de trabajo y el hogar). Se ha encontrado que los principales factores que dificultan este aspecto son la ausencia de horarios fijos y la necesidad de alargar la jornada laboral para conseguir los mismos objetivos (Soto et al., 2020). Al respecto, de Sousa Santos (2020) analiza los peligros de implementar el teletrabajo como un trabajo sin derechos porque en casa la gente puede estar trabajando por horas no pagadas.

En lo que respecta a las condiciones en las que se produjo el teletrabajo, se encontraron diferencias estadísticamente significativas en torno a la percepción de menor productividad, presencia de interrupciones, la ausencia de conocimientos tecnológicos y la dificultad para separar el teletrabajo con las tareas de cuidado y del hogar; siendo las mujeres las más afectadas en comparación con los hombres. No obstante, estos últimos percibieron que colaboran económicamente más en el hogar. Con respecto a la implicación en las tareas del hogar y de cuidado, los hallazgos evidencian diferencias significativas al ser las mujeres quienes manifestaron mayor implicación en comparación con los hombres, además de percibir que su pareja participa en “gran parte” y que “a veces” son reconocidas.

Estas dificultades para separar la esfera productiva (teletrabajo) de la reproductiva (trabajo no remunerado) se han encontrado en investigaciones relacionadas en diferentes contextos, exponiendo la exacerbación de las desigualdades de género (Benlloch & Aguado, 2020; Gonzáles & Cuenca, 2020; Saldívar-Garduño & Ramírez-Gómez, 2020; Soto et al., 2020). Además, otras investigaciones señalan que las dificultades parecen agudizarse al tratarse de madres solteras y ante la presencia de hijos/as en edad escolar (Valenzuela-García, 2020; Di Pasquale et al., 2021). Cabe mencionar que los hallazgos encontrados se contraponen a los postulados que defienden las bondades del teletrabajo al permitir compaginar y armonizar la vida laboral con la familiar (Tietze & Musson, 2010). Reforzando, de esta manera, los estereotipos de género y las desigualdades estructurales existentes (Giuzio & Cancela, 2021).

En esta misma línea, los estereotipos de género en nuestro contexto se asientan en un punto de referencia marianista, que ha representado históricamente a las mujeres en América Latina. Sus raíces radican en los valores cristianos implantados durante la colonización española que definieron a las mujeres como figuras nutritivas, alentaron la pasividad, el sacrificio personal, la castidad y las presentaron como los pilares espirituales de la familia.