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Entrevista:

Los cañaris y su lengua: entrevista a Oswaldo Encalada
Vásquez

Por Guillermo Cordero
Con ocasión de la publicación de Los cañaris y su lengua (2021), entre-
vistamos a su autor, Oswaldo Encalada Vásquez (Cañar, 1955). Doctor
en Filología, miembro correspondiente de la Academia Ecuatoriana de la
Lengua, narrador y crítico literario, ha dedicado buena parte de su labor
investigativa al estudio de las particularidades del español del Ecuador y
sus lenguas originarias.

A través de una llamada telefónica —para cumplir con las restricciones
impuestas por la pandemia—, Oswaldo nos contó sobre el proceso de
investigación cuyos resultados se presentan en su libro, los estudios que
le precedieron y sirvieron de basamento, el legado de Octavio Cordero,
las hipótesis sobre los rasgos distintivos de la lengua cañari y los estudios
que se plantean a futuro. En este sentido, la entrevista se abre como un
espacio desde el cual el autor reflexiona sobre su intento por construir
sobre los vestigios que quedan del cañari un edificio algo más seguro y
menos deleznable.

Guillermo Cordero: ¿Cuándo y cómo se despierta su interés por el len-
guaje de los cañaris?

Oswaldo Encalada: Bueno, mi interés es bastante antiguo en ese punto,
pero, como suele ocurrir a veces, es un interés que estaba poco presente,
no de forma muy cercana. La idea de trabajar este tema me viene des-
de que empezamos a estudiar la toponimia azuaya en el año 86, 87, no
recuerdo bien. Entonces siempre estaba pendiente, bueno, de saber qué
es. Es fácil reconocer lo que es quichua, pero yo decía, bueno, qué es

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lo cañari. Por simple eliminación o no. Así que tenía ideas, pero no me
concretaba a trabajar. Hasta que en estos últimos años, desde el 2013 me
parece, me decido a estudiar, leyendo lo que dice Matovelle1, leyendo lo
que dice González Suárez2, a ver qué es lo que pude ser lo cañari.

Entonces ahí encontramos la cuestión de González Suárez que está ab-
solutamente equivocado, hablando en términos lingüísticos. No puedo
yo opinar de la cuestión arqueológica, pero en términos lingüísticos está
totalmente equivocado. Entonces claro, cuando descarto eso voy a Mato-
velle y veo que coincide en algunas cosas con González Suárez, así que
voy dejando esas cosas y vuelvo a retomar lo que decía Octavio Cordero
Palacios3. Curiosamente hace cien años, como pongo en mi introducción,
él ya plantea que es importante reconocer y estudiar los vestigios mate-
riales, una olla, una punta de lanza, pero qué pasa con los vestigios no
materiales. Y él pone en su libro El quechua y el cañari [1923], la raíz
-cela, como cañari. Esto para mí fue importantísimo, porque he llegado
a considerar yo como un punto hipotético, teórico, que el cañari sí tenía,
en oposición al quichua, una fórmula lingüística para hacer patroními-
cos y gentilicios al mismo tiempo. Es el caso de la raíz -cela. Porque,
por ejemplo, cómo me explico yo, y ese era mi conflicto y mi discusión
interna, cómo me explico el significado de Cochancela, donde cucha es
laguna, o Guamancela. Entonces, claro, -cela quiere decir el que viene
de o el que desciende de, en términos tanto genéticos como geográficos,
de cierta persona o de cierta región. Eso dijo Octavio Cordero Palacios
hace más o menos cien años.

Entonces por ahí fue el primer pilar para fortalecer lo que es cañari. Lue-
go pasamos a la raíz -cay, a la raíz -zhuma o -shuma que aparece por
ahí. Sobre esta raíz -zhuma, por ejemplo, el informe que hace Hernando

1 Matovelle, J. (1921). Cuenca de Tomebamba, Cuenca, Ecuador: Imprenta de la
Universidad.

2 González Suárez, F. (1965). Estudio histórico sobre los cañaris pobladores de
la antigua provincia del Azuay, Cuenca, Ecuador: Universidad de Cuenca.

3 Cordero Palacios, O. (1981). El quechua y el cañari, Cuenca, Ecuador: Univer-
sidad de Cuenca

Pablos habla de que en la zona de Santa Isabel y Girón se encontraba
este cerro llamado Xamenxuma o Jamenjuma. Entonces, está claro, si
es cerro, ahí está la raíz -zhuma [-xuma, -juma]. Y nosotros tenemos
al Huahualzhuma y cantidad de -zhuma o -xuma aquí en el Azuay para
designar a los cerros, a las montañas. Entonces ahí tenemos una tercera
raíz: tenemos -cela, tenemos -cay, tenemos -zhuma. Tenemos también
-del, que Francisco Talbot4, hace setenta, ochenta años, propuso que esta
raíz era cañari y que significaba llanura, como Gullandel, por ejemplo
como Labadel, etc. Entonces iba recogiendo esto y confrontando con los
datos que tenía de la toponimia de modo que pude establecer, siempre
quedará un poco en términos hipotéticos, como unas 20, 25 raíces. Luego
de hecho esto, confronté nuevamente con la investigación toponímica
y fui encontrando raíces generalmente monosilábicas como -cay, como
-del, que podían ser, con un alto grado de certeza, netamente cañaris.
Por eso, en mi proyecto de libro hay muchas raíces que son solamente
monosilábicas. Está, por ejemplo -ir, -il. Otras cosas que pude ver es que
la l (ele) y la r (ere) son intercambiables, cosa que no es solamente nues-
tra, sino del quichua y del español también. Entonces un poco así he ido
construyendo esto y también, en términos comparativos, viendo lo que
hay en el norte y lo que hay en el sur. Porque en el norte, por ejemplo, a
nuestro gullán le llama taxo. Entonces, claro, si es que taxo tiene origen
panzaleo o quichua, gullán bien puede ser cañari. Un poco por elimina-
ción también. Creo que con eso he ido construyendo este libro que va
precedido por noticias sobre la etnia, sobre el territorio, sobre el mito,
nosotros tenemos el mito de las guacamayas.

GC: Ahora que lo menciona, en la primera parte de la obra, dedicada a
las noticias sobre el pueblo cañari, usted ordena y presenta los materia-
les, pero sin analizarlos, la voz del narrador casi no interviene, deja que
hablen los cronistas, los viajeros.

4 Tálbot, F. (1932). Ensayo de diccionario toponímico del Azuay, en Revista del
centro de Estudios Históricos y Geográficos, entregas 21, 22, 23, 24. Volumen VI. Cuen-
ca, Ecuador: s/ed.

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OE: Para esto me baso yo en el padre Hervás y Panduro, jesuita que fue
expulsado de América, él dijo esto, no es una aseveración mía, y yo creo
que él tiene mucha razón. Porque, por ejemplo, la diferencia, hablo de lo
tonal, entre España y Francia, es el sustrato ibérico en el un caso y el sus-
trato galo en el otro caso. Sin tomar en cuenta la evolución de la sintaxis
o la evolución de los sonidos, solo como entonación, esa es la diferencia:
el sustrato ibérico y el sustrato galo. Entonces aquí también es posible que
nuestros hablantes quichuas de hace 300 años, 400 años, hablaran quichua
pero ya con tono de cantado cuencano que vendría a ser un tono de cantado
cañari en realidad.

GC: Antes de este libro, ¿publicó algún otro trabajo sobre la lengua cañari?

OE: No. Salvo los listados, los grandes listados de la toponimia, primero
azuaya y luego ecuatoriana5, pero nada en forma particular de lo que es
cañari. Es el primer trabajo que hago, pero digamos este trabajo se conecta
a través del tiempo y de las circunstancias, favorables por ser el centenario,
y bicentenario [de la Independencia], con el trabajo de Octavio Cordero
Palacios. Él propuso hace cien años hacer esto. Ahora que se cumple ese
centenario, retomo la idea y trato de adelantar un poco más para llegar a te-
ner un conocimiento un poco más seguro y certero de lo que fue el cañari.

GC: Junto con lo que me acaba de decir, otro elemento que usted toma
de Octavio Cordero, así lo escribe en la introducción, es el rigor científico
para no caer, como usted lo dice, en etimologías antojadizas.

OE: Claro, yo me he cuidado mucho en ese sentido de desvariar con la
imaginación en cuanto a las etimologías. En otros trabajos yo he criticado
duramente lo que hizo Aquiles Pérez6, por ejemplo. Creo que sí pongo algo
de Aquiles Pérez [en este libro] también. O etimologías como las que pro-
pone Mary Corylé, por ejemplo, que no tienen nada, pero absolutamente

5 Encalada, O. (2002). Diccionario de la toponimia ecuatoriana. Cuenca, CI-
DAP/Universidad del Azuay.

6 Pérez, A. (1978). Los cañaris, Quito, Ecuador: Casa de la Cultura Ecuatoriana.

OE: Exactamente, esa es la idea de la primera parte, recoger voces y es-
cuchar qué dicen esas voces sobre este cuento. Para mí es importantísimo,
es como el escenario: uno está sentado y, mientras espera que comience la
obra, escucha por el altoparlante a una voz que introduce lo que se va a pre-
sentar dentro de poco. Entonces sí, se trata un conjunto de voces, diversas
muchas de ellas, de los cronistas, pero no solo de ellos, que van como am-
bientando cómo eran, quiénes eran los cañaris. Ese fue el objetivo, recoger
de forma orgánica diversas voces, como digo, que proyectan a su modo
una especie de luz, a veces clara, a veces no tan clara, sobre esta etnia.

Luego, aparte de las raíces, he puesto al final una serie de palabras que no
encajan como raíces, como listado de raíces, pero que me parece que son
netamente cañaris. Hablo del gullán, hablo del ároc, esa hermosa concha
blanca. Hablo de bura, y de bura sale Buradel, la llanura de la bura, Bu-
rashún
que es el cerro de la bura, etc.

GC: Me llamó la atención que muchos de los términos que usted analiza
en su libro son términos híbridos quichua-cañaris.

OE: Sí, de hecho, y al revés también. Esto hablaba con María Rosa [Cres-
po] la semana pasada, que se interesó mucho por las palabras híbridas
mezcla de quichua y cañari y al revés también. Entonces, por ejemplo, qui-
chua-cañari tenemos el caso de Yanuncay, porque se forma de yana (negro
en quichua) y -cay (río en cañari), es un río de aguas oscuras. Asombroso,
¿no es cierto?, eso es quichua-cañari. Pero, por ejemplo, hablar de Gu-
llanshapa
es, en cambio, hablar de cañari-quichua. Porque gullán es cañari
(frente al taxo del norte) y -shapa (con ese o con zeta, eso no importa), que
significa abundante o lleno de, es quichua. Entonces Gullanshapa es un
sitio donde hay abundancia de gullanes. Por eso, inclusive en los nombres,
como se puede ver, hay hibridación, mixturación de las raíces, lo que nos
deja ver, a su vez, otra cara del mestizaje.

GC: En su obra usted también asevera que el cantado cuencano o azuayo
tiene un origen cañari.

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GC: A propósito del catecismo de Gabriel de Minaya, usted menciona en
su libro que solo hay registro del encargo.

OE: Exacto, pero no sabemos más. Me preguntaba yo, aquí hay dos
opciones. Bueno, o no tuvo tiempo de hacerlo o lo hizo, pero está extra-
viado en España o en algún sitio, como pasó con el manuscrito de Gua-
mán Poma de Ayala que encontraron en Estocolmo, me parece. Entonces
mientras no se encuentre eso, como digo, siempre estaremos caminando
en una especie de arena movediza acerca de qué mismo es lo cañari.

GC: Así como la obra de Cordero significó un punto de partida para
iniciar sus estudios sobre el cañari, ¿su obra podría ser tomada como una
invitación a otros estudiosos a acercarse a la cultura cañari y a seguir
profundizando el conocimiento en torno a ella?

OE: Por supuesto. Yo como pretensión quisiera que este sea también un
granito de arena en el cauce de los estudios sobre el cañari. Octavio Cor-
dero fue el primer cañarista, como yo pongo ahí [en la introducción]. Yo,
como digo, pongo un granito de arena para que después venga un nutrido
grupo de cañaristas que investiguen la lengua, que investiguen desde un
punto de vista antropológico, que investiguen los mitos, en cuestiones de
culinaria, de pronto. Cuestiones de fitonimia, de zoonimia. Bueno, a mí
me interesa mucho la cuestión mítica, de pronto, ciertos miedos, ciertas
celebraciones, ciertas cuestiones artísticas también tienen raíces cañaris.

Cuenca, septiembre de 2021

nada de real. Lo mismo el caso de González Suárez. Alguien se imagi-
na que [un término o raíz] puede ser centroamericano, maya, yucateco
o azteca y se pone a fantasear. Entonces yo en ese caso he tratado de ser
sumamente prudente para no enfangarme en suposiciones que no tienen ni
pies ni cabeza.

GC: Claro, prefiere remitirse a los datos.

OE: Exactamente. Aquí hay un punto en el cual la palabra y el objeto, la
palabra y la realidad son las que mandan. Si es que hay corrientes de agua
en esa zona que llevan la raíz -cay es porque esa raíz significa agua o río.
En tanto las terminaciones -zhuma, -shún significan cerro cuando forman
parte de la denominación de un cerro. Acá por Gualaceo esta Caguashún,
por ejemplo, el Huahualzhuma es un cerro, y el nombre antiguo de Turi,
según dice Diego Arteaga, era Bullachuma. Claro, como digo, es la con-
frontación del signo con la realidad la que me permite con cierta seguridad
asentar los pies firmemente para decir esto sí es cañari.

GC: ¿Desde qué aproximaciones metodológicas aborda el estudio del ca-
ñari?

OE: Primero la confrontación entre elementos, elementos léxicos quiero
decir. Ahora claro, está el tema de la segmentación del signo, pero cierta-
mente pongo por ahí [en el libro] que, al ser un terreno todavía muy des-
conocido, sí hay un riesgo. Es posible que haya caído también en eso, de
que esa segmentación pudiera haber sido llevada a un extremo. De modo
que podría estar queriendo dividir lo indivisible. Claro, ese es el riesgo de
estudiar una lengua desconocida y de la cual no existen huellas.Otra cosa
fuese si hubiera el catecismo de Gabriel de Minaya7.

7 Oswaldo Encalada hace referencia al encargo que en 1583 el obispo don Fr.
Luis López de Solís hiciera al presbítero Gabriel de Minaya de escribir un catecismo en
lengua cañar y puruhay, sin que se haya podido comprobar si esta empresa fue llevada
a cabo o no. La información sobre este encargo es referida por González Suárez en su
Historia general de la República del Ecuador (1890-1903).