MIME-Version: 1.0 Content-Type: multipart/related; boundary="----=_NextPart_01D8A823.B6943E80" ------=_NextPart_01D8A823.B6943E80 Content-Location: file:///C:/70F640D2/file6642.htm Content-Transfer-Encoding: quoted-printable Content-Type: text/html; charset="macintosh"
ÒLo mismo pueden =
ser
rusos blancos, jud’os alemanes o comunistas espa–oles o italianosÓ=
=
=
[1]:
los pasaportes Nansen en las leyes de extranjer’a del Ecuador.
ÒIt is the same if they = are white Russians, German Jews or Spanish or Italian communistsÓ: the nansen passport in the Ecuadorian laws on foreignersÓ<= o:p>
Òƒ o mesmo se forem russ=
os
brancos, judeus alem‹es ou comunistas espanh—is ou italianosÓ: passaportes <=
span
class=3DSpellE>Nansen nas leis de imigra�‹o equatorianas
Agatha Rodr’guez Bustamante
Lateinamerika-Instit=
ut
(LAI), Freie UniversitŠt B=
erlin
agatharodriguezbustamante@gmail.com
ÒHay cosas que uno quiere olvidar, q=
ue
hay que aceptar porque han ocurrido, pero en las que nadie quiere volver a
pensarÓ.
Agatha Christie
Este art’culo es parte= de mi trabajo doctoral titulado ÒEn busca de Òlos extranjeros que profesen ciencia, arte o industria œtilÓ: leyes de extranje= r’a y migraciones europeas en el Ecuador de finales del siglo XIX y principios d= el XXÓ, investigaci—n con la que propongo reconstruir c—mo fueron instrumentalizadas las cinco leyes de extranjer’a promulgadas en distintos contextos desde finales del siglo XIX y que fueron puestas al servicio de un proyecto estatal que buscaba atraer a profesores europeos, que por diversas razones hab’an decidido inmigrar o exiliarse y escogieron AmŽrica Latina com= o destino. Este grupo de personas, segœn la visi—n estatal plasmada en los informes ministeriales y otra documentaci—n gubernamental, pod’a contribuir = a la consecuci—n del anhelado progreso material de naciones en ciernes (Freile= , 1911, p. 42; Aguirre Aparicio, 1920, p. 54). Esto podr’a alcanzarse a travŽs del desarrollo agr’cola e industrial, pero tambiŽn a travŽs de una educaci—n centrada en lo cient’fico. Esta idea estaba extensamente difundida entre las Žlites de los pa’ses latinoamericanos durante finales del siglo XIX y principios del XX. <= o:p>
A
grandes rasgos este es el objetivo de mi investigaci—n. Sin embargo, el volu=
men
del material documental y el espacio temporal que estoy revisando abri— la
posibilidad de mirar otros procesos que pueden ser estudiados tanto dentro d=
e
mi tesis como de forma independiente por las caracter’sticas que presentan.
Este es el caso del reconocimiento por parte del Ecuador de los pasaportes
Nansen, tema del que nada se ha escrito de forma sistem‡tica. En este art’cu=
lo
analizaremos con que intenci—n fueron introducidos en las leyes y reglamento=
s
sobre extranjer’a, a quiŽnes permiti— la entrada en el pa’s debido a su
supuesta utilidad para el proyecto de progreso e intentaremos reconstruir c—=
mo
en este proceso se salvaron vidas.
Los
pasaportes Nansen fueron dise–ados en 1922 y tuvieron validez hasta 1942, a–=
o
en que dej— de funcionar en la pr‡ctica la Sociedad de las Naciones que los
exped’a. Se pensaron como una medida para solucionar la situaci—n en la que
quedaron miles de personas despuŽs de la Primera Guerra Mundial que tuvo com=
o
una de sus mœltiples consecuencias crear una nueva configuraci—n del mapa
europeo en la que desaparecieron imperios y se crearon pa’ses dejando a mile=
s
de personas en un limbo legal en cuanto a su nacionalidad. Asimismo, la
Revoluci—n Rusa oblig— a rusos disidentes, a quienes Lenin retir— la
nacionalidad, a emigrar a otros pa’ses sin ningœn documento que los respalde=
,
por lo que fueron sus principales beneficiarios.
Los
ap‡tridas o sin patria podr’an optar por este documento para viajar sin
problemas pues ten’a el aval de la Sociedad de las Naciones, pero no otorgab=
a
ciudadan’a, ni la seguridad de volver al lugar de origen. En un futuro no mu=
y
lejano tambiŽn ser’a usado por quienes a pesar de poseer una nacionalidad no
pod’an hacer uso de Žsta por diversas razones, este fue el caso de los jud’o=
s
que perdieron la nacionalidad alemana durante el rŽgimen nacionalsocialista.
Ecuador hizo efectiva su entrada a la Sociedad de las Naciones en 1934 y, po=
r
lo tanto, adquiri— varios de los compromisos de este organismo, entre esos
reconocer los pasaportes Nansen y aceptarlos como un documento v‡lido para
ingresar a su territorio, pero siempre lo hizo con matices y dejando muchos
vac’os en el camino (Ponce Borja, 1935, pp. 204-205).
Debemos
considerar que Ecuador no era uno de los pa’ses favoritos de los inmigrantes
europeos durante la Žpoca de las migraciones masivas que llevaron a millones
hacia Argentina, Brasil o Estados Unidos. De hecho, Ecuador estaba por detr‡=
s
de pa’ses m‡s peque–os como Uruguay, pues este le aventajaba en otros aspect=
os
que lo hac’an m‡s atractivo. Las leyes que regulaban los temas de extranjer’=
a
datan de finales del siglo XIX, no as’ las preocupaciones sobre la definici—=
n
del extranjero, que est‡n presentes desde la fundaci—n de la repœblica, as’
como sobre las contribuciones o problem‡ticas que pod’an representar. En
ÒLegislaci—n sobre el extranjeroÓ, escrito por Antonio Flores Jij—n en 1873,=
ya
se planteaban ideas sobre la selecci—n de inmigraci—n al cuestionar la
presencia de los inmigrantes chinos, pero tambiŽn se esbozaban ideas sobre e=
l
control de los inmigrantes residentes en el pa’s, lo que se normar’a en las
leyes de extranjeros de 1886 y 1892, mientras que la selecci—n de inmigrante=
s
que era una pr‡ctica comœn, reciŽn se normar’a despuŽs de la dŽcada de 1920.
Este escrito aparece como un ÒapŽndiceÓ en el texto Derecho Pœbl=
ico.
Inmigraci—n China (Flores Jij—n, 1889, pp. 23-46).
Esta
tem‡tica puede dar para una largu’sima discusi—n, pero en este trabajo
solamente lo apuntaremos para afirmar que siempre existi— la preocupaci—n po=
r
seleccionar la inmigraci—n a travŽs de categor’as que para entonces estaban
vigentes y que se construyeron a partir de las teor’as eugenŽsicas que
impregnaban los c’rculos cient’ficos de la Žpoca y que eran consideradas
v‡lidas. En las dŽcadas posteriores a las primeras leyes de extranjeros
promulgadas en el Ecuador, la categor’a de ÒdeseablesÓ, vinculada al blanco
europeo y a una buena conducta y una moralidad probada y de ÒindeseablesÓ o
ÒperniciososÓ, categor’as vinculadas a las ideas que permitieron la exclusi—=
n
de ciertos grupos, por ejemplo, de los ciudadanos chinos, se implementaron c=
omo
la forma de selecci—n de los inmigrantes. Esto es evidente en un documento <=
span
style=3D'color:black'>de agosto 1906 a la legaci—n en Par’s, en el cual se p=
ed’a
fomentar la colonizaci—n del Oriente, pero los inmigrantes que los contratis=
tas
trasladasen deb’an tener una moral intachable y buena salud, adem‡s de los
documentos que prueben dichas afirmaciones para evitar elementos perniciosos=
.
La idea era traer Òbrazos para explotar las riquezasÓ, pero, segœn indica el
c—nsul A. Moreno, los acontecimientos en Europa, sobre todo en Rusia, la gue=
rra
ruso-japonesa (1904-1905) y la agitaci—n pol’tica de 1905, hac’an presumir q=
ue
Òfuesen de esos jud’os rusos (É) que no presentan garant’as de moralidad y
aptitudes para un trabajo pr‡ctico de agriculturaÓ (Moreno, 1906) por lo que
deb’a aplicarse una rigurosa selecci—n.
A
medida que los acontecimientos globales se precipitaban, las categor’as se i=
ban
perfeccionado y ya no estaban solo vinculadas a la idea de la raza, muchas
veces equivalente a la nacionalidad, como en el caso de los chinos que para
finales del siglo XIX ten’an prohibido emigrar a casi todo AmŽrica Latina. A
medida que el siglo XX avanzaba, las pol’ticas migratorias tambiŽn comenzaro=
n a
rechazar a personas que promovieran Òideas extra–asÓ, que perturbasen el ord=
en
establecido, y as’ poco a poco se ir’an construyendo nuevas categor’as, entr=
e
las que destacaba la de ÒbolcheviqueÓ asociada a lo indeseable.
En el
marco de las nuevas migraciones que provoc— la Primera Guerra Mundial y la
Revoluci—n Rusa, adem‡s de otros conflictos y crisis en Europa, el Ecuador
promulg— una nueva ley en 1921, esta vez denominada de extranjer’a, extradic=
i—n
y naturalizaci—n, que de entrada marcaba distancia con la de 1892 al contemp=
lar
con mayor detenimiento la extradici—n y naturalizaci—n de los extranjeros
domiciliados en el pa’s. No tenemos el espacio para analizar completamente l=
a
ley, sin embargo, para el trabajo que presentamos es importante se–alar el c=
ap’tulo
III: Admisi—n de Extranjeros, que muestra la forma de seleccionar a los
inmigrantes. Impl’citamente los inmigrantes estaban divididos en ÒdeseablesÓ=
,
los que al llegar al Ecuador se dedicasen a la agricultura, la industria o
ciencias y artes, e ÒindeseablesÓ, estos œltimos eran los Òlocos (É), mendig=
os
de profesi—n, los vagabundos, los enfermos (esto era definido por reglamento=
s
sanitarios), los que no hubieren sido admitidos en otros pa’ses (É) o
condenados en el extranjeroÓ (Poder Legislativo, 1921) y un largo etc., que
constituye el art. 22. En definitiva, dividiŽndolos en œtiles y en elementos
perniciosos. Sin embargo, el art. 23 en opini—n de nuestro trabajo contradic=
e
esta forma de selecci—n o al menos la aplicaci—n del art. 22, al explicar qu=
e
Òno se aplicar‡ la disposici—n anterior a los condenados por motivos pol’tic=
os
o religiosos, o por hechos con ellos anexos, ni a los que pretendan asilarse=
en
el pa’s para salvar su vidaÓ (Poder Legislativo, 1921). Esto cre— una de las
primeras contradicciones ya que directamente abrieron un vac’o legal al
realizar una lista de los supuestos inadmisibles y enseguida dejaba la puert=
a
abierta a quien quisiera salvar su vida por motivos que el Ecuador ve’a como
lejanos, aunque en la pr‡ctica no lo eran, por lo que estaba dispuesto a
recibirlos. Este tipo de contradicciones que abrieron las fronteras ser‡ alg=
o
constante en las leyes del Ecuador. A esto se sumaba que si el peticionario
ten’a una profesi—n que el Ecuador pudiera aprovechar, no se dudaba mucho en
otorgar la visa, como se puede verificar en las decenas de solicitudes
aceptadas para que en la dŽcada de los veinte varios inmigrantes europeos
entraran al Ecuador a dedicarse a la agricultura, a ciertas industrias, a
colonizar y a ense–ar en colegios y sobre todo en institutos superiores y en
las universidades.
El
Ecuador fue uno de los pa’ses que menos ventajas ofrec’a a los posibles colo=
nos
europeos. Los c—nsules estaban instruidos para ofrecer por parte del Estado:=
una extensi—n de 200 hect‡reas para cada familia, c=
on
ventajas de abundante fertilidad y de ser un hospitalario pa’s, que se da (e=
l
terreno) al emigrante ya sea agricultor, obrero o industrial en posesi—n de =
una
profesi—n, siempre que tenga buena salud f’sica y moral (Arteta, 1925).
Esto
fue publicado en GŽnova en 1924 en un art’culo que escribi— el c—nsul sobre =
las
ventajas del Ecuador y en las que resalt— a la legislaci—n ecuatoriana como
abierta a recibir a inmigrantes y a ofrecer ventajas como el buen trato que =
sus
leyes dispensaban. Sin duda, la ventaja m‡s grande que ofrec’a eran estas le=
yes
que eran menos restrictivas que otras de su clase en SudamŽrica.
Otro
art’culo importante de la ley de 1921 era la obligaci—n de obtener una visa,=
lo
que no estaba normado hasta la promulgaci—n de esta ley. El inmigrante deb’a
obtener una visa otorgada por el c—nsul del Ecuador, de Carrera o ad hono=
rem,
lo que dej— en manos de Žstos la decisi—n de admitir o no a los extranjeros.=
En
esta ley tambiŽn podemos observar varios art’culos favorables a los refugiad=
os,
pero una serie de denuncias realizadas contra los contratistas para coloniza=
r
terrenos en el Ecuador y contra el mismo Estado precipit— la decisi—n, emiti=
da
en diciembre de 1926, de negar visas a todos sin excepci—n, como confirmaba =
en
julio de 1927, el c—nsul de Viena Julio Rosensto=
ck,
quien aseguraba que segu’a negando visas a emigrantes que quer’an radicarse =
en
el pa’s (Rosenstock, 1927). Para la dŽcada de 1920 los pasaportes Nansen era=
n
reconocidos solamente por los miembros de la Sociedad de las Naciones, por l=
o
que no es raro que no se diga nada sobre estos en las solicitudes que revisŽ=
,
lo que no implica que no fueron usados para intentar emigrar al Ecuador.
La dŽcada de los treinta ser‡ una Žpoca de nuevos retos para la
legislaci—n sobre extranjer’a del Ecuador. En 1931, levantada la prohibici—n=
,
se emiti— un Reglamento de Pasaportes, por primera vez, que intentaba
regularizar y llenar los vac’os de la ley, pero siguiendo la l’nea de
selecci—n, control y aceptaci—n de Òelementos œtilesÓ, mientras tanto otros
pa’ses antes receptores de inmigrantes cerraban sus fronteras a travŽs de le=
yes
cada vez m‡s restrictivas (Domenech, 2015). Ecuador no cambiar’a su ley, per=
o
emitir’a este reglamento para intentar controlar el tipo de inmigraci—n que
recib’a, aunque como veremos dej— varios puntos a la interpretaci—n del c—ns=
ul
y a las —rdenes emitidas por el ministro segœn el caso que se presentase; en
una palabra, reinaba la improvisaci—n. Esta normativa se dio fundamentalment=
e
para: 1. Defender la seguridad pœblica de elementos nocivos a travŽs del
control de la inmigraci—n y 2. La conveniencia de reglamentarla a travŽs de =
la
expedici—n de pasaportes y visas en regla. As’, la visa se convirti— en el
œnico boleto de entrada al Ecuador y en muchos casos la oportunidad de escap=
ar
de la miseria econ—mica y de las continuos conflictos. Recordemos que la dŽc=
ada
de 1930 fue el pre‡mbulo de la guerra que vendr’a y las tensiones eran
frecuentes.
El pasaporte deb’a contener informaci—n precisa, que, si la comparamo=
s,
ped’an los mismos datos que una ficha policial para entonces, siendo un
instrumento de absoluto control, antes solo aplicado a los inmigrantes chino=
s.
Los c—nsules deb’an realizar un trabajo detectivesco para visar un pasaporte
ampar‡ndose en el art. 22 de la ley que en este reglamento se copiaba
’ntegramente e imped’a la entrada de extranjeros ÒindeseablesÓ. La œnica
excepci—n para entrar al pa’s sin visa se aplic— a quienes ven’an para
colonizar ciertas regiones y se sumaba a lo que se ofrec’a como facilidad. E=
n
este reglamento no existe ninguna referencia al reconocimiento de pasaportes
Nansen o certificados de identidad o viaje, lo que no es raro, pues Ecuador =
aœn
no era parte de la Sociedad de las Naciones, pero los treinta representaron
grandes desaf’os en temas migratorios, incluyendo el reconocimiento de estos
documentos, que hicieron que se promulgaran en esa dŽcada m‡s leyes y
reglamentos sobre este tema que en los cincuenta a–os anteriores.
A travŽs de la correspondencia consular observaremos algunos de estos
desaf’os, entre los que destacaba la selecci—n y control de la inmigraci—n c=
on
un reglamento m‡s bien ambiguo. Entre 1932 y 1934 nos situaremos en GŽnova y
Amberes, dos puertos y por lo tanto puntos estratŽgicos, en los que los
consulados eran muchas veces m‡s importantes que las legaciones que estaban =
en
las capitales europeas. A su cargo estaban, Luis F. Veloz y JosŽ Ram—n Bolo–=
a,
respectivamente. Desde Amberes se notificaba que la recepci—n de este nuevo
reglamento permitir’a Òseleccionar la inmigraci—nÓ para evitar la llegada de
elementos ÒindeseablesÓ (Bolo–a, 1932), lo que era secundado por el c—nsul e=
n
GŽnova que para mayor seguridad enviaba el listado de pasaportes concedidos =
e
informaba que Òde la Europa Oriental son expulsados d’a a d’a, co=
n
pasaportes en regla de las respectivas autoridades, miles de jud’os
bolcheviques indeseables que aparentemente son inofensivos. De estos han ido
algunos al Ecuador, a contribuir con sus doctrinas y experiencias a organiza=
r
ese partido funestoÓ (Veloz, 1934), reconociendo que, aunque muchas personas
ten’an sus papeles en regla eso no significaba que fueses ÒinofensivosÓ pues
eran expulsados de sus pa’ses por su filiaci—n pol’tica, pero la ley
ecuatoriana no ten’a raz—n para no otorgar la visa solicitada si cumpl’an co=
n
los requisitos, lo que en su opini—n era preocupante, lo que se explica por =
su
evidente anticomunismo. Sin embargo, deb’an cumplir con la ley que no era cl=
ara
sobre este punto y en la gran mayor’a de los casos se otorgaban las visas. E=
stos
casos en los que el c—nsul objetaba la idoneidad de los inmigrantes se repit=
en
en todos los consulados que revisŽ.
Con
estos antecedentes, en mayo de 1934 la Canciller’a a travŽs de una circular
ordenaba a los c—nsules tener el m‡ximo cuidado con los pasaportes que visab=
an
y enviar listados de los pasaportes, pero es una orden que se prestaba para =
la
interpretaci—n del funcionario, y el aluvi—n de consultas no se hicieron
esperar, pues lo que era conveniente para unos, no lo era para otros. Un eje=
mplo
es la solicitud de un veterinario ucraniano refugiado en Francia que deseaba
ser contratado para la Escuela de Veterinaria de Quito y que el c—nsul ve’a =
con
buenos ojos a pesar de su procedencia y la falta de documentaci—n que
respaldasen su condici—n de no ÒperniciosoÓ, aqu’ vemos que la ley se aplica=
ba
a discreci—n.
Cuando
se hizo efectiva la entrada del Ecuador a la Sociedad de las Naciones
comenzaron las dudas sobre los certificados Nansen y similares. JosŽ Ram—n
Bolo–a, consultar’a, a travŽs de un comunicado titulado Òpasaportes
especialesÓ, cu‡l deb’a ser el procedimiento ante los Òcertificados NansenÓ,
indicando que, por la crisis econ—mica y las distintas restricciones cada ve=
z
m‡s personas quieren viajar a AmŽrica del Sur. Adem‡s, dec’a que exist’an do=
s
categor’as de inmigrantes: la de refugiados rusos y los de nacionalidad
indeterminada. Los primeros recib’an el Certificado Nansen, al que Bolo–a
defin’a como carta de identidad o pasaporte provisorio, mientras que los
segundos tambiŽn son rusos blancos que obtienen t’tulos de identidad o de vi=
aje
Òque nada prejuzgaba su nacionalidadÓ (Bolo–a, 1935) y les permit’a viajar y
moverse en Europa. Basado en esta diferenciaci—n Bolo–a realiz— un an‡lisis =
del
reglamento de 1931 y pidi— instrucciones sobre c—mo proceder ya que exist’an
varios casos a la espera de una respuesta. Argumentaba que los certificados
Nansen y los certificados de viaje son aceptados en toda Europa, pero que
cumplir’a con lo que se disponga. El an‡lisis era el siguiente:
En primer lugar, indicaba sobre el art. 25 de la Le=
y
de Extranjer’a de 1921: ÒTodo individuo extranjero para ser admitido en el
Ecuador, debe presentar sus pasaportes visados por el C—nsul ecuatoriano del
puerto donde se haya embarcado (...)Ó (Poder Legislativo, 1921). Bolo–a nota=
ba
que este art’culo dice ÒpasaportesÓ y no otro documento, como los certificad=
os
que a su juicio eran supletorios y que algunos se han conferido por una
Convenci—n que ni siquiera fue aprobada por el Ecuador, y estaba en lo ciert=
o,
porque el reglamento y la ley solo hablaban de pasaportes, ÀquŽ hacer? era l=
a
pregunta, pues muchos de estos inmigrantes eran ÒdeseablesÓ en los tŽrminos =
que
ya describimos, solamente no ten’an un pasaporte, tal como lo defin’a la ley=
.
Finalmente se otorgaban muchos visados obviando este tecnicismo.
En segundo lugar, argumentaba que el reglamento de
pasaporte de 1931 en su art. 4 dec’a que ÒEn todo pasaporte deber‡ constar e=
l
nombre y nacionalidad del viajero; su oficio, profesi—n o empleo (É)Ó, (Reglamento de Pasapor=
tes,
1931), pero que en su condici—n de ap‡trida no se pod’a cumplir con la
solicitud de anotar la nacionalidad del portador (Bolo–a, 1935). Segœn Žl es=
ta
falta de informaci—n invalidar’a el documento. Este tipo de contradicciones
mostraba que la legislaci—n ecuatoriana estaba desfasada de los acontecimien=
tos
europeos, lo que era, sin duda, una complicaci—n ya que la migraci—n deseada
proven’a de este lugar en espec’fico. Estas contradicciones eran resueltas d=
e
acuerdo con el arbitrio del c—nsul o la canciller’a, que finalmente tomar’an
una decisi—n de acuerdo con la ÒutilidadÓ del inmigrante, por las
recomendaciones y muchas veces por razones humanitarias, porque a pesar de q=
ue
este razonamiento fuese compartido por todos los c—nsules en Europa, los pas=
aportes
Nansen y similares fueron aceptados y se otorgaron los visados.
TambiŽn estaba el otro lado del asunto, cuando las
sospechas pesaban m‡s. Fue el caso del nuevo c—nsul de GŽnova Carlos A. Arte=
ta,
quien se dirigi— a la canciller’a para consultar sobre los Òcertificado
NansenÓ, y preguntaba ret—ricamente ÀquŽ era un pasaporte y quŽ no? Esto sur=
gi—
al presentarse dos personas que pose’an un Òdocumento de identidad nacionalÓ=
y
un Òverdadero pasaporte alem‡nÓ con los que intentaban dejar Europa a travŽs=
de
Italia, aunque su residencia era Alemania. Obviamente eran jud’os que
intentaban huir, pero su actitud le pareci— tan sospechosa al c—nsul que se
neg— a otorgar la visa y, adem‡s, arguy— que lo hac’a porque hab’a recibido
noticias de Òque los inmigrantes intentan entrar=
a
AmŽrica Latina por Ecuador, ya que ten’a tarifas menores y por supuesto la l=
ey
era "laxa". Luego se iban a otras naciones con acceso m‡s
restringidoÓ (Arteta, 1935).
Ante este descontrol por decirlo de algœn modo, la
canciller’a env’o una nueva circular a mediados de 1935 donde se dieron
instrucciones de visar los pasaportes Nansen de los refugiados rusos, pero n=
o
ten’a especificaciones para los ÒT’tulos de iden=
tidad
o viajeÓ otorgados por otros pa’ses europeos, pero lo cierto es que estos do=
cumentos
se usaban y los c—nsules ecuatorianos los aceptaban. Este fue el caso de
Alejandro Onitchenko quien lleg— contratado para la Escuela de Minas con un
t’tulo de identidad, que el c—nsul reconoci— por conveniencia, despuŽs de to=
do
el gobierno lo estaba contratando. Lo mismo sucedi— con el ingeniero Alexis
Lochkareff, pero Žl y su familia ten’an pasaportes Nansen como refugiados
rusos. No se pidieron explicaciones y la visa se otorg— pues llegaba para
ense–ar en la misma escuela que Onitchenko (Rodr’guez Bustamante, 2022).
Segœn el vicec—nsul en Hamburgo, Jorge
EgŸez esto era m‡s comœn de lo pensado y cre’a necesario normar el
reconocimiento de los distintos t’tulos o certificados de identidad, expedid=
os
en Europa, pero Žl lo argument— desde su experiencia con los documentos
otorgados en Alemania con la denominaci—n de Staatenlos, del alem‡n
ap‡tridas, y se–alaba que:
por lo que he podido observar, obtienen estos pasaportes los nacidos =
en
Alemania de raza jud’a, a quienes el actual Gobierno no les reconoce como
alemanes; los nacidos o pobladores de las regiones que, por virtud de los
tratados de paz cambiaron de soberan’a, y por descuido u otra causa, no
definieron su nueva nacionalidad, perdiendo en cambio, la que ten’an (EgŸez,
1935).
El vicec—nsul indicaba que en estos cas=
os
si hab’a concedido visas, primero porque la ley de pasaportes no contemplaba
esos casos y segundo porque ha realizado investigaciones y los aspirantes
jud’os pod’an recibir visas sin problema por sus antecedentes y porque la le=
y
ecuatoriana no los condenaba en absoluto, como s’ lo hac’a el rŽgimen
nacionalsocialista. En este caso se debe reconocer que el vicec—nsul segu’a =
con
lo trazado sobre los jud’os por el c—nsul Leonardo Sotomayor Luna, quien
consideraba del todo injusto lo que suced’a en Alemania, pero falleci— y su
lugar ser’a ocupado m‡s tarde por Enrique Andrade, un feroz opositor de la
inmigraci—n jud’a. Con la circular de 1935 se reconocieron los pasaportes
Nansen de hecho, porque de facto se estaban visando a–os antes y lo mismo
sucedi— con sus similares.
El caso de los ap‡tridas merece un an‡lisis m‡s
detallado. La definici—n no siempre estaba clara y cada caso ten’a sus propi=
as
caracter’sticas. As’ los refugiados rusos, ya no eran rusos, pero se sab’a q=
ue
lo hab’an sido. En el caso de muchos europeos del este los pa’ses en los que
nacieron y de los cuales pose’an nacionalidad ya no exist’an o hab’an sido
ocupados, si eran jud’os autom‡ticamente perd’an su nacionalidad en Alemania=
o
Austria y en el caso de los republicanos espa–oles no pod’an conseguir
pasaporte por su filiaci—n pol’tica. Es as’ como convertirse en ap‡trida no
siempre depend’a de lo mismo y los documentos eran contradictorios.
Las consultas para saber c—mo proceder ante los
ap‡tridas sin un pasaporte Nansen eran continuas, un ejemplo interesante es =
el
siguiente: el c—nsul en Ginebra Alex Gastelœ solicitaba en 1937 informaci—n
sobre una publicaci—n que circul— en una nota de prensa titulada ÒPŠsse fŸr
Menschen ohne VaterlandÓ, cuya traducci—n es ÒPasaportes para personas sin
patriaÓ, porque Žl no hab’a recibido indicaciones sobre este particular y
preguntaba si era aplicable, pues los refugiados jud’os deseaban conocer la
veracidad de dicha noticia. El 1 de junio el c—nsul enviaba un recorte de
peri—dico que trataba este tema y que era una reacci—n a la supuesta
publicaci—n antes citada, pero que el c—nsul nunca explic— a detalle, ni
adjunt—. Sin embargo, los supuestos ofrecimientos por parte del Ecuador qued=
an
aclarados en este recorte. He realizado una traducci—n en la que recupero el
p‡rrafo de una supuesta circular enviada por el gobierno ecuatoriano a sus
c—nsules:
Suiza
conoce suficientemente la miseria de los "ap‡tridas" por s’ misma.
Personas irreprochables, en su mayor’a v’ctimas de la arbitrariedad que los
expuls— de sus hogares y les priv— de un pasaporte, que el contempor‡neo
necesita para vivir, como el aire y la comida (É). Entonces, ÀquŽ van a hace=
r
estos ap‡tridas, a menos que se retiren definitivamente de las calamidades
terrenales? Muchos amigos de la humanidad, encabezados por el gran Nansen, h=
an
buscado una soluci—n al problema, pero todo lo que se ha inventado para salv=
ar
a los "ap‡tridas" los ha salvado siempre por muy poco tiempo; el
derecho a estar en cualquier lugar no se ha concedido en principio en ningœn
Estado a las personas sin pasaporte, ni siquiera durante un breve per’odo de
tiempo, si es que se ha concedido. Ahora se ha encontrado un pa’s que quiere
conceder ese derecho. Los c—nsules de este improbable pa’s han recibido de s=
u
Gobierno central la siguiente circular:
ÒLa
existencia de ap‡tridas es una dolorosa realidad de la situaci—n de posguerr=
a
en Europa, a causa de la cual miles de personas han perdido su patria y su
hogar, v’ctimas de la instigaci—n pol’tica, religiosa y racial. Les informo =
que
nuestro pa’s no puede cerrar sus puertas, ni puede cerrarlas, cuando, invoca=
ndo
el sentimiento de fraternidad humana, esas personas sin patria, perseguidas =
en
Europa, se acogen al Ecuador en busca de casa, patria y trabajo. El mero hec=
ho
de ser ap‡trida no puede ser motivo para denegar la expedici—n de un
pasaporte." El Estado que se ha erigido en tal acto cultural se llama
Ecuador. El hombre que firma esa circular es el ministro Pesantes. Si hubier=
a
un premio Nobel de humanidad y generosidad, estar’a seguro de que el se–or
Pesantes realiz— un acto en el que otros no hacen m‡s que discursos de unci—=
n.
Ecuador es un estado peque–o, habitado por descendientes de los incas (É), p=
ero
en el mapa del mundo moral, debe aparecer como un estado cultural de primer
ordenÓ (Gastelœ, 1937).
Escribi— esta nota el
escritor exiliado Alfred Polgar y aseguraba que se ten’a conocimiento de est=
a
supuesta circular, firmada por el ministro Pesantes que, en realidad ocupaba=
el
ministerio de Previsi—n Social y no el de Relaciones Exteriores, en la cual =
se
ofrec’a una Òpuerta abiertaÓ a los ap‡tridas. No todo esto era cierto, ni en
los tŽrminos tan prometedores que la nota de Polgar afirmaba, pero si
analizamos con detenimiento las leyes y reglamentos y la forma en que los
c—nsules aplicaban esta legislaci—n, tampoco es tan desacertado decir que s’=
,
que el Ecuador dejaba abiertas muchas puertas y as’ salvo decenas de vidas. =
En 1936 nuevamente el c—nsul Bolo–a se dirigi— a la Cancille=
r’a
para avisar de la solicitud de visa de un sujeto de Ònacionalidad
indeterminadaÓ y dec’a:
ese Ministerio dispuso que los funcionarios en el
exterior no pueden visar los simples T’tulos de Identidad o de Viaje que se =
da
a los antiguos rusos por las autoridades de los pa’ses donde ellos residen (=
É);
disposici—n que he cumplido estrictamente con todas las personas que intenta=
ron
dirigirse al Ecuador provistos de tales documentos (Bolo–a, 1936).
Ante
esta situaci—n la consulta era si el se–or Jablonka, jud’o nacido en Varsovi=
a y
con pasaporte belga de ap‡trida que, adem‡s, hab’a solicitado en repetidas
ocasiones inmigrar a Ecuador a establecer una f‡brica de perfumes, pod’a
recibir la visa necesaria. El c—nsul opinaba que era un sujeto pac’fico y de
buenos antecedentes, pero prefer’a realizar la consulta, afirmando su opini—=
n
favorable al decir que son muchos los casos de este estilo y que han sido bi=
en
recibidos en otros pa’ses de AmŽrica del Sur, que Ecuador deber’a aceptarlo =
y
que realmente la ley no se opon’a a su llegada.
Durante el mismo a–o, el c—nsul de GŽnova Rodrigo
J‡come Moscoso escribi— un documento titulado Òpasaportes para sin patriaÓ
donde explica que casi todos los d’as llegan a s=
u
consulado posibles inmigrantes a consultar cu‡l es la posici—n del Ecuador a=
nte
los Òsin patriaÓ, condici—n en la que estaban cientos de miles en esa Žpoca =
en
Europa. As’ el c—nsul dir’a Òque lo mismo pueden ser rusos blancos, jud’os
alemanes o comunistas espa–oles o italianosÓ (J‡come Moscoso, 1936) al inten=
tar
explicar con claridad quienes eran los que se hab’an convertido en ap‡tridas=
y
a rengl—n seguido indicaba que Òesto significa que, desde el punto de vista =
de
la selecci—n de inmigrantes segœn sus ideas pol’ticas, no ser’a posible adop=
tar
una norma absoluta que proh’ba la entrada de los Òsin patriaÓ al Ecuador, co=
mo
tampoco una que abra las puertas del pa’sÓ (J‡come Moscoso, 1936). En otras
palabras, su respuesta era que Žl visar’a los pasaportes de quienes tuviesen
certificado de salud y buena conducta sin mirar m‡s all‡, de ah’ la frase an=
tes
citada. Esta posici—n cambi— con los a–os, dejando de lado las consideracion=
es
con los supuestos comunistas y cerrando definitivamente las puertas para los
sospechosos de profesar estas ideas pol’ticas. El c—nsul consideraba por las
razones antes expuestas que la actuaci—n de los c—nsules se complejizaba por=
lo
contradictorio del marco legal vigente y que, por lo tanto, deb’a realizarse
una nueva legislaci—n sobre el tema, pues la ley de 1921 y el reglamento de
1931 eran obsoletos para enfrentar una nueva ola migratoria y sin un panoram=
a
claro, los c—nsules resolver’an los temas bajo su criterio y muchas veces de
forma contradictoria, que era lo que estaba pasando.
Si el c—nsul de GŽnova nos da una idea =
de
c—mo se iba perfilando la situaci—n de los acusados de ser comunistas, entre
1936 y 1937 el vicec—nsul de Bremen, Fritz Knoop nos proporciona una idea so=
bre
la situaci—n de los jud’os. Realizaba una consulta por el creciente nœmero d=
e
solicitudes de visa para el Ecuador y preguntaba sobre si la emigraci—n jud’=
a
estaba Ònormada y permitidaÓ (Knoop, 1936) y en quŽ condiciones porque hab’a=
un
notable aumento de sus solicitudes. Su pregunta se realizaba porque Òla m‡s =
de
las naciones han impuesto restricciones severas para la inmigraci—n de jud’o=
s,
restricciones que en algunos casos imposibilitan por completo la inmigraci—n=
.Ó
(Knoop, 1937). La forma de proceder ante las solicitudes de jud’os es muy
oscura a finales de los a–os treinta porque en un punto se intent— evitar, p=
ero
despuŽs no, pues si cumpl’an con las condiciones se pod’an visar, aunque
contaba la opini—n del c—nsul. Lo podemos observar con el siguiente suceso: =
el 12 de
febrero de 1938 lleg— la noticia al c—nsul Bolo–a en Amberes de que Enr’quez Gallo hab’a promulgado la expulsi—n de los ju=
d’os
que no se dedicasen a la agricultura o a la industria en enero de 1938, la
misma que no se cumpli—. En este documento se aseguraba que el Jefe Supremo =
ha
dispuesto que no se visen pasaportes de "individuos de raza jud’a"
(Bolo–a, 1938), sin embargo, el 25 de febrero el mismo c—nsul dice qu=
e
ha recibido una circular que aclaraba que las noticias que circulaban en la
prensa eran falsas y citando al jefe supremo argumentaba que la realidad era
que:
las
medidas que el gobierno, en guarda de los intereses nacionales, proyecta
adoptar con los extranjeros que residen en el Ecuador, no se dirigen sino a
aquellos que han ingresado al pa’s burlando las Leyes y Reglamentos de
inmigraci—n, y no a los determinada raza o nacionalidad (Bolo–a, 1938).
Esto desestimaba la prohibici—n de visar los
pasaportes jud’os. Son estos vac’os los que permitieron a los inmigrantes
ingresar al Ecuador, pues un d’a s’, y otro no, as’ funcionaban el marco leg=
al
sobre extranjer’a en aquellos a–os. As’ varios jud’os ingresaron al pa’s con
pasaportes Nansen, con Certificados de Identidad o con pasaportes que los
sellaban como jud’os.
4. Los pasaportes Nansen y su ingreso a=
l
marco legal de extranjer’a.
Entre los a–os 1931 y 1937 en el contex=
to
de nuevas migraciones se impuls— una nueva legislaci—n, precisamente a la qu=
e
hace referencia el c—nsul Bolo–a se–alando que sobre el art’culo 43 del nuev=
o
reglamento de pasaportes, es absolutamente contradictoria la orden pues, aun=
que
este dice que se otorguen visas a los jud’os con certificados Nansen, desde =
el
consulado de Hamburgo se le pidi— seguir Òsiendo severoÓ a la hora de visar
pasaportes de jud’os comerciantes, pues no es la inmigraci—n deseada, sino l=
a de
agricultores y cient’ficos. Esto crea una contradicci—n que se suma a las
anteriores.
El c—nsul Bolo–a insisti— en la redacci—n de un nue=
vo
reglamento de pasaportes ante los evidentes vac’os del expedido en 1931 que
dejaba muchos aspectos a la libre interpretaci—n de los c—nsules. Ante el
anuncio de un nuevo reglamento, que finalmente apareci— en 1937, se–al— que
algunos puntos deb’an ser parte de este reglamento. En primer lugar, Žl suge=
r’a
que los c—nsules ad honorem no otorguen o visen pasaportes, lo que
finalmente suceder’a despuŽs de 1940. En segundo lugar, suger’a cobrar mayor=
es
tarifas, con la excepci—n de los turistas o los inmigrantes por contratos. E=
n
tercer lugar, dejar amplio margen de actuaci—n a los c—nsules, para decidir =
la
conveniencia o inconveniencia de la entrada de un extranjero al pa’s,
sujet‡ndolo a las leyes correspondientes (Bolo–a, 1937). Y es que para 1937 la necesidad de expedir un nuevo
reglamento era evidente, pues deb’a normarse lo que se ven’a practicando.
Siguiendo esta l’nea debemos destacar que el reglamento de 1937 incluy— lo
siguiente:
-
El art. 20 por el cua=
l
el c—nsul pod’a extender Òcertificados especialesÓ si el extranjero no tuvie=
se
pasaporte, pero si documentos que acrediten su buena conducta, lo que ya
suced’a.
-
El art. 39 obligaba a
llevar en los consulados un listado de pasaportes y visas otorgados, que
tambiŽn se practicaba desde varios a–os antes.
-
El art. 43 dec’a que
ÒLos certificados de Identidad Nansen y otros similares acordados por la
Sociedad de las Naciones en favor de los refugiados rusos y jud’os, podr‡n s=
er
visados en los Consulados de la Repœblica bajo los mismo requisitos y
condiciones establecidas para los pasaportes ordinariosÓ, una pr‡ctica que l=
os
c—nsules a pesar de sus reservas llevaban a cabo desde inicios de 1930, pero=
es
importante se–alar que con este art’culo se dejaba de lado a los sospechosos=
de
ser ÒbolcheviquesÓ.
-
El art. 45 es quiz‡s =
el
m‡s impresionante: ÒEl hecho de que una persona sea indeseable en un pa’s po=
r
causas exclusivamente de pol’tica interna no impide a los C—nsules para que
visen su pasaporte. Antes bien, el Gobierno del Ecuador desea proteger a los
exiliados, sobre todo americanos, y brindarles el amparo de la nacionalidad
ecuatoriana. Todo esto, se entiende, dentro de las limitaciones y restriccio=
nes
que cada caso imponga.Ó La ley reglamentaba lo q=
ue en
los hechos suced’a y que con otros tŽrminos aseguraba Polgar en su nota de
prensa (Reglamento general, 1937).
A partir del 1937 pr‡cticamente cada a–=
o,
hasta 1941, se promulgaron nuevas normativas, pero en este trabajo nos
detendremos en lo m‡s relevante sobre los pasaportes Nansen y los certificad=
os
de identidad o viaje, que desde ese momento aparecen en la normativa, pero q=
ue
como vimos llevaban algunos a–os siendo reconocidos. La nueva Ley
Una
nueva ley, necesitaba un nuevo reglamento de pasaportes que se decret— en 19=
40
e iniciaba afirmando:
Que las condiciones actuales del mundo y especialme=
nte
de Europa han creado nuevos y complejos problemas migratorias; que el Ecuado=
r
debe aprovechar, seleccion‡ndolas de las corrientes migratorias; que es
indispensable adecuar las disposiciones legales existentes sobre esa materia=
a
las nuevas necesidades (Ministerio
de Gobierno, 1940).
Esto
dejaba claro que aœn era importante atraer inmigraci—n. Relevante es que los
c—nsules pod’an otorgar certificados especiales, pero a partir de este
reglamento el funcionario ecuatoriano necesitaba la autorizaci—n previa y
especial de la Canciller’a. Esta autorizaci—n era nueva, aunque antes se
consultaba al ministerio, no necesariamente deb’an considerar su aprobaci—n.
Esto caus— m‡s de una controversia, sobre todo en el tema de los jud’os y lo=
s
europeos del este.
La
prohibici—n de visar pasaportes a los c—nsules ad honorem, a menos de
que existiera un permiso especial de la Canciller’a, se hizo realidad y ahor=
a
sus funciones en cuanto a los pasaportes, se ve’a limitada a visar los
pasaportes de ecuatorianos, una forma m‡s de controlar la inmigraci—n que po=
d’a
llegar. Y es que, generalmente, el c—nsul ad honorem era un
extranjero que ten’a alguna vinculaci—n con el pa’s, casi siempre de negocio=
s,
y se interpretaba que por esta raz—n pod’a no tener el ÒpatriotismoÓ necesar=
io
para una correcta selecci—n. Dos son los casos que encontrŽ, uno en Italia
acusado de visar pasaportes de jud’os, por su condici—n de jud’o y otro en
Praga por las mismas razones. Por otra parte, algo que tambiŽn ven’a siendo
usual se instal— como ley: la opini—n del c—nsul de carrera era decisiva y e=
n
el art. 50 se dan instrucciones precisas sobre el trabajo de investigaci—n q=
ue
deb’a hacer y se ordenaba que a travŽs de esto se tomar‡ una decisi—n, m‡s a=
ll‡
de considerar si cumpl’a o no con los requisitos, dejando todo en manos del =
c—nsul.
El Art. 62 sobre los pasaportes Nansen era copiado del reglamento de 1937, c=
on
la importante modificaci—n de que a partir de ese momento solo pod’an ser
visados por los c—nsules ecuatorianos, pero segu’an siendo aceptados =
(Ministerio de Gobiern=
o, 1940).
La explicaci—n de las leyes vigentes dada desde el
ministerio a los consulados en diciembre del 1938 trababa de aclarar el tema=
de
los pasaportes. Informaba que todo extranjero cualquiera que sea su raza y
nacionalidad a excepci—n de los chinos deb’a portar consigo un pasaporte
autŽntico para ingresar al pa’s. Pero para el caso de certificados de identi=
dad
concedidos por los gobiernos italiano y alem‡n a los jud’os expulsados por
"pol’tica racial", no ten’an por quŽ ser considerado como tales y =
por
lo tanto no pod’an ser visados, ya que solo los certificados Nansen pod’an
visarse en esas condiciones y los certificados que otorguen los c—nsules
ecuatorianos como lo explica el reglamento del 1937 y se replicaba el del 19=
40.
Esta comunicaci—n ten’a como finalidad ordenar el uso de la legislaci—n vige=
nte
para ÒseleccionarÓ el contingente humano deseable, como la ley vigente orden=
aba
y tambiŽn limitar cada vez m‡s los documentos que pod’an ser reconocidos, es=
to
como una forma de control.
No
podemos dejar de revisar la ley de Extranjer’a, Extradici—n y Naturalizaci—n=
de
1940 que era menos compleja que la de 1938, m‡s bien porque simplificaba
algunos procedimientos. Lo novedoso es que estableci— la oficina de ÒControl=
de
Inmigraci—n, Emigraci—n y Extranjer’aÓ (Poder Legislativo, 1940) y
Finalmente,
el Reglamento General de Pasaportes de 1941 contaba con una nueva secci—n ÒD=
e
la visaci—n de pasaportesÓ, en la cual se inclu’a que para visar un pasaport=
e,
sobre todo de la categor’a de ÒinmigranteÓ, deb’an tener autorizaci—n de la
ÒDirecci—n de General de Inmigraci—n y Extranjer’aÓ, dejando esto en manos d=
e
esta nueva instituci—n y ya no del ministerio de Relaciones Exteriores, pero=
la
opini—n del c—nsul se vuelve la œnica v‡lida en un contexto en el que muchos=
de
los consulados ad honorem han sido cerrados en la Europa ocupada y lo=
s
pocos c—nsules que quedaban eran ecuatorianos. El art’culo sobre los pasapor=
tes
Nansen, sufre una nueva modificaci—n, aœn son reconocidos los de refugiados
rusos y jud’os y solo pod’an ser visados por los c—nsules ecuatorianos, pero=
ya
no se pod’an visar los llamados ÒCertificados de IdentidadÓ o ÒT’tulos de
ViajeÓ, procediendo como lo indicaba el art. 24: Òpod’an otorgar certificado=
s
especiales a personas que quieran venir al Ecuador y no puedan obtener
pasaportes, pero para ellos deber‡n asegurarse de que tales personas reœnen
todos los requisitos exigidosÓ (Reglamento de pasaportes, 1941). En este
reglamento se har‡ mayor Žnfasis en que los inmigrantes deb’an tener alguna
utilidad en Òla agricultura, la industria y las ciencias y artesÓ (Reglament=
o
de pasaportes, 1941) lo que estaba antes solo en las leyes.
Las
conclusiones de un trabajo como el presente siempre son preliminares, sin
embargo, existen algunos puntos por resaltar. Primero, el Ecuador era un pa’=
s de
paso y de f‡cil acceso por los vac’os legales en el marco legal sobre
extranjer’a, pero tambiŽn porque la intenci—n de este fue atraer inmigraci—n
que le sea œtil, lo que fue aprovechado por varios inmigrantes para salir de
Europa. Segundo, tuvieron mayores privilegios los jud’os y los refugiados ru=
sos
para ingresar frente a los sospechosos de ser comunistas que dejaron de ser
bienvenidos, una se–al del mundo que vendr’a y por œltimo las leyes y
reglamentos sobre extranjer’a b‡sicamente primero se practicaban y luego se
promulgaban. En el caso de los pasaportes Nansen y certificados de viaje fue=
ron
incorporados por la necesidad de cumplir con la Sociedad de las Naciones, pe=
ro
tambiŽn por la conveniencia de recibir a inmigrantes ÒdeseablesÓ. Es importa=
nte
enfatizar que las vidas no se miden en nœmeros y que las que se salvaron es =
lo
realmente significativo.
Refere=
ncias
EgŸez[Visaci—n
de pasaportes de ap‡tridas]. Consulados del Ecuador en Europa,
(A-D), 1935. Libro D.19.29. Archivo Hist—rico ÒAlfredo Pareja
DiezcansecoÓ del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador.
Flores Jij—n, A. (1889). Derecho Pœblico. Inmigraci—n
China. Quito: Imprenta del Gobierno.
Consulados=
del
Ecuador en Europa, (A-B), 1936. Libro D.19.37. Archivo Hist—rico ÒAlfredo Pareja DiezcansecoÓ=
del
Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador.
Consulados del Ecuador en Europa, (A), 1937. <=
span
lang=3DES-EC style=3D'font-size:11.0pt;mso-bidi-font-family:"Times New Roman=
"'>Libro
D.19.43. Archivo Hist—rico ÒAlfredo Pareja DiezcansecoÓ del Ministerio de
Relaciones Exteriores del Ecuador.
, nœm. 13 =
del
30 de marzo de 1937, Registro Oficial de la Repœblica del Ecuador, A–=
o
II, N¡ 453. 1 de abril de 1937.
, J. (1927). [Comunicaci—n en la que=
se
incluy— la orden de no visar pasaportes a inmigrantes de ninguna nacionalida=
d].
Comunicaciones dirigidas por los consulados del Ecuador en Europa (A-C),
1927. Libro D.19.6. Archivo Hist—rico ÒAlfredo Pareja DiezcansecoÓ del
Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador.
[1] El =
t’tulo
fue tomado de la carta del c—nsul en GŽnova Rodrigo J‡come Moscoso, enviada =
el
10 de diciembre de 1936. En Žsta ped’a instrucciones sobre c—mo proceder ant=
e
las solicitudes de personas en condici—n de ap‡tridas. Este documento, as’ c=
omo
las dem‡s fuentes primarias que componen este trabajo reposan en el Archivo
Hist—rico ÒAlfredo Pareja DiezcansecoÓ del Ministerio de Relaciones Exterior=
es.
Agradezco profundamente a Fanny Santos, funcionaria de este repositorio por =
su
trabajo diario para mantener a disposici—n de los investigadores este import=
ante
acervo y, especialmente, por su generosidad conmigo y por responder cada una=
de
mis peticiones.
Esta ponencia se
escribi— con el apoyo de una beca otorgada por el Deutscher Akademischer
Austauschdienst (DAAD) para realizar estudios doctorales en el
Lateinamerika-Institut (LAI) de la Freie UniversitŠt Berlin con el trabajo
titulado: ÒEn busca de Òlos
extranjeros que profesen ciencia, arte o industria œtil: leyes de extranjer’=
a y
migraciones europeas en el Ecuador de finales del siglo XIX y principios del=
XXÓ,
bajo la tutor’a del profesor Stefan Rinke.