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ÒUn
lugar donde todo anuncia escasez y miseriaÓ: una aproximaci—n a los aportes =
que
realiz— la provincia de Loja a las guerras de la dŽcada de 1820
"A place where everything announces scarcity a=
nd
misery": an approach to the contributions made by the province of Loja =
to
the wars of the 1820s
"Um lugar onde tudo anuncia escassez e
misŽria": uma abordagem ˆs contribui�›es da prov’ncia de Loja para as
guerras da dŽcada de 1820
Katiushka Aguirre-Pacheco
Pontificia Universidad Cat—lica de Chile
ksaguirre@=
uc.cl
/
Resumen:
El fiscal-military State es un concept=
o que
sirve para entender la manera en que la econom’a de guerra contribuy— a la
formaci—n del Estado. A este se podr’a sumar la noci—n de colaboraci—n en la cual tanto Estado como sociedad interactœan
mediante relaciones de dar y las expectativas de beneficio que esto puede
generar. Bajo estos conceptos se realiz— una primera aproximaci—n a entender=
la
ayuda que brind— la provincia de Loja durante la dŽcada de 1820 como una colaboraci—n bajo la cual pudo pedi=
r
ciertos beneficios que respondieran a los intereses de la Žlite. Para esto, =
se
analizan dos momentos en que la provincia colabor— y sufri— el paso del
ejŽrcito por su territorio, y como, gracias a esto, despuŽs la provincia si
sinti— en posici—n de poder negociar ciertos beneficios con el Estado
[gran]colombiano.
Palabras clave: Fiscal-mili=
tary
State, Žpoca independentista, poder local, historia de Loja.
Abstract: The Fiscal-Military State is a concept that serves to understand the way in which t=
he
war economy contributed to the formation of the State. To this could be adde=
d
the notion of Collaboration in w=
hich
both the State and society interact through relationships of giving and the
expectations of benefit that this can generate. Under these concepts, a firs=
t
approximation was made to understand the help provided by the province of Lo=
ja
during the 1820s as a Collaboration<=
/i>
under which it could request certain benefits that responded to the interest=
s
of the elite. For this, two moments in which the province collaborated and
suffered the passage of the army through its territory are analyzed, and how=
,
thanks to this, the province later felt in a position to be able to negotiat=
e
certain benefits with the Colombian State.
Keywards: Fiscal-militar=
y
State, Independent period, local power, LojaÕs history
Resumo: O Fiscal-Military State Ž um conceito=
que
serve para compreender a forma como a economia de guerra contribuiu para a
forma�‹o do Estado. A isso se somaria a no�‹o de Colabora�‹o em que Estado e sociedade interagem por meio de
rela�›es de doa�‹o e expectativas de benef’cio que isso pode gerar. Sob esse=
s
conceitos, foi feita uma primeira aproxima�‹o para entender a ajuda prestada
pela prov’ncia de Loja durante a dŽcada de 1820 como uma Colabora�‹o sob a qual ela poderia solicitar determinados
benef’cios que respondessem aos interesses da elite. Para isso, s‹o analisad=
os
dois momentos em que a prov’ncia colaborou e sofreu a passagem do exŽrcito p=
or
seu territ—rio, e como, gra�as a isso, a prov’ncia se sentiu posteriormente =
em
condi�›es de negociar certos benef’cios com o Estado colombiano.
Palavras chave: Fiscal-military State, per’odo de
independ�ncia, poder local, hist—ria da Loja
&n=
bsp; Recibido:
08.02.2022 &nbs=
p; <=
/span>
Aceptado: 20.05.2022
I.INTRODUCCIîN
El per’odo de las guerras de
independencia (1810-1830) ha sido un episodio primordial dentro de las
narrativas nacionales de los Estados latinoamericanos. El relato que ha prim=
ado
sobre el per’odo se caracteriza por un fuerte tono heroico cargado de
nacionalismo. Nombres como Sim—n Bol’var, JosŽ de San Mart’n, Antonio JosŽ d=
e
Sucre, Francisco de Paula Santander han sido elevados a los altares de las
distintas patrias y sus figuras reconocidas con grandes monumentos, cuadros,
homenajes y m‡s. Pero, detr‡s de ellos, de sus campa–as gloriosas, hubo todo=
un
ejŽrcito y sociedades que tambiŽn participaron y entregaron recursos para
obtener la libertad.
El estudio de este œlt=
imo
punto es hacia donde apunta la historiograf’a moderna; ya que, busca develar
nuevas maneras de entender el proceso independentista adentr‡ndose en otras
aristas de la guerra. As’, en la actualidad son varias las metodolog’as bajo
las que se analiza el per’odo independentista; por ejemplo, la historia
conceptual que se adentra en el lenguaje pol’tico de la Žpoca o la antropolo=
g’a
hist—rica que devela las maneras en que los pueblos y los libertadores
afrontaron la guerra. TambiŽn est‡n las nuevas formas de abordar la guerra y=
a
sea desde lo t‡ctico, lo econ—mico, la militarizaci—n o el armamento utiliza=
do.
De esta manera, lo que se busca es ver a la guerra en su complejidad y no so=
lo
como una mera batalla.
Una de estas nuevas fo=
rmas de
analizar la guerra est‡ ligada al concepto de fiscal-military State esbozado por John Brewer en 1989, que hace
alusi—n a la manera en que los diferentes Estados organizaron sus rentas
fiscales para, de esta manera, poder subvencionar los gastos de la guerra
(Brewer, 1989). A su vez, esto habr’a dado paso a una mayor
institucionalizaci—n del Estado, al tener que crear diferentes instancias pa=
ra
recaudar, organizar y distribuir las rentas. La ventaja del concepto es que,=
si
bien el autor lo acu–— para el estudio de Inglaterra en el siglo XVIII, este
puede ser utilizado en otros pa’ses y otras temporalidades con ciertos matic=
es
que posibilitan una mejor comprensi—n de las Žpocas de conflicto (Gonz‡lez
Enciso, 2008, pp: 273-274).
En base a esto, y ya a=
dentr‡ndonos
al caso de estudio, Viviana Velasco Herrera menciona que el incipiente Estad=
o
[gran]colombiano, gracias, en buena parte, al alto poder de coerci—n que
alcanz—, logr— establecer una fiscalidad que, en primera instancia, estuvo
destinada a mantener los elevados costos de la guerra y que, en segundo luga=
r,
permitiera, poco a poco, ir sentado las veces del nuevo Estado. Para esto,
buscaron diversas maneras de extraer el excedente de producci—n, ya sea
mediante la creaci—n de impuestos, el ordenamiento jur’dico, los emprŽstitos=
o
el reclutamiento militar (Velasco Herrera, 2010, pp: 2-3). Para comprender l=
os
alcances de esta pol’tica de recaudaci—n puede ser de mucha ayuda el
planteamiento del historiador Rafael Torres S‡nchez, quien considera importa=
nte
analizar los aportes como una forma de colaboraci—n
entre el Estado y la sociedad, donde ambos entes buscaban beneficios propios
(Torres S‡nchez, 2013: 25).
Bajo estas reflexiones=
, el
presente trabajo busca hacer una aproximaci—n a una nueva forma de an‡lisis =
que
se puede obtener a travŽs de la informaci—n que hay sobre la participaci—n d=
e
la provincia de Loja durante las guerras de la dŽcada de 1820. En este senti=
do,
el trabajo se divide en tres partes. En la primera parte se har‡ una breve
caracterizaci—n de Loja como territorio para observar aquellas caracter’stic=
as
geogr‡ficas, demogr‡ficas y econ—micas propias de la zona. En la segunda par=
te,
se entrar‡ ya al estudio de caso para lo que se tomar‡ la Žpoca que va de 18=
20
a 1826, que se caracteriza por ser el per’odo de las campa–as libertarias y =
las
proclamas de independencia. La parte final del trabajo versar‡ sobre la fase=
de
1827 a 1829, per’odo en el cual se desarroll— el primer conflicto
pol’tico-lim’trofe entre [gran]Colombia y Perœ, y que signific— para la
provincia de Loja, un momento de ocupaci—n de las fuerzas enemigas.
Los datos que se utili=
zar‡ en
este trabajo son los recolectados por P’o Jaramillo Alvarado, quien escribi—=
Historia de Loja y su provincia (19=
59),
que es el libro m‡s relevante de historia que hay sobre la provincia. Si bie=
n
dicho libro sigue la corriente de la historiograf’a tradicional, los datos q=
ue
en Žl hay son muy valiosos. En este sentido, se tomar‡ la informaci—n, pero =
se
la trabajar‡ bajo los par‡metros del fiscal-military
State y la colaboraci—n para=
, de
esta manera, obtener nuevas formas de comprender la dŽcada de 1820. Para
ampliar un poco el panorama, se complementar‡ el an‡lisis con algunos
documentos hallados en el Archivo Hist—rico de Loja que dan cuenta del tipo =
de
informaci—n existente y que posibilita adentrarse en el an‡lisis de la econo=
m’a
de guerra.
1=
. DESARROLLO
2.1. Loja como territo=
rio
ÀC—mo era la provincia de Loja al fi=
nal
de la Žpoca colonial? Esta pregunta se puede responder desde varias aristas.
Desde la parte espacial, la provincia de Loja, para el siglo XVIII pose’a un territ=
orio
m‡s o menos definido segœn se puede ver en el informe que en 1765 entreg— el
Gobernador de Loja, Ignacio de Checa, al Virrey de Santa Fe. Segœn este
documento, los l’mites del corregimiento de Loja quedaban establecidos de la
siguiente manera: al norte con la doctrina de Ca–aribamba perteneciente al
corregimiento de Cuenca; al noreste con la doctrina de Machala, adscrita al
corregimiento de Guayaquil; al oeste con el OcŽano Pac’fico; al sur, el r’o
Tumbes y el r’o Cob‡n serv’an de frontera con el corregimiento de Piura
supeditado al Virreinato de Lima; al sureste con el gobierno de JaŽn; y al
este, siguiendo el r’o Chinchipe hasta llegar al Mara–—n, con las tierras de=
l
Oriente habitadas por poblaciones pŽrdidas. Este amplio territorio estaba
dividido en cuatro provincias: Loja, Yaguarzongo, Zamora y Zaruma. De esta
manera, el corregimiento de Loja hac’a de l’mite entre el Virreinato de Nuev=
a Granada
y el Virreinato de Lima, adem‡s de poseer salidas tanto hacia el OcŽano
Pacifico mediante el Puerto de Jambel’, como al OcŽano Atl‡ntico por medio e=
l
r’o Mara–—n (Jaramillo Alvarado, 1982, pp:182-183).
En el sentido demogr‡fico, el
corregimiento de Loja se caracteriz— por tener una baja densidad poblacional=
en
comparaci—n al amplio territorio que abarcaba. La composici—n social de los
habitantes se distingu’a por una amplia presenci=
a de
mestizos, mientras otros grupos Žtnicos como blancos, ind’genas o negros se
encontraban presentes solo en ciertos sectores del territorio. La mayor’a de=
la
poblaci—n ind’gena estaba asentada en la zona de Saraguro, ubicada en la par=
te
alta de la provincia; mientras que la poblaci—n negra prefiri— las zonas
c‡lidas brindadas por el Valle de Catamayo; y, en el caso de las personas
blancas, estas se alojaron en la capital de la provincia y en la zona fronte=
riza
con Perœ (Chiriboga, 2013, p. 102).
Desde el punto de
vista econ—mico, la provincia se ha caracterizado por tener una econom’a bas=
ada
en la agricultura de subsistencia, la venta de ganado, el intercambio de
productos con la parte norte del actual Perœ y el contrabando. A estas
actividades se le debe sumar la explotaci—n de las minas de oro de Zaruma, q=
ue
tuvo su apogeo en el siglo XVI, y la exportaci—n de la cascarilla que vio su
momento cumbre desde mediados del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII, =
y
que signific— la inserci—n de Loja al mercado mundial (Palomeque, 1994, p. 7=
1).
Fuera de la cascarilla, la principal forma que tuvo el corregimiento para
monetizar su econom’a fue el comercio y contrabando con la parte norte del
entonces Virreinato de Lima, esto gracias al circuito tradicional de
intercambio que exist’a (Saint-Geours, 1983, p. 83). Dicho intercambio ten’a=
su
momento cumbre en el mes de septiembre cuando ocurr’a la feria en honor a la
Virgen del Cisne, donde concurr’an los comerciantes para vender sus producto=
s.
A su vez, esto permit’a la entrada de circulante al corregimiento, pues para
las transacciones se utilizaba diferentes tipos de moneda e inclusive, en la
Žpoca de la independencia, se manejaba moneda peruana y boliviana (Palomeque=
,
1994, p. 83).
Por œltimo, si
consideramos el tipo de producci—n existente en la provincia, se puede desta=
car
la variedad de productos de diferentes pisos ecol—gicos que hay en la
provincia. Estos van desde los 2500 a los 100 metros sobre el nivel del mar.=
De
esta forma, mientras de las tierras altas proven’a todo lo relacionado a la
ganader’a, de las tierras bajas sal’a el azœcar y la panela.
El comercio de ambo=
s
productos permite entender las formas de producci—n que exist’an dentro de l=
a
provincia, ya que, mientras el ganado era criado en Òhaciendas extensas que =
no
utilizan contingentes muy importantes de trabajadoresÓ, el azœcar se trabaja=
ba
bajo relaciones de producci—n esclavistas. La carencia de otros productos
agr’colas es resultado de la ausencia de grandes haciendas, ya que, la poca
poblaci—n ind’gena de la provincia prefer’a vivir agrupada en peque–os puebl=
os
convirtiŽndose en Òcampesinos acomodadosÓ y produciendo lo necesario para
vivir. De esta manera, el surgimiento de la hacienda en Loja fue mucho m‡s
tard’o en comparaci—n al resto de zonas de la Real Audiencia de Quito, lo qu=
e
no quiere decir que no existieron latifundios, sino que estos ten’an una
capacidad de explotaci—n menor (Chiriboga, 2013, pp: 103-104).
2.2.
La camp=
a–a
libertadora: 1820-1826
La independencia de la=
s
principales ciudades que actualmente conforman Ecuador tuvo dos momentos. El
primero donde primaron las proclamas civiles y el segundo en el que tuvo que
intervenir el ejŽrcito para expulsar a los realistas del territorio y lograr=
la
independencia. As’, Loja firm— su acta de independencia el 18 de noviembre d=
e
1820, siguiendo el ejemplo dado por Guayaquil, el 9 de octubre, y por Cuenca=
,
el 3 de noviembre. Esta proclama tom— por sorpresa a la municipalidad de la
ciudad, en especial al alcalde P’o de Valdivieso, quien minimiz— el acto al
decir que esta estuvo compuesta por Òpocos mozos, tambores y pitos de alguno=
s
muchachos de escuelaÓ y convoc— a una votaci—n donde los padres de familia d=
e
la urbe deb’an decidir si proclamar la independencia o continuar bajo el
rŽgimen colonial (Gallardo Moscoso, 1991, pp: 298-299). El resultado favorec=
i—
a que la urbe se mantuviera fiel al rey, lo que ocasion— conflictos con el j=
efe
de la plaza de Cuenca y el enjuiciamiento de quienes lideraron el movimiento
independentista.
De noviembre a diciemb=
re de
1820, la situaci—n de la provincia estuvo en una constante disputa entre
quienes estaban a favor y en contra de la independencia. Esto sumando a la
presi—n ejercida por Cuenca, desde donde amenazaban con invadir la provincia=
si
esta no se alineaba con el proyecto libertario. Sin embargo, el panorama cam=
bi—
a partir del 20 de diciembre, cuando una facci—n del ejŽrcito realista
comandado por el coronel Francisco Gonz‡lez tom— el control, primero de Cuen=
ca
y despuŽs de Loja, haciendo que ambas ciudades volvieran bajo el dominio de =
la
corona espa–ola (Gallardo Moscoso, 1991; Jaramillo Alvarado, 1982).
1821 es un a–o del que=
poco
se sabe sobre el devenir de la provincia de Loja, sin embargo, podemos supon=
er
que, frente a la inminente independencia, la urbe fue decant‡ndose tambiŽn p=
or
esa opci—n, ya sea por convicci—n propia o por temor a una represi—n. Para
1822, el panorama cambi— completamente. Desde inicios de a–o, el ejŽrcito
libertador, comandando por Sim—n Bol’var y Antonio JosŽ de Sucre empez— a
preparar la estrategia que permitiera la liberaci—n de Quito. En tal virtud,
inici— el reclutamiento de hombres y se solicit— ayuda al ejŽrcito peruano.
As’, el 30 de enero de 1822, arrib— a la provincia de Loja la primera divis=
i—n
del ejŽrcito peruano al mando del comandante Luis Urdaneta, a quien Sucre le
hab’a encargado dirigir las tropas del ejŽrcito amigo. DespuŽs, el 2 de
febrero, lleg— el coronel AndrŽs de Santa Cruz al mando del escuadr—n de
cazadores que hab’a sido enviado por San Mart’n para apoyar la campa–a. Ambo=
s
partes se unieron en Saraguro para proveerse de alimentos y esperar las orde=
nes
de Sucre para avanzar hacia Quito.
Esta estancia del coro=
nel
Santa Cruz marc— el inicio de las ayudas que la provincia de Loja har’a a la=
s
campa–as de la independencia. Apenas lleg—, el coronel exigi— una contribuc=
i—n
de 20.000 pesos y tom— 2.476 pesos de las cajas del Colegio de Loja, adem‡s
impuso una contribuci—n extraordinaria mensual a la poblaci—n de Loja de 400=
0
pesos mensuales con un anticipo de 16.000 pesos. Aparte, solicit— que se le
entregaran 600 mulas, 300 caballos de arreo y 200 caballos de remuda (Jarami=
llo
Alvarado, 1982, p. 288). En lo concerniente al reclutamiento de hombres para=
el
ejŽrcito, no se cuenta con datos, pero, en una carta fechada el 8 de febrero=
,
se ordena a Urdaneta que Òse organice en Loja un dep—sito para reemplazar la=
s
bajas de su divisi—n y para aumentarla hasta el grado posibleÓ (Jaramillo
Alvarado, 1982, p. 289).
La presencia del ejŽrc=
ito
hizo que los padres de familia de la ciudad se reunieran para, con fecha 17 =
de
febrero, volver a proclamar la independencia del gobierno espa–ol y jurar
lealtad a la naciente repœblica de Colombia. Esta acta estuvo firmada por m‡=
s
de 50 hombres entre los que se destaca el ex-alcalde, P’o de Valdivieso, qui=
en
se hab’a opuesto al primer pronunciamiento (Jaramillo Alvarado, 1982, p. 290=
).
Esto nos permite observar la manera en que la poblaci—n fue cambiando su
lealtad para hacer prevalecer su poder e intereses particulares.
El 24 de mayo de 1822,=
en las
faldas del Volc‡n Pichincha, las tropas de Sucre y el ejŽrcito realista
tuvieron el combate que sell— la independencia de todos los territorios que
hab’an conformado la Real Audiencia de Quito y, que, desde ese momento, pasa=
ban
a conformar el Departamento del Sur de [gran]Colombia. Obtenida la victoria,
los pueblos celebraron y Sucre hizo diferentes agradecimientos a las ciudade=
s
que colaboraron con la causa. Una de estas fue la provincia de Loja, a la qu=
e
Sucre mand— una carta acotando que Òla gloria de que se ha cubierto la
Expedici—n Libertadora de Quito, es
debida en mucha parte a los sacrificios que en su obsequio han hecho eso=
s
ciudadanos [los de Loja] (Jaramillo Alvarado, 1982: 301). DespuŽs, envi— otr=
a
misiva en la que da cuenta de las cabezas de ganado que la provincia envi— p=
ara
la subsistencia del ejŽrcito que se hab’a acantonado en Cuenca. As’, mencion=
a
que en total se enviaron 754 cabezas de ganado en el lapso de febrero a
septiembre de 1822 (Jaramillo Alvarado, 1982, p. 294).
Las palabras de Sucre
pudieron llenar de orgullo a los lojanos, pero el mayor reconocimiento a su
aporte lo hizo Bol’var cuando arrib— a la ciudad el 10 de octubre de 1822 y
permaneci— en ella el lapso de 10 d’as. Durante su estad’a se encarg— de
solucionar varios de los problemas que hab’a en la provincia. As’, orden— qu=
e
se levantara un plano de la frontera, elabor— el primer reglamento de
funcionamiento del colegio de la ciudad y dot— una casa para que funcionara =
el
hospital (Jaramillo Alvarado, 1982, p. 307). Con esta visita, Bol’var, como
jefe de estado, y entendiendo los aportes de Loja como una colaboraci—n, cumpli— con su parte de recompensar a la provincia=
.
Con esto, adem‡s, motiv— a que se continuara apoyando la causa de la liberta=
d.
En 1823 inici— la ÒCam=
pa–a
del SurÓ cuyo objetivo fue lograr la independencia de Perœ y con esto elimin=
ar
el œltimo basti—n realista en LatinoamŽrica. Durante esta campa–a, Loja se
convirti— en punto obligatorio de las tropas que, por tierra, buscaban llega=
r
al Perœ; as’ que la provincia, volvi— a realizar sus contribuciones. De esta
Žpoca queda una carta del comandante Antonio Farf‡n, del 8 de marzo de 1823,
donde menciona que la provincia aport— con un nuevo emprŽstito de 17.000 pes=
os,
144 azuelas y 110 hombres. Para el comandante, que hab’a vivido en Loja algu=
nos
a–os antes, dicha contribuci—n le pareci— digna de admirar al ser Loja una
provincia Òdespoblada y sin recursosÓ donde Òtodo anuncia escasez y miseriaÓ
(Jaramillo Alvarado, 1982, p. 302).
De 1824 a 1825, Pio Ja=
ramillo
Alvarado, no da cuenta de informaci—n sobre lo que sucedi— en la provincia,
pero podr’amos suponer que los aportes continuaron, por lo menos hasta 1824
que, tras las batallas de Jun’n y Ayacucho, Perœ qued— libre del rŽgimen
colonial. En 1826 volvemos a tener noticias de Loja, esta vez se trata de la=
s
instrucciones que la Municipalidad de Loja envi— a JosŽ FŽlix de Valdivieso
quien ser’a el represente de la provincia en la Convenci—n de Oca–a. La misi=
va
inicia diciendo Òtomando en consideraci—n las cuantiosas erogaciones que baj=
o
el nombre de emprŽstitos ha contribuido esta provincia para la libertad del
Ecuador y el feliz sostenimiento de la guerra en el PerœÓ, y despuŽs enumera
seis puntos a tomarse en cuenta (De Carri—n et al., 1826, p. 242).
El primer punto pide u=
na
providencia justa y equitativa para poder indemnizar a los acreedores presta=
mistas.
El segundo refiere a la eliminaci—n del impuesto de exportaci—n que recae so=
bre
las cabezas de ganado pues su aplicaci—n es alejada de la realidad y m‡s par=
a
una provincia en la que el comercio de ganado es una de sus actividades
principales. El tercer punto solicita que se derogue la abolici—n de la
esclavitud porque se necesita de esclavos para el desarrollo de ciertos fund=
os.
El cuarto punto demanda que Loja sea elevada a la categor’a de intendencia p=
ara
que as’ deje de estar sujeta administrativamente a Cuenca. El quinto punto e=
s
una solicitud para que el decreto de extinci—n de conventos no abarque los d=
e
San Francisco y San Agust’n pues estos son los encargados del colegio de la
ciudad. El œltimo punto es que la Feria de la Virgen del Cisne sea trasladad=
a a
la ciudad para mejorar el comercio y la agricultura (De Carri—n et al., 1826=
,
pp: 242-245).
Estos requerimientos p=
or
parte de la provincia de Loja reflejan un sentir de Òdar para recibirÓ. As’,=
al
haber hecho importantes aportes a la campa–a libertadora, la provincia se
presentaba con el derecho de exigir ciertas condiciones que protejan los
intereses de su poblaci—n. De estos puntos tambiŽn podemos observar que solo=
el
primero hace referencia a una devoluci—n de lo entregado, mientras que los
dem‡s son requerimientos espec’ficos en base a las caracter’sticas propias d=
e
la provincia. En este sentido, con esta instrucci—n, Loja busc— negociar su
pacto de poder frente al Estado de [gran]Colombia. Estas condiciones especia=
les
solicitadas por Loja tambiŽn exhiben lo dif’cil que fue para el poder centra=
l
organizar impuestos iguales para todo el extenso territorio; raz—n por la cu=
al,
el Estado tuvo que ceder muchas veces y hacer regulaciones de recaudaci—n y
producci—n diferentes para cada localidad y as’ evitar posibles levantamient=
os
(Velasco Herrera, 2010, p. 10).
2.3. La guerra
[gran]Colombia-Perœ: 1827-1829
Si en el apartado ante=
rior se
pudo observar una relaci—n de cooper=
aci—n
entre el Estado y la provincia de Loja, ahora veremos el reforzamiento de la
misma con la aparici—n de un nuevo enemigo: Perœ.
De 1822 a 1826, la sit=
uaci—n
lim’trofe entre [gran]Colombia y Perœ hab’a estado en calma debido a que Si=
m—n
Bol’var ejerc’a como presidente de ambas naciones. La situaci—n empez— a
cambiar a finales de 1826 cuando Bol’var se retir— de Perœ y dej— el mando a un
Concejo de Estado que no estuvo mucho tiempo en el poder, pues, en enero de
1827, una facci—n nacionalista de Perœ puso fin al rŽgimen bolivariano. Esta
acci—n, rompi— los lazos de amistad entre ambas naciones, que lleg— a su pun=
to
m‡ximo el 3 de julio de 1828 cuando [gran]Colombia declar— la guerra a Perœ,
pidiendo, entre otras cosas, la entrega de los territorios de Tumbes, JaŽn y
Maynas. En el transcurso de esta campa–a, las tropas peruanas ocuparon el
puerto de Guayaquil y la provincia de Loja.
Loja fue
invadida por el ejŽrcito peruano comandado por el general JosŽ de La Mar, a
finales de 1828. La tropa, compuesta por cerca de 4.600 soldados se acanton—=
en
Saraguro a la espera de tomar posesi—n de toda la zona para anexarla al Perœ=
.
Mientras esto pasaba, el general Agust’n Gamarra y la flota peruana ten’an
bloqueado el Puerto de Guayaquil. Para combatir esta acometida, Bol’var desi=
gn—
nuevamente a JosŽ Antonio de Sucre como jefe militar y de segundo al mando
nombr— al general Juan JosŽ Flores, quien despuŽs se convertir’a en el prime=
r
presidente del Ecuador. La batalla ocurri— en el Portete de Tarqui, el 27 de
febrero de 1829, y el triunfo fue para la escuadra [gran]colombiana. Un d’a
despuŽs, en Gir—n, se firm— un tratado preliminar de paz que entrar’a en
vigencia una vez que el ejŽrcito peruano abandonase la ocupaci—n tanto de Lo=
ja
como de Guayaquil (Denegri Luna, 1995, pp: 88-100).
Esta invas=
i—n
signific— para Loja un momento de mucho peligro, pues la provincia se hall—
desprotegida tanto por avance como por el retroceso del ejŽrcito peruano. En
este sentido, desde varios lados de la provincia se escribieron cartas conta=
ndo
los vej‡menes que hab’a dejado la tropa peruana a su paso por la ciudad. As’=
,
por ejemplo, est‡ el memorial de agravios y quejas que la Municipalidad de L=
oja
envi— al Gobierno de Quito, relatando lo sucedido durante la invasi—n:
Humilladas
sus bayonetas, repasan el camino que hab’an emprendido con la rabia de
hambrientos tigres; disparadas las partidas por los caminos y campos, talan,
matan hombres y animales, arrastras a su territorio m‡s de tres mil reses, n=
o
dejan bestias, ovejas ni marranos, estropean mujeres, arrasan sementeras y
conducen la desolaci—n hasta Macar‡ (Jaramillo Alvarado, 1982, p. 322).
TambiŽn se pueden hall=
ar
cartas de varios ciudadanos donde comentan la situaci—n que vivieron con el
paso del ejŽrcito peruano y c—mo esto limita la cantidad de raciones y cabez=
as
de ganado con las que pueden aportar a la causa [gran]colombiana. Est‡ el ca=
so
de Cayetano Villavicencio, habitante de Santiago, donde comenta los abusos q=
ue
sufri— por parte de un miembro de la tropa peruana que le robo varias cabeza=
s
de ganado (Villavicencio, 1829, p. 343). TambiŽn hay una carta que envi— el
jefe pol’tico de Gonzanam‡ en la que explica que el paso del ejŽrcito peruan=
o
acab— con todos los sembr’os y ganado existentes en dicha poblaci—n, raz—n p=
or
la cual no podr‡ cumplir a cabalidad las raciones pedidas por parte del Esta=
do
(Ojeda, 1829, p. 49).
Con fecha 7 de mayo de=
1829,
el cabildo de Loja remiti— a la gobernaci—n un resumen de los aportes hechos
por la provincia desde el dos de febrero de 1822 hasta el primero de mayo de
1829. Dicho documento es uno de los m‡s ricos pues separa los aportes, prime=
ro
por el per’odo en que fue entregado y despuŽs por el tipo de ayuda brindada;
as’, hay una secci—n dedicada a los emprŽstitos, otra a las contribuciones
extraordinarias y otra para el ganado y las especies. El resultado estimado =
de
las prestaciones bordea los 248.815,9 pesos, aunque se hace una aclaraci—n
acotando que la informaci—n con la que se realiz— la contabilidad era
incompleta, esto debido a que, por la velocidad de los acontecimientos, no
siempre se pod’a llevar el registro de lo que se entregaba (Jaramillo Alvara=
do,
1982, pp: 294-300).
Con la misma fecha se =
redact—
otra carta de instrucciones, como la de 1826, pero esta vez para los diputad=
os
que representar’an a la provincia frente a la Junta Provisional del Distrito=
.
En esta ocasi—n, la urbe ped’a no solo una reparaci—n material, sino que, so=
bre
todo, consideraban necesaria una reparaci—n moral frente a todos los da–os
perpetrados por la escuadra peruana. En este sentido, esta carta constaba de=
10
puntos y en la justificaci—n de los pedidos se mencion— que la provincia
Merece l=
a
consideraci—n del gobierno por sus grandes sacrificios en favor de la
independencia y la nulidad a que ha sido reducido por la invasi—n peruana, s=
u
ilustraci—n incipiente ha sido paralizada por la guerra, atrasada su corta
agricultura por el soldado y por la falta de brazos que la sostengan, las ar=
tes
mec‡nicas sin ejercicio, las propiedades abandonadas como cargas insoportabl=
es
y sus habitantes refugiados en los montes creyendo hallar en ellos el asilo =
seguro
para su vida (Maldonado et al., 1829, p. 1).
Bajo esta premisa inic=
iaron
la solicitud: en primer lugar, se pide la separaci—n de Loja y Cuenca para q=
ue
la primera se pueda convertir en un departamentos o prefectura independiente=
.
En segundo lugar, exige la indemnizaci—n por todos los gastos que tuvo la
provincia durante la œltima guerra. El tercer punto menciona la necesidad de
que se dicte una orden de reclutamiento que permita tener m‡s gente que trab=
aje
en la agricultura. El cuarto se–alamiento refiera a la construcci—n y
ampliaci—n de los caminos a Cayancas y Santa Rosa, los principales puertos p=
ara
la entrada y salida de productos. El quinto requerimiento es que se exentŽ d=
e
todo impuesto a los productos que van a ser comercializados en la Feria de l=
a
Virgen del Cisne. El sexto punto desea que los fondos obtenidos para la
hacienda nacional no sean remitidos a Cuenca y se queden en la ciudad. El
sŽptimo pedido es que se erija un obispado en la provincia. El octavo punto
menciona que los emprŽstitos y contribuciones sean œnicamente cobrados por l=
as
autoridades civiles para as’ mermar el abuso de los militares. El noveno ped=
ido
es que se vuelva a revisar el impuesto al ganado, pues su aplicaci—n dificul=
ta
el comercio de dicha especie. Por œltimo, solicitan que la parroquia de Sant=
a
Rosa sea reintegrada a la provincia (Maldonado et al., 1829, pp. 1-3).
Como se puede observar=
, estas
indicaciones tienen un tinte mucho m‡s fuerte y amplio que las presentadas e=
n
1826, y es que tambiŽn los abusos que vivi— la provincia fueron m‡s violento=
s.
As’, se continu— con la l—gica de que mientras m‡s se da, m‡s se debe recibi=
r.
Sin embargo, la pronta separaci—n de [gran]Colombia y la formaci—n del Estad=
o
ecuatoriano ocasion— que se hiciera caso omiso a los pedidos de la provincia=
de
Loja. No fue hasta 1859 cuando, en medio de una fuerte cr’sis pol’tica en el
Ecuador, se erigi— un gobierno federal en la provincia de Loja que se logr—
cumplir con varias de las peticiones esbozadas, tales como la erecci—n del
Obispado, el translado de la feria de la Virgen del Cisne o la creaci—n de u=
na
Contadur’a Mayor que maneje los impuestos cobrados dentro de la provincia
(Aguirre Pacheco, 2018, pp. 65-72).
3. CONCLUSIîN
El fiscal-military State es una manera de entender c—mo la econom’a=
de
guerra ayud— a la formaci—n o ampliaci—n del Estado. Si bien este concepto
tiene su pilar fuerte en la noci—n de coerci—n
social, este puede llegar a ser un limitante para comprender las relacio=
nes
e intereses que hay debajo de este tipo de transacciones (Torres S‡nchez, 20=
13,
p. 24). Por este motivo, otra forma de entender el fiscal-military State es mediante la noci—n de colaboraci—n, misma que se aproxima al modo en que la poblaci—n =
y
el Estado entablan relaciones en las que ambos puedan obtener beneficios.
Bajo estos par‡metros =
fue que
se retomaron varios de los datos recopilados por P’o Jaramillo Alvarado para
intentar establecer otra forma de interpretarlos. As’, los emprŽstitos, las
contribuciones extraordinarias, el ganado y los productos agr’colas fungiero=
n
como la moneda de cambio para la relaci—n entre la provincia de Loja y el
Estado [gran]colombiano. En este sentido, el Estado ofrec’a luchar por la
libertad siempre que la provincia colaborara al mantenimiento de los gastos =
de
la guerra. Obtenida la libertad, el Estado deb’a agradecer la ayuda prestada=
y
la provincia se ve’a en la posici—n de poder hacer peticiones especiales al
Estado. Parte del consenso era que el Estado pudiera hacer ciertas excepcion=
es
a su normativa para cumplir con los pedidos de la provincia y as’ asegurar s=
u
ayuda en caso de futuras necesidades. As’, la colaboraci—n o el dar para recibir se ir’a convirtiendo en un
c’rculo que podr’a da–arse cuando una de las partes no cumpliera con el pact=
o
t‡cito.
La informaci—n obtenid=
a
tambiŽn busca ampliar el espectro de investigaciones que se pueden realizar
sobre la dŽcada de 1820. Un mapeo r‡pido por el Archivo Hist—rico de Loja
mostr— las interesantes cartas que se enviaban desde diferentes partes de la
provincia narrando los hechos de la agresi—n peruana. Estas misivas tambiŽn
tienen datos muy importantes sobre los aportes que cada sector entregaba.
Adentrarse en el estudio de las mismas, no solo ayudar’a a comprender mejor =
le
econom’a de la guerra, sino que tambiŽn posibilitar’a comprender el perfil
productivo de la provincia y la concentraci—n del poder econ—mico en ciertas
familias. Pues, resulta parad—jico que se hable de una provincia donde Òtodo
anuncia escases y miseriaÓ pero que, a su vez, ciertos pueblos puedan entreg=
ar
entre 70 y 100 cabezas de ganado mensualmente y la misma cantidad en racione=
s
de alimento como arroz o sal. En este sentido, se deber’a buscar m‡s
informaci—n que complemente el panorama y mejore el relato hist—rico que hay
sobre la Žpoca.
Referencias
Fuentes primarias
De Carri—n, M; Eguiguren, J; Palacios, J et al. (Loja, 24 de abril =
de
1826). La ilustre municipalidad y el gobernador de la provincia formulan
seis art’culos de instrucciones para que su honorable diputado, ante la
Convenci—n de Oca–a, Dr. JosŽ FŽlix Valdivieso los tenga como guia de su
actuaci—n en bien de la provincia de Loja. AHL, P’o Jaramillo Alvarado,
vol. I, ff.242-245.
Maldonado, J; Riofr’o, N; Palacio, J et al. (Loja, 7 de mayo de 182=
9).
La ciudad de Loja por medio de sus autoridades da a los dos se–ores
diputados para la junta provisional del Distrito instrucciones encaminadas a=
la
prosperidad de la provincia, entre ellas el reintegro de los gastos para las
guerras de la independencia, la independencia de Cuenca, la apertura de
caminos, la traslaci—n de la romer’a y feria que se hace en el cisne a esta
capital y la erecci—n del obispado con jurisdicci—n sobre JaŽn de Bracamoros=
.
AHL, P’o Jaramillo Alvarado, vol. I, ff.1-3.
Ojeda, J. =
J.
(Gonzanam‡, 2 de julio de 1829). Car=
ta a
la Municipalidad de Loja. AHL, Fondo 1, caja 0011, f. 49.
Villavicencio, C. (Santiago, 23 de junio de 1829). Carta
a la Municipalidad de Loja.
AHL, Fondo 1, caja 004, f. 343.
Fuentes
secundarias
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propietarios y exportaci—n cacaotera 1780-1925 (2 ed.). Quito: Corporac=
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