
16 Universidad de Cuenca, Ecuador
cuerpo para generar relaciones sensoriales que
trascienden y conguran otra episteme o racionalidad.
Por lo tanto, las oralidades pueden ser consideradas
como “archivos vivos” de las cosmovivencias que se
van constelando, exceden los marcos de racionalidad
moderna, para crear cosmovisiones en relación
constante y vibrante con el suelo, el mar, los ríos,
la selva, la oresta, sonidos, sueños, espíritus y
animalidades. Esta episteme se comprende como
“envolvimiento” donde el tiempo se diluye o va hacia
atrás para reconocer el espacio actual, o donde se
genera otro tipo de relación personal, ya sea amistad,
intercambio, seducción u hostilidad y conicto con los
distintos seres y materialidades que entran en juego
en una cosmovivencia. Geni Nuñez
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, activista guaraní
comentaba que las historias orales en la Amazonía
nunca son terráqueas, tampoco sitúan al humano
como centro del mundo, en consecuencia, amplían las
experiencias a un sinfín de sentires y subjetividades.
Situarnos desde la escucha de las cosmovivencias
es nuestra postura epistemológica en torno a los
relatos que presentamos, puesto que no se pretende
encasillar, categorizar ni patologizar la experiencia,
ni tampoco pretendemos juzgar un relato desde los
ejes interpretativos de lo real o lo mítico-legendario.
El propósito de la escucha es seguir el rastro de las
relaciones que, desde la experiencia vivida, van
entretejiendo la narrativa oral, asimismo, es en la
potência de la escucha donde se van articulando y
tejiendo otros mundos, universos potenciales que
difuminan la temporalidad lineal, la verosimilitud, la
vinculación con los cuerpos humanos y no humanos.
Ahora bien, serán entonces estos relatos mnemónicos,
cargados de metáforas que actúan como portadoras
de herramientas, los que enmascaran la violencia, el
placer y el goce en las formas de habitar y coexistir
en el agua y la tierra.
De este modo, es en la transmisión de oralidades
donde se ejerce un discurso en que los/a que escuchan
también participan, interpelan y complementan
la narración. Por tanto, se trata de entrelazar lo
“íntimo o individual” a lo social, comprendiendo
que lo individual, ya está constituido por lo social
desde un principio, puesto que aquello que se está
narrando oralmente —y que se tiende a creer que
es un sentir particular— atañe a una dimensión
social, cultural e histórica compartida, es en la
escucha donde se va recuperando el saber social
compartido. Al mismo tiempo, es posible que en la
escucha colectiva en aquellos territorios donde se
comparte una experiencia que remite a un orden
lógico colonial (Bairrão, 2005) la misma comunidad
acepte o se rechace esta experiencia porque se remite
a un pasado ominoso.
¿Qué ocurre entonces cuando los cuerpos —
considerados— humanos se desplazan de su trono
de seres que solo agencian en la tierra y comienzan
a generar inuencias en el agua, permitiéndoles
metamorfosear deseos, trayectos y nombres para
convertirse en animalidades diversas, vegetaciones
y/o elementos de la naturaleza? ¿Qué acontece cuando
aquellos contienen otros lenguajes y prácticas, que
respiran y aprecian otros modos de experiencia vivida,
capaces de constelar otras ontologías, políticas y
afectos que plasman el acto de pensar? Es relevante,
que al situarnos en la escucha de una cosmovivencia
se tenga en cuenta que cada narrativa o historia está
siempre relacionada con un determinado paisaje o
territorio, a lo que Glissant (2005) nombra poéticas
de la relación. Serán entonces, las derivas de los ríos y
aguas, las que nos permiten realizar este acercamiento
a un análisis acuático y anbio de dos oralituras (que
es lo que haremos a continuación) consideradas
ocialmente, dentro de la crítica literaria, como relatos
de carácter mitopoéticos. Esta ha tratado de explicar
cómo han coexistido los cursos de agua, y también,
han servido como “esquema explicativo” de ciertas
normas y morales que se dan en un territorio. Los
mitos tienden a normalizar una narración como “la
verdad” (Barthes, 1999).
Al tener una lectura relacional en torno a las
cosmovivencias es que en este análisis se busca
ampliar y romper con esos esquemas explicativos, para
introducirnos en las distintas experiencias que una
misma oralidad encarna y que busca reconocerse en
una amplitud de anidades y diferencias corporizadas
en la trama vital de las aguas. Estas cosmovivencias
con el agua generan otras maneras de percibir la
realidad cotidiana4, donde la materialidad trasciende,
se transgura.
Así, la cosmovivencia se vale de la oralidad, de su
exibilidad interpretativa que poniendo en relación
los relatos con sus condiciones y entorno. Por ejemplo,
un volcán, río o el mar, van congurando entramados
relacionales que traen consigo una multiplicidad de
vínculos e interdependencia socio-materiales. De igual
modo, presenta diversos tropos de enunciación con
distintas constelaciones vibrantes que nos dan indicios
de las cosmopolíticas5 que cargan estos lugares.
Al portar consigo un carácter fundacional, se
comprende al mito como la manifestación que
condensa la experiencia vivida y establece un
arquetipo o solo una vía de explicación o de expresión
de una vivencia encarnada; por tanto, serán las
cosmovivencias las que posibilitan una apertura hacia
los relatos que se escuchan y transmiten oralmente,