
80 Universidad de Cuenca, Ecuador
El alarido nal
Entonces, por una fanfarroneada frenética, golpeé
con fuerza, con un bastón que tenía en la mano
en ese momento, precisamente sobre la pared del
tabique tras el cual yacía la esposa de mi corazón.
[…] Apenas se hubo hundido en el silencio el eco
de mis golpes, me respondió una voz desde el
fondo de la tumba. Era primero una queja, […] en
seguida, se convirtió en un grito prolongado, sonoro
y continuo, infrahumano. Un alarido, un aullido
mitad horror, mitad triunfo, como solamente puede
brotar del inerno (Poe, 1843/2019, p. 542).
Antes de analizar el último signo, es preciso aclarar
que el hombre mató a su esposa en el sótano tras
intentar eliminar al gato, el cuerpo lo emparedó. Con
el avanzar de los días, ociales irrumpen en su casa
para investigar y, después de la inspección del sótano,
ocurre el alarido nal del gato. Como lo indica la
Tabla 6, aquel sonido concluye la historia con una
resolución amarga para el narrador. En este punto
de la historia, ya nada es casualidad, y el asesinato de
la esposa es prueba de aquello, su locura y maldad
crecieron exponencialmente que no titubeó al matarla.
Al respecto, el fragmento donde el narrador arma:
“dormí, a pesar de todo, tranquila y profundamente.”
(Poe, 1843/2019, p. 541), suele leerse como una muestra
de cinismo absoluto. Sin embargo, su descanso no se
debe a su frialdad, sino al alivio de creer que al n se
deshizo del gato. Al desaparecer su recordatorio viviente
de su primer crimen, su conciencia experimenta una
paz falsa que le permite descansar.
La culpa se disipó durante esos días, debido a que el
gato ya no se volvió a aparecer desde el homicidio, pero
aquella efímera tranquilidad se disiparía al fanfarronear
sobre la solidez de la pared ante los ociales, la voz
de la justicia retornó del más allá y es aquí cuando el
protagonista que se creía victorioso, siente la derrota
ante el destino, aquel momento que presagiaban
todos los signos analizados con anterioridad, se vio
envuelto en una sola escena, en un grito, un único
alarido. “El proceso paranoico hace signo de todo”
(Alerini, 1988, p. 88). Esta frase engloba el pensamiento
del narrador, puesto que, él no cree que el maullido
del animal fue ocasionado por el susto que le pudo
producir al escuchar el golpe que él mismo causó, sino
que intuye automáticamente que tal sonido fue la voz
de la verdad, esa voz que no puede articular y entre su
momento de paranoia extrema, busca otorgarle una
intención al signo, llegando a la aterradora conclusión
que es el “unísono de las gargantas de los condenados
en sus torturas y de los demonios que gozaban en la
condenación” (Poe, 1843/2019, p. 542).
Poe termina construyendo el clímax perfecto con la
ayuda de este signo, donde conuyen la psiquis del
personaje, el terror psicológico y su genialidad. Fracasa
el protagonista, mas no la narrativa, porque el lector
entenderá que los eventos transcurridos durante
la trama, trascendieron y se transformaron en una
experiencia terroríca pura.
Reexiones nales
Edgar Allan Poe fabrica el terror y presenta la culpa
como motores narrativos y psicológicos. Se conrma
que la evolución de los signos es ascendente y funcional
bajo la lógica de la narrativa con su respectivo análisis
individual. Signos como el nombre del gato, el color
negro y la mutilación del ojo, son los primeros en
presentarse y actúan como estímulos que conguran
el conicto central. Cada uno tiene la funcionalidad
de servir como eslabón lleno de signicación, en una
cadena semiótica, convirtiendo al gato en testigo,
víctima y delator. Toda esta secuencia de elementos es
la culpa que se reeja a partir de la mente del narrador,
quien tras cometer sus macabros crímenes delega toda
responsabilidad al felino.
Por consiguiente, los signos como el ahorcamiento
de Plutón, la aparición del segundo gato y su mancha
blanca, son los componentes que personifican
la culpa en la historia; por un lado, la escena del
ahorcamiento representa la perversidad que quiso ser
oprimida; pero que nalmente fracasó, después con
la aparición del segundo gato. Poe simbólicamente
nos indica que es el momento en el que regresa lo
oprimido y que la mancha blanca, sirva como huella
de la culpa, distorsionando así la brecha entre lo
real y lo simbólico. Por último, el alarido nal es el
signo que sintetiza todo este sistema semiótico. Es la
encarnación de toda la carga simbólica acumulada
en un solo sonido.
En denitiva, este estudio analiza y ratica que Poe
crea un terror estructurado a través de distintos
signos, cuya evolución va de la connotación cultural
a la alucinación personal. Poe arma el terror con tal
precisión que cada signo se convierte en un engranaje
de un sistema mecanizado, en donde es imposible
imitar si llegase a excluirse uno, demostrando que el
miedo más profundo es el que se instala en la mente.
Conicto de intereses: Los autores declaran no tener
conictos de intereses.
© Derechos de autor: Jostin Marcillo Reyna,
Genoveva Ponce-Naranjo, 2026.
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