Enero - Junio 2026ISSN:1390-0862 / e-ISSN: 2661-6912
pucara.ucuenca.edu.ec
83
Cómo citar:
Aillón Valverde, M.
(2026). Implementación
de un taller de diseño de
actividades lúdicas para
el lenguaje dirigido a
docentes en formación de
Educación Inicial. Pucara,
1(37), 83-88. https://doi.
org/10.18537/puc.37.01.0 8
Resumen
El artículo reexiona sobre la novela Simone
(2013) de Eduardo Lalo desde el problema de
la escritura fragmentaria y su capacidad para
tensionar los archivos culturales y literarios
nacionales. En el contexto de las narrativas
contemporáneas latinoamericanas atravesadas por
la migrancia, la marginalidad y la precarización
del campo intelectual, se propone analizar cómo
el fragmento, la cita descontextualizada, el collage
y el pastiche operan como estrategias formales
y políticas. El trabajo adopta una metodología
ensayística de lectura crítica y análisis textual,
en diálogo con aportes teóricos de los estudios
culturales y literarios sobre archivo, frontera y
dislocación. A partir del vínculo entre el narrador
y el personaje de Li Chao, se examina cómo
la escritura al margen —inscrita en gratis,
papeles desechables y textos ajenos— erosiona
la coherencia del repertorio canónico y visibiliza
sus mecanismos de exclusión. Se sostiene, como
conclusión, que Simone congura una poética
de la ruina y del residuo que desacraliza el
campo literario, subvierte la lógica mercantil del
conocimiento y reivindica la fragmentación como
una forma legítima de producción crítica desde
los márgenes.
Recibido: 09/04/2026
Aprobado: 02/06/2026
Publicado: 15/06/2026
Miguel Aillón Valverde
Universidad de las Artes, Ecuador
miguel.aillon@uartes.edu.ec
Abstract
is article reects on Eduardo Lalo’s novel
Simone (2013) through the problem of frag-
mentary writing and its capacity to challenge
national cultural and literary archives. Within
the context of contemporary Latin American
narratives shaped by migrancy, marginality, and
the precarization of the intellectual eld, the study
analyzes how the fragment, decontextualized
quotation, collage, and pastiche operate as formal
and political strategies. e article adopts an
essayistic methodology based on critical reading
and textual analysis, engaging with theoretical
contributions from cultural and literary studies
on archive, border, and dislocation. Focusing
on the relationship between the narrator and
the character Li Chao, the analysis examines
how marginal writing—inscribed in grati,
disposable papers, and borrowed texts—erodes
the coherence of the canonical archive and
exposes its mechanisms of exclusion. It is argued,
in conclusion, that Simone articulates a poetics
of ruin and residue that desacralizes the literary
eld, subverts the mercantile logic of knowledge,
and reclaims fragmentation as a legitimate mode
of critical production from the margins.
Escrituras fragmentadas y archivos en ruinas: Simone de
Eduardo Lalo
Fragmented Writing and Ruined Archives: ‘Simone’ by Eduardo
Lalo
Palabras clave: Eduardo Lalo, escritura
fragmentaria, archivo literario, dislocación,
poéticas del residuo
Keywords: Eduardo Lalo, fragmentary writing,
literary archive, dislocation, poetics of residue
Vol. 1, N.° 37, 83-88
https://doi.org/10.18537/puc.37.01.08
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Introducción
En la novela Simone (2013),1 del puertorriqueño
Eduardo Lalo, la escritura fragmentaria articula
la irrupción de voces migrantes y marginales que
cuestionan el sistema literario y la lógica interpretativa
de los archivos nacionales, poniendo en crisis sus
mecanismos de legitimación. Se conguran así
nuevas nociones literarias relacionales, críticas
de las tradiciones académicas establecidas y de la
precarización de los estatutos intelectuales. El ensayo
propone, desde esta perspectiva, una lectura de la
novela que entiende la fragmentación no solo como
procedimiento estético, sino como una práctica crítica
que desestabiliza los regímenes de validación del
ordenamiento cultural.
Todo esto se da a partir de la historia de amor del
narrador —un escritor de poco éxito que vive en
San Juan y cuyo nombre desconocemos—, a través
de citas, papeles estrujados o gratis que como
mensajes cifrados le llegan en su diario deambular
citadino, para conducirlo hasta la autora de estos: una
inmigrante china llamada Li Chao que se esconde bajo
el seudónimo de Simone (por la lósofa francesa de
la primera mitad del siglo XX, Simone Weil).
Lo primero que llama la atención en la novela es su
carácter fragmentario. La escritura no es sino una
conjunción de retazos que funcionan de manera
especular con las formas identitarias de los personajes
principales: el narrador y Li Chao. Es por esto que,
a medida que el relato se desarrolla, no se entiende
el contexto sino a partir de la acumulación de trozos
que al nal tratan de congurar los sentidos de la
cotidianeidad.2 Por esta razón el narrador maniesta:
He estado siempre como lo describo aquí: rodeado
de fragmentos, de pedazos de cosas con que poblar
las horas. He aprendido a vivir entre el detrito,
satisfecho de no estar satisfecho, suponiendo que
estas circunstancias me unen a una multitud de
hombres y mujeres que no intentaré conocer, pero
con quienes siento una suerte de hermandad mucho
más poderosa que la que he tenido con la mayor
parte de mis relaciones. (p. 38)
Fragmentación y crisis del archivo
Se establece así un contexto en el que la escritura o
lo que se podría llamar el archivo de la escritura, se
ve enfrentado a la multiplicidad de elementos que
por un lado la conforman (en el intento de unidad
de sentido de vida); pero por otro, están siempre
minándolo desde su fragmentariedad de residuos
informes que atentan contra toda lógica estructural.
El crítico uruguayo Hugo Achúgar dice que todo
archivo (él lo plantea desde la perspectiva conceptual
de la Biblioteca) concibe su propia normativa
estructural en función de los mecanismos de supresión
que responden, esencialmente, al contexto en el que
son erigidas. Sin embargo, esta exclusión posibilita
también la aparición de márgenes en los que se ubica
lo heterodoxo. Así, todo lo que no ha sido incluido allí
pasa a ser, a su modo, parte de los intersticios latentes
de la matriz cultural por los que cada tanto se ltra
lo no deseado (Achúgar 1994, 13-24).
Y es que, como señala Lotman, una cultura actúa
estableciendo sus límites, localizando sus bordes, sus
sitios ajenos y oponiéndose a ese espacio que no la
constituye, que no es ella, pero que sin embargo ella
misma diseña; por lo que estos espacios laterales le
son intrínsecos y ocupan un puesto preeminente en
su denición.
3
El archivo sería, entonces, producto
de sus códigos más rmes, así como de su exclusión,
de sus fronteras o de aquello que se quiso desechar.
“Si esas trazas aparecen casi como de contrabando
en esta biblioteca —dice Achúgar — es porque han
estado allí, alimentándose con su escepticismo, con su
babélica acumulación, con su secreta rabia” (1994, 14).
Los residuos y los fragmentos descartados devienen
en parte esencial del archivo cultural, entendido
como un dispositivo simbólico de ordenamiento,
exclusión y legitimación del saber. Estas trazas
—esbozos que han perdurado en el tiempo—,
constituyen el fondo sedimentado del pensamiento
canónico contemporáneo, desde cuyos márgenes
emergen para fracturar toda certeza estructural y
todo bagaje histórico. De este modo, provocan el
desmoronamiento de esa matriz y reducen dicho
repertorio a un conjunto de ruinas entre las que yacen
conceptos y nociones que hasta entonces se asumían
como únicos y perpetuos.
Escritura residual y dislocación
migrante
Pero este desmontaje del archivo por sus fragmentos,
no implica que todo se haya perdido y que en el lugar
antes ocupado por ese conocimiento no quede nada.
Su desplome da lugar a la aparición de muchas otras
bibliotecas —pequeñas, rizomáticas— que la escritura
(y el narrador de la novela, como dependiente de
esa escritura) se ve obligado a revisar, releyendo
desde los intersticios de lo múltiple y de cara a una
diferencia marcada por la pluralidad discursiva, los
textos heterogéneos (menores) que dibujan realidades
igualmente disímiles y que se ltran, asimismo, en
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la corporalidad y subjetividad de los personajes del
relato.
En la novela la escritura al margen (en todas sus
manifestaciones) pasa a ser constitución interna
de sí misma: se genera un movimiento centrípeto
que absorbe notas, panetos, frases o gratis, para
transformarlas y fundirlas con la noción misma de
existencia. El mundo-realidad deviene, entonces, en
el conjunto de citas o fragmentos que el narrador lee
y encuentra, en una dinámica de mediación que le
ayuda a comprender el entorno.
Pero lo fragmentario y marginal se reeja también
en la escritura que el narrador desarrolla a lo largo
de la novela. La novela misma se transforma en el
collage de imágenes y pensamientos que el personaje
va consignando en papeles susceptibles de ser
descartados: detritos escriturarios.
Me gusta escribir al dorso de los papeles que me
entregan en la calle. Mis anotaciones se hacen en
hojas de propaganda y también en recibos y facturas.
Ahora, por ejemplo, escribo en la parte de atrás del
anuncio de una compañía que sella techos y provee
servicios anes. Antes he leído el mensaje del negocio
que como tantos aquí, lleva un pomposo nombre
en inglés, bajo el cual quedan consignados sus
servicios en el español de todos los días […] Escribo
en cualquier sitio. La tinta corre maravillosamente
sobre el papel barato. (Lalo 2013, p. 44)
La dinámica de desarrollo del relato implica una
desacralización progresiva de la escritura: la literatura
del margen es una escritura en y del desecho; y con esto
no sólo se evidencia la potencia fugaz de la escritura
como acto que atenta contra un repertorio canónico,
sino que lo hace con materiales inservibles salvo para
la lógica de producción capitalista del mercado y el
consumo (recibos, facturas, propagandas). De aquí
la acción transgresora de la escritura en soportes
mercantiles que luego serán olvidados.
Esta idea plantea uno de los nudos problemáticos de
la novela. En un mundo globalizado y occidentalizado
en todas sus manifestaciones, tan sólo el mercado
y sus archivos anes (incluido el académico), son
los que permiten la circulación de un determinado
conocimiento, así como la manufactura de
subjetividades (afectos, en palabras del narrador). La
escritura se genera en estos circuitos de producción en
el que las fronteras nacionales han dejado de existir o
han devenido en modelos únicos del mercado.
La mayor parte de las depresiones están formadas
por sentimientos de mercado. Los puedo llamar así,
tengo razones y amplia experiencia. Las emociones
que se experimentan parecen salir de una línea de
ensamblaje y conseguirse en cualquier sitio. Su
distribución es masiva, como tantas otras cosas
que se venden y se compran, son imitación de
algo. Existen porque ante ciertos acontecimientos
se adoptan ciertos modos de hacer y de sentir. Poco
más. (pp. 19-20)
Frente a esta evidencia, el único lenguaje posible
—confrontativo, en todo caso— es el del pastiche y
el collage. La imitación y reutilización de citas que
descolonicen la lógica globalizadora del mercado.
Es en este contexto de mercantilización del afecto
y del conocimiento donde emerge la gura de Li
Chao, personaje chino que desde la lógica de la
migrancia, disloca las formas representacionales de la
realidad inserta en el repertorio cultural y académico
hegemónico; una suerte de recurso alegórico, tal y
como lo pensó en su momento Benjamin.4 El narrador
conrma este giro:
Decir que el arribo de los mensajes me asombraba
constituye ya, a estas alturas, una expresión hueca
[…] Las dos citas me hubieran interesado en
cualquier circunstancia, en un libro, la prensa o en
una conferencia. En ellas creía ver, simultáneamente,
claves de la historia del otro (u otra) que me escribía
y de la mía. Ése, escogía sus textos (¿escritos por
él o apropiados?, no estaba seguro) vislumbrando
que serían objetos de una pasión común (¿y
acaso también de una estrategia de supervivencia
compartida?). Quizás fuera excesivo armar que me
encontraba en ello, pero era indudable que daban
lo suciente en el blanco, para que su sucesión se
estuviera convirtiendo en una especie de cadena
fabulosa, cuya magia estaba precisamente en que
trascendía la noción habitual de la escritura y lectura
de un texto. (Lalo 2013, p. 45. Las cursivas son mías)
Se evidencia una inversión de las maneras de
producción de conocimiento de la realidad (lectura
y escritura) a partir de textos cuya procedencia o
(des)contextualización se ignoran. Al respecto, en
un párrafo del relato, más adelante:
Fui al baño y en una pila de libros encontré el diario
de Virginia Woolf […] Lo he abierto al azar y he
leído el comienzo de un párrafo. Lo he copiado en
la libreta, imitando lo mejor que he podido la letra
de molde que me persigue desde hace semanas:
“Debo anotar los síntomas de la enfermedad para
conocerla en la próxima ocasión”.
[…] En mi cuaderno, la frase ya no signica lo
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mismo que en el diario de Woolf y armará algo
aún más lejano del original cuando esté en el sobre
a la espera de la mano misteriosa.
Unas palabras extraídas de un diario, se convierten
ahora en el comienzo de un diálogo. No se me
escapa la ironía. (p. 57)
La acción de desnaturalizar y resemantizar las citas,
se exacerba desde la situación desplazada de Li
Chao como migrante, pues tal y como se conrma
más adelante, ella no puede hablar sino a través de la
palabra de los otros, los legitimados para ello. Dado
que como ella misma reconoce, “[e]n la escuela y en la
calle fue siempre ‘la china’” (96), la irrupción se ejecuta
a través de textos ajenos, pues —caso contrario— es
imposible hablar o escribir cuando la identidad no es
compartida por nadie, “cuando la inmensa mayoría
de la gente no puede ni siquiera concebirte” (98).
Desde ese anonimato impuesto, de una “china entre
mil millones de chinos […] y entre cuatro millones de
puertorriqueños que no se ven ni a sí mismos” (103),
las palabras coloniales son apropiadas y traducidas
para representar(nos): “No se puede escribir si uno
no tiene palabras —dijo Li—. Si las palabras siempre
han sido de los otros. Por eso preero leer, tomar las
palabras que los demás escriben y transformarlas. Es
lo que conozco. Es lo que me he hecho siempre” (98).
Se extrema la dislocación, como transferencia y
desplazamiento de los sujetos migrantes y marginales,
y como transgresión del espacio y archivo nacionales.
Así, las citas invierten la situación colonial de
estructuración de las razones controladas por el
sistema. Y al reapropiarse y reutilizarlas, se quebrantan
los sentidos originales —si es que se puede concebir
algo así— para decir la palabra de los “otros”: una
construcción dislocada del nosotros desde el otro
invertido e intervenido. De aquí que el narrador de
Simone concluya diciendo que las “palabras de otros
eran [para Li Chao] su protección y a la vez una forma
de expresarse elípticamente” (104).
La citación fragmentada, como discurso de intrusión,
implica una forma de camuaje, dado por la autoridad
de las voces que desde las citas son parte del
ordenamiento de la cultura nacional; pero al mismo
tiempo una forma de lucha que desde los márgenes
de la migración, resemantizan aquéllos signicados
tornándolos ilegibles para el sistema. Esto de elíptico
se parece un poco al tartamudeo-balbuceo, pensado
por Achúgar, como forma legítima del discurso de
conocimiento latinoamericano. Dice el uruguayo que
el sujeto que habita espacios dislocados, no puede sino
hablar (mal hablar y mal decir) a través de discursos
extraños, fragmentarios; o mejor, como plantea
Achúgar (2004, 16), la escritura no puede ser sino
la del balbuceo.
No otra cosa pueden elaborar aquellos que hablan
[…] desde ese lugar que algunos entienden como
el espacio de la carencia […] El balbuceo es nuestro
orgullo, nuestro capital cultural, nuestro discurso
raro, nuestro discurso ‘queer’. El orgullo de aquellos
raros que, supuestamente, no tienen boca como
los planetas de Lacan y por lo tanto carecen de
discurso. O, según algunos, peor aun pues hablan
o producen un discurso viejo, nativo, criollo,
moderno, imitativo, derivado, carente de valor.
Es decir, que Achúgar reivindica el espacio excéntrico
del fragmento convertido en un ‘balbuceo’, ya que
balbucear —como lo habían previsto antes, pensadores
como Fernández Retamar desde los personajes de
Calibán y Próspero— no es una carencia sino una
armación:
Una orgullosa —orgullosa en el sentido de
reivindicar lo propio, no como sinónimo de
soberbia ni de chauvinismo— armación de que
el pensamiento crítico latinoamericano no tiene que
pagar tributo a la sistematización ‘euro/yanqui/etc./
etc./etc.’, que lo sistemático —de existir y aun cuando
exista en el pensamiento latinoamericano—, o su
virtud mayor, radica en el hecho de que habitamos
‘espacios inciertos’, territorios otros, ámbitos
inexplorados que siempre estamos en proceso de
construir, descubrir, habitar. (Achúgar 2004, p. 23)
Y hago hincapié en el concepto de lo sistemático
pues es el valor que se le da a la coherencia. Según
Achúgar, hay un poder represivo en el uso de la
categoría “coherencia”. Armaciones del tipo “eso no
es coherente” o “no tiene coherencia” han sido usadas
muchas veces para reprimir el discurso disidente,
fragmentario o minoritario. De aquí que la centralidad
del concepto “coherencia” revista importancia en la
cultura occidental.
Y por esto la toma de posición formal a partir del cual
en Simone, el fragmento, la cita descontextualizada,
el collage o el pastiche, adquieran un trasfondo
político y hasta militante por parte de Li Chao,
reivindicatorio del carácter excéntrico de nuestras
escrituras que desde la dislocación migrante, atentan
contra los archivos nacionales; y que en última
instancia reivindica el llamado —también categórico
de Enrique Lihn (1995, 74) cuando, citado por George
Yúdice, decía: “No somos nada; imitaciones, copias,
fantasmas; repetidores de lo que entendemos mal, es
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decir a duras penas; organilleros sordos; los fósiles
animados de una prehistoria que no hemos vivido
ni aquí ni, por consiguiente, en ningún lado, pues
somos extranjeros aborígenes, trasplantados desde
que nacimos a nuestros respectivos países de origen”.
Conclusiones
Frente a estas dinámicas de acción fragmentaria, el
narrador entiende nalmente el valor de la dislocación
en Li Chao: “Me había sentido dueño de mi vida,
aunque a veces pareciera una piltrafa. Li Chao había
derrumbado esa precaria seguridad que era, lo
descubrí entonces, un inútil mecanismo de defensa
[…] Nunca habría sido capaz de imaginar estos
textos ni tampoco la estrategia del encuentro. Eran
mis límites. Li Chao procedía de otra parte” (Lalo
2013, 91).
Se evidencia, desde los márgenes, el desmantelamiento
de las estructuras de poder del archivo. Es la migrante,
proveniente de “otra parte”, quien irrumpe para
atentar —con los propios recursos del archivo—
contra aquello que este representa. Se produce así
una transgresión de los límites naturalizados y una
irrupción de las citas como notas al margen que van
menoscabando la textualidad centralizada, tanto de
la obra como de la vida.
El sentido de los desplazamientos y dislocaciones
se congura, por último, a partir de las rutas que el
propio libro traza entre los márgenes y el centro: las
citas, las notas, los fragmentos; así como las máscaras
y las imposturas, en un juego de identidades múltiples
que Li Chao despliega estratégicamente para hablar
de nosotros desde los otros. Esta operación se encarna
en la gura de la migrante, quien traduce y transgrede
el espacio central del narrador, desestabilizando sus
coordenadas de sentido. En este marco, Simone no
solo pone en crisis el archivo, sino que lo reinscribe
desde sus restos, para armar la fragmentación como
condición crítica de la escritura contemporánea.
Conicto de intereses: El autor declara no tener
conictos de intereses.
© Derechos de autor: Miguel Aillón Valverde, 2026.
© Derechos de autor de la edición: Pucara, 2026.
Notas nales
1 A partir de este punto, el número de las páginas se
consignarán, directamente, en la cita respectiva.
2 La crítica Elsa Noya, habla en el prólogo del libro
de una mecánica del fragmento, a partir de lo que
Maurice Blanchot denominó como el “habla de
archipiélago”. Cfr. “Prólogo”, en Simone, (Buenos
Aires: Corregidor, 2013), 11-6.
3 Cfr. Juri Lotman, La Semiósfera I. Semiótica
de la Cultura y del Texto. (Madrid: Cátedra,
Universidad de Valencia, 1996).
4 “Quizá es posible concretar así el secreto motivo
que subyace al coleccionismo: abre el combate con
la dispersión. Al gran coleccionista le perturba de
modo por completo originario la dispersión y el
caos en que se halla toda cosa en el mundo. [...]
El alegórico en cambio representa el polo opuesto
del coleccionista. Ha renunciado a iluminar las
cosas con el empleo de la investigación de sus
anidades o su esencia. Así que las desliga de su
entorno, mientras que deja [...] a su melancolía
iluminar su signicado. El coleccionista, por su
parte, liga aquello en que ve correspondencia; así
puede alcanzar una enseñanza sobre las cosas por
sus anidades o su sucesión en cuanto al tiempo.
[...] En lo que atañe al coleccionista, su colección
jamás está completa, y aunque le falte una sola
pieza, lo coleccionado permanece como mero
fragmento, como desde siempre son las cosas en
cuanto hace a la alegoría”. Walter Benjamin, El
libro de los pasajes. (Madrid: Ediciones Akal, H 4
a, 1, 2005). (Formato digital). En Atlas Benjamin.
Círculo de Bellas Artes. Consulta: 27 de octubre
de 2018). http://www.circulobellasartes.com/
benjamin/termino.php?id=110.
Es evidente la inuencia del pensamiento de
Benjamin en la novela. Prueba de ello es que
una de las citas que refuerzan la mecánica de
lo fragmentario para el narrador, proviene del
pensador alemán: “Al entrar y cerrar la puerta,
me di cuenta de que no había doblado la hoja
amarilla. Contenía la caligrafía habitual, la tosca
pero cuidadosamente dibujada letra de imprenta,
yéndose en pendiente al margen derecho. ‘Decía
Walter Benjamin que en nuestro tiempo la única
obra realmente dotada de sentido —de sentido
crítico también— debería ser un collage de citas,
fragmentos, ecos de otras obras’” (p. 53).
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Referencias
Achúgar, H. (1994). La biblioteca en ruinas. Reexiones culturales desde la periferia. Trilce.
Achúgar, H. (2004). Planetas sin boca. Escritos efímeros sobre arte, cultura y literatura. Trilce.
Benjamin, W. (2008). El origen del drama barroco alemán. Trad. José Muñoz Millanes. Taurus.
Fernández Retamar, R. (1971). Calibán. Casa de las Américas.
Lalo, E. (2013). Simone. San Juan: Corregidor.
Lihn, E. (1995). El circo en llamas. LOM Ediciones.
Lotman, Y. (1996). La semiosfera I. Trad. Desiderio Navarro. Cátedra.
Woolf, V. (1982). Diarios. Trad. Andrés Bosch. Lumen.
Yúdice, G. (2002). El recurso de la cultura. Usos de la cultura en la era global. Gedisa.