Enero - Junio 2026ISSN:1390-0862 / e-ISSN: 2661-6912
pucara.ucuenca.edu.ec
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Yo, monstruo
Manuel Villavicencio-Quinde
Universidad de Cuenca, Ecuador
manuel.villavicencio@ucuenca.edu.ec
Cómo citar:
Villavicencio, M. (2026).
Yo, mostruo. Pucara,
1(37), 7-12. https://doi.
org/10.18537/puc.37.01.0 1
Al principio me retiré asustado, incapaz de creer que en
realidad era yo el que se reejaba en la supercie espejada;
y cuando me convencí plenamente de que realmente era
el monstruo que soy, me embargaron las sensaciones más
amargas de tristeza y vergüenza. ¡Oh… aún no conocía bien
las fatales consecuencias de esta miserable deformidad…!
M S, Frankestein.
El monstruo ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia de la literatura. La
representación de los seres monstruosos se remonta a la mitología grecolatina clásica a
través de seres antropomorfos dotados de poderes fantásticos, sobre los que se sostienen
las letras occidentales. De esta variedad de personajes destacamos a Medusa, descrita
por Ovidio (Metamorfosis, 2005), que nos habla de una “hermosa doncella”, sacerdotisa
del templo de Atenea que fue violada por Poseidón. Este acontecimiento desencadena la
furia de la diosa, quien transformó los bellos cabellos de la joven en cabeza de serpientes,
condenándola a convertir en piedra a cualquiera que la mirase a los ojos. En la América
Precolombina, la presencia del monstruo está registrada en algunos relatos mitológicos
y en las crónicas del descubrimiento, donde las amazonas o los gigantes de la Patagonia
fueron retratados desde una mirada extraña por sus cualidades extraordinarias.
Estas referencias a la presencia del monstruo en tiempos remotos reejan las historias,
tensiones y singularidades que se han tejido alrededor de este personaje. Seres que
enfrentan estados psicológicos de locura, trances, episodios de pesadillas, muerte,
conversiones antinaturales, posesión demoniaca, espíritus malignos, fantasmas, entre
otros, que se alejan de lo concebido como “normal” en la sociedad. En otras palabras,
la gura del monstruo actúa como un dispositivo de comunicación de los límites
de las ansiedades, repudios y fascinaciones de los imaginarios sociales y culturales
(Canguilhem, 1966) en las diferentes épocas.
Vol. 1, N.° 37, 7-12
https://doi.org/10.18537/puc.37.01.01
I, monster
8Universidad de Cuenca, Ecuador
El monstruo revela la capacidad de variación de los cuerpos, desaando su inteligibilidad
como miembros de una especie, género o clase. No solo reeja los miedos y represiones
de la colectividad, sino que también cuestiona las normas convencionales de lo “humano”
al explorar lo que se calla o no se dice. Al desaar la norma de lo “humano”, el monstruo
arma la potencia inmanente de la vida, resistiéndose a ser regulado según criterios
normativos que buscan controlar y homogeneizar la diversidad de los cuerpos:
el monstruo es, ante todo, relato y, como tal, lenguaje, desarrollo discursivo, imagen,
narrativa. Es también y, sobre todo, soma, corporeidad, zoé y al mismo tiempo bíos,
inmanencia, materia prima vulnerable e inacabada, opera aperta, (id)entidad imposible y
presente, armación en negativo, sustancia en busca de su forma (Moraña, 2017, p. 24).
Desde esta perspectiva benéca, el monstruo no solo representa lo alterno y la otredad,
sino que también encarna un saber positivo que revela la capacidad de los cuerpos
para variar y transformarse de maneras inesperadas, pues “no se trata de una nueva
hegemonía, sino de modicar esta construcción simbólica, descalabrar los límites, hacer
tambalear las clasicaciones, poner en crisis esa idea de normalidad” (Moraña, p. 28).
Desgurado, abyecto, inclasicable y contiguo, el monstruo se constituye como un
verdadero dispositivo cultural; un incómodo artefacto semiótico que pone sobre la mesa
el imaginario social establecido, pues “pensar el monstruo tiene un efecto liberador, abre
compuertas, conecta con zonas especícas de lo social y con áreas amplias y pobladas
del pensamiento crítico” (Moraña, p. 21).
Precisamente, el poder subversivo del monstruo (Rubino, Saxe y Sánchez, 2021) radica en
su capacidad para desaar, cuestionar y desestabilizar las normas, valores y estructuras
establecidas en la sociedad; cuestionar las fronteras establecidas entre lo normal y lo
anormal, lo aceptable y lo inaceptable; desaar las clasicaciones rígidas; y, revelar las
tensiones subyacentes en la construcción social de la realidad.
Esto ya lo dijo Foucault en 1976. El lósofo francés armaba que el monstruo es el
cuerpo físico y simbólico que las sociedades autoritarias desean silenciar, eliminar o
controlar porque es incómodo para el sistema y evidencia su precariedad. Es necesario,
por lo tanto, controlarlo. Un primer mecanismo fue la anatomopolítica (el cuerpo como
máquina), que consiste en educar al cuerpo, para mejorar sus habilidades, explotar sus
límites e incrementar su utilidad y docilidad. A través de distintas prácticas, el cuerpo se
convierte en una máquina eciente al servicio del sistema, que cuenta con la capacidad
de ser regulada y optimizada.La biopolítica (cuerpo-especie), por otra parte, se reere
al cuerpo como soporte de procesos biológicos colectivos, como los nacimientos, la
mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad, a través de una
serie de intervenciones y controles reguladores que buscan gestionar y optimizar la vida
desde diferentes perspectivas. Sin embargo, estas prácticas de disciplina individual que
en un principio buscando el bienestar general de la población, terminan produciendo
biopolíticas que inuyen en cómo los individuos se comportan, mutan, se transforman
o deforman en la sociedad.
La monstruosidad, desde su carácter grotesco y no decorativo, se vuelve parte de la
imagen incómoda que rompe con las ideas preconcebidas. Se trata de situar que lo
“monstruoso es, entonces, contenido desestructurado, signicado sin signicante,
capaz de movilizar y reorientar el pensamiento político” (Moraña, 2017, p. 261), es
decir la capacidad subversiva, para buscar la felicidad y “hacer vivible lo invivible”,
parafraseando a Bolívar Echeverría.
La revista Pucara N.° 37 en la edición de enero-junio presenta una serie de temas que
abordan la temática del monstruo desde diferentes ópticas. Efectivamente, todos los
textos (ensayos, artículos de investigación, creaciones y reseñas) dan cuenta de una
multiplicidad de seres (mujeres, paisajes, migrantes, indígenas, niños, homosexuales,
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Pucara, 2026, 1(37)
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deformes, entre otros) que componen el mosaico humano en sus esencialidades, y la
búsqueda de la visibilidad / felicidad en un entorno violento. Cada autor despliega una
voz que no se ajusta a la normalidad de lo cotidiano en los aspectos social, cultural,
artístico y educativo, sino que se esfuerza por recuperar la palabra, y transmitir su
pensamiento.
En “Cosmovivencias en el fango: El mito del Boto en Brasil y el Trauco en Chile como
existencias anbias” (2026), Dominique González Zamora y Gloria Baigorrotegui
Baigorrotegui abordan dos narrativas orales que se producen en contextos fangosos
marcados por la humedad y la tierra y caracterizados por una existencia “anbia”: el
mito del Boto en Brasil y el Trauco en Chile. El análisis incursiona en estas existencias
anbias en las derivas de los ríos y el agua conduciendo a nuevas formas de comprensión
de la sexualidad y de cuerpos que experimentan deseos diversos. Este aporte desde la
cosmopolítica permite realizar una lectura en clave de dos grupos de relatos orales: uno
de Amazonía y otro de Chiloé, para encontrar puntos de diálogo diferidos, compromisos
y auentes que separan cuerpos; compromisos y saberes de los mundos divergentes.
Es decir, espacios considerados anormales, estriados:
el relato del Boto en la Amazonía como el Trauco en Chiloé son ejemplos potentes de
prácticas de pensamiento que generan una articulación y vínculo con diversos elementos.
Y dan cuenta de cómo la experiencia vivida va metamorfoseando la idea de lo humano
y su relación con otros seres, permitiendo el tránsito también hacia otros universos de
conocimiento. Por otro lado, cómo las derivas de los ríos y las aguas en sus condiciones
ambientales, así como las concepciones culturales religiosas (en el caso de Amazonas,
el ujo africano y en el caso de Chiloé, el sustrato indígena y el “ujo cristiano) van
conduciendo a nuevas formas de comprender la sexualidad, otorgando un carácter
uido, mediado entre el placer y el extrañamiento, el encantamiento y la seducción
consentida (p. 23).
En “Negociaciones con el poder: presencia indígena en tres acciones escénicas del siglo
XVII en la Real Audiencia de Quito” (2026), Andrés Landázuri analiza la presencia y la
función simbólica de los estamentos indígenas en tres acciones escénicas desarrolladas en
la Real Audiencia de Quito durante el siglo XVII. En este estudio, el autor da cuenta de
cómo los festejos españoles fueron absorbidos y acomodados a una versión “indígena”;
una versión periférica del ordenamiento social de la época. Dicho de otra forma,
estas celebraciones en homenaje a los infantes María Eugenia y Baltasar Carlos nos
“servirán de ejemplo para comprender los mecanismos con los que las clases subalternas
participaban de la teatralidad propia de la ritualidad festiva barroca, y cómo utilizaban
también, al igual que los grupos dominantes, los dispositivos de articulación escénica
para elaborar su propio discurso ordenador” (p. 31).
“María de Francia, sus lais y el amor cortés”, de Julio Díaz López (2026) aborda el papel
del amor cortés concebidos como mecanismos de crítica social, reivindicación femenina
y resistencia estética en la Alta Edad Media. El autor se detiene minuciosamente sobre
la poesía sensual, de alabanza a la mujer y el carácter romántico de los Lais, en donde
la mujer estaba sujeta a la obediencia del matrimonio. Sin embargo, el amor cortés la
libera, a pesar de que en la realidad, el marido celoso siempre mantenía a su esposa
encerrada y casi siempre sin contacto con la vida exterior, que no solo se constituye en
una crítica social, sino en la fundación de un linaje literario de resistencia, que entrelaza
la denuncia ética con la belleza poética, “como testimonio de que la literatura puede
ser, simultáneamente, un refugio de lo maravilloso y un arma cargada de futuro; un
espacio donde la valentía de una voz singular siembra, para siempre, semillas de libertad”
(p. 49). Es decir, la poesía, y por extensión el arte, desafía las clasicaciones rígidas y
revela las tensiones subyacentes en la construcción social de la realidad.Estas irrupciones
a la norma permiten una reevaluación de los límites simbólicos y abre la posibilidad
de nuevas formas de entender y organizar la vida social.
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David Loría Araujo (2026) en “Dos lenguas insumisas: la desorganización del cuerpo
bello en cuentos de Lina Meruane y María José Navia”, analiza los relatos “Reptil” y “Sacar
la lengua” de Lina Meruane y María José Navia advierten sobre la domesticación de los
cuerpos femeninos e infantilizados, admitida por un tejido social, donde está presente
la animalidad, la repulsión y la crueldad, sin embargo, subraya el autor, “no hay que
dejar de lado que dichas corporalidades insumisas aparecen en la cción a través de
las palabras, de arreglos y juegos de palabras que desactivan por un momento nuestras
interpretaciones normalizadas de lo bello, lo sano o lo humano, y que están basadas en
relaciones de poder” (p. 61). En consecuencia, desde su constitución multifacética esta
estética monstruosa y esperpéntica provoca un proceso de subversión y reconguración
de la realidad, abriendo la posibilidad de mirar nuevas formas de signicación y
organización social, visibilizando así un constante replanteamiento y renovación de
los límites simbólicos que denen nuestras sociedades.
“Dolores Veintimilla: la esfera pública y la puerta del suicidio” (2026), Tannia Rodríguez,
analiza cómo el desacato por parte de Dolores Veintimilla de Galindo a una norma
tácita de exclusión de las mujeres del espacio público provocó su suicidio en la segunda
mitad del siglo XIX en Cuenca. A partir del análisis de documentos literarios, así como
de fuentes hemerográcas y testimoniales de la época, se examina cómo su intervención
en asuntos públicos fue interpretada como una transgresión al orden de género vigente,
para evidenciar que el castigo simbólico y social recibido por Veintimilla, pues su
gura “encarna así la violencia estructural que enfrentaron las mujeres que desaaron
los límites del orden patriarcal, en una época en que la separación entre lo público y lo
privado estaba férreamente custodiada. Su muerte, lejos de poder ser explicada como
una simple tragedia personal, debe entenderse como el desenlace de un conicto político
y social: el costo de haber reclamado para sí una voz que no le estaba permitida” (p. 69).
Este ser, la mujer-monstruo representa el contrapunto del discurso dominante, un relato
alternativo que nos posibilita desarrollar nuevas maneras de repensar, comprender y
concebir la realidad. En esencia, se trata de ver cómo esta gura traza una forma de ir
más allá, de crear una lógica diferente lo que construye un espacio de resistencia y abre
nuevos horizontes al margen del planteamiento ocial, partiendo del hecho de que lo
reprimido siempre tiende a resurgir.
En “Culpa simbólica, terror fabricado: los signos del gato en el relato de Poe”, (2026)
Jostin Marcillo Reyna y Genoveva Ponce-Naranjo analizan la simbología asociada al
gato en el relato de terror El gato negro de Edgar Allan Poe, su evolución a lo largo de
la historia, y las diferentes imágenes que representan una particular ideología, religión
o creencia: el nombre del gato, su color y la mutilación del ojo; suerte de dispositivo
para construir las habitaciones del crimen y el terror.
Esta transformación involucra una reconguración del imaginario social que parte
de lo cotidiano y llega hasta lo terroríco, desaando las categorías establecidas y las
expectativas culturales. En consecuencia, lo monstruoso invita a una reexión profunda
sobre la naturaleza de la identidad, alteridad y la misma condición humana, ofreciendo
un espejo distorsionado pero revelador de las complejidades y contradicciones inherentes
a la experiencia humana.
En “Escrituras fragmentadas y archivos en ruinas: Simone de Eduardo Lalo”, Miguel
Aillón Valverde (2026) reexiona sobre la importancia de esta obra, desde el problema
de la escritura fragmentaria y su capacidad para tensionar los archivos culturales y
literarios nacionales, a partir de la imagen de migrante. Un sujeto que representa la
transgresión de los límites naturalizados y una “irrupción de las citas como notas al
margen que van menoscabando la textualidad centralizada, tanto de la obra como de la
vida” (p. 87). El archivo deviene monstruo, y este actúa como un agente de subversión,
cuestionando las fronteras establecidas entre lo normal y lo anormal, lo aceptable y lo
inaceptable. La memoria y el olvido.
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María Victoria González y Juan Fernando Auquilla (2026), en “Implementación de un
Taller de diseño de actividades lúdicas para el lenguaje dirigido a docentes en Formación
de Educación Inicial”, busca fortalecer el diseño de actividades lúdicas orientadas a la
comprensión y expresión del lenguaje en las estudiantes de la carrera de Educación
Inicial. A partir de la descripción de los problemas de lectura y escritura en los niveles
inferiores plantea un taller novedoso, cuyo centro constituye el juego, a través del cual
los estudiantes y docentes en formación comprendan que la lectura y la escritura son
fuentes de ingreso al conocimiento.
Algo similar nos comparte Celia Gallardo Herrerías con su “TIC y DUA: Una alianza
para la educación inclusiva” (2026), donde se deja entrever la alianza entre las TIC y el
DUA como herramientas para personalizar y motivar el aprendizaje mediante el uso
de entornos virtuales de aprendizaje (EVA) con diversos modos de representación y
expresión (p. ). Más adelante deja clara la necesidad de políticas para reducir la brecha
digital se destaca como una limitación de la literatura cientíca actual, para mejorar las
oportunidades de una sociedad que vive, aparentemente feliz, en la era digital.
Juan Carlos Astudillo en su “La cadencia y la huella en la poética de Juan Fernando
Auquilla” reseña las voces que atraviesan algunas de las obras del autor cuencano, para
más tarde evidenciar la frescura y la experticia en el tratamiento de la prosa poética
que es digna de subrayar, pero sobre todo leer. Alicia Ortega, crítica de la Universidad
Andina “Simón Bolívar”, nos transmite su emoción (como lectora y crítica) de la
presencia de la memoria colectiva ancestral viva. Efectivamente, su reseña “Rimaycuna.
Murmullos de agua y páramo Camuendo, Camuendo Chico y Loma Kunka Escucha
situada, escritura intergeneracional, cuerpos en diálogo profundo” busca compartir su
experiencia sensorial (sonidos, imágenes, olores) con la naturaleza que se presenta en
cada uno de los relatos como agente activo y pensante.
En la sección de Creación, Eulalia Rodríguez y David Guillén Dután nos entregan dos
textos frescos, atravesados por el palimpsesto y lo fantástico, como algunos recursos
de la literatura. En el primer caso, la presencia del eterno viajero Odiseo, que todavía
no termina en buen puerto, seguramente, porque no ha encontrado al ser amado. Por
su parte, en “El minarete” observo un interesante ejercicio de retomar lugares exóticos,
una fuente inagotable para historias de bucaneros, corsarios y conquistadores.
Desde su fundación, Pucara ha sido la “casa del monstruo”, un espacio fascinante donde
convergen una innúmera cantidad estudiosos de las humanidades y la educación para
dar cuenta de lo que ocurre en la ciudad, el país y América Latina. Un espacio para
jugársela, para pensar y soñar en un mundo mejor, quizás distópico e ilusorio, sin
embargo, esperanzador.
Conicto de intereses: El autor declara no tener conictos de intereses.
© Derechos de autor: Manuel Villavicencio-Quinde, 2026.
© Derechos de autor de la edición: Pucara, 2026.
12 Universidad de Cuenca, Ecuador
Referencias
Aillón Valverde, M. (2026). Escrituras fragmentadas y archivos en ruinas: Simone de Eduardo Lalo. Pucara,
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Díaz López, J. (2026). María de Francia, sus lais y el amor cortés. Pucara, 1(37), 41-50. https://doi.
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Gallardo Herrerías, C. (2026). TIC y DUA: Una alianza para la educación inclusiva. Pucara, 1(37), 106-113.
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González Vargas,M. V., y Auquilla Díaz, J. F. (2026). Implementación de un taller de diseño de actividades
lúdicas para el lenguaje dirigido a docentes en formación de Educación Inicial. Pucara, 1(37),
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González Zamora, D. y Baigorrotegui Baigorrotegui, G. (2026). Cosmovivencias en el fango: El mito del
Boto en Brasil y el Trauco en Chile como existencias anbias. Pucara, 1(37), 14-28. https://doi.
org/10.18537/puc.37.01.02
Guillén-Dután, D. (2026). El minarete. Pucara, 1(37), 124-125. https://doi.org/10.18537/puc.37.01.14
Landázuri, A. (2026). Negociaciones con el poder: presencia indígena en tres acciones escénicas del siglo
XVII en la Real Audiencia de Quito. Pucara, 1(37), 29-40. https://doi.org/10.18537/ puc.37.01.03
Loría Araujo, D. (2026). Dos lenguas insumisas: la desorganización del cuerpo bello en cuentos de Lina
Meruane y María José Navia. Pucara, 1(37), 51-63. https://doi. org/10.18537/puc.37.01.05
Marcillo Reyna, J. y Ponce-Naranjo, G. (2026). Culpa simbólica, terror fabricado: los signos del gato en el
relato de Poe. Pucara, 1(37), 72-82. https://doi.org/10.18537/puc.37.01.07
Moraña, M. (2017). El monstruo como máquina de Guerra. Iberoamericana.
Ortega, A. (2026). Rimaycuna. Murmullos de agua y páramo. Camuendo, Camuendo Chico y Loma Kunka.
Escucha situada, escritura intergeneracional, cuerpos en diálogo profundo. Pucara, 1(37),
118-121. https://doi.org/10.18537/puc.37.01.12
Rodríguez, E. (2026). Dícese err-ante. Pucara, 1(37), 123. https://doi.org/10.18537/puc.37.01.13
Rodríguez, T. E. (2026). Dolores Veintimilla: la esfera pública y la puerta del suicidio. Pucara, 1(37), 64-71.
https://doi.org/10.18537/ puc.37.01.06
Rubino, A. R., Saxe, F., & Sánchez, S. (2021). Lecturas monstruo. Género y disidencia sexual en la cultura
contemporánea. Kamchatka. Revista de análisis cultural., 1. https://saguntum.uv.es/index.php/
kamchatka/article/view/14608